El Espejo

Vi como la mirabas –me dijo– los ojos no engañan –y agregó–: una mosquita muerta cualquiera se parece –Se giró hacia mí– ¿Qué tiene esa que no tengo yo? –He hizo un gesto con sus manos mostrándome todo su cuerpo– ¡¡Hee!! –Y como el silencio se agravó agregó–: una flacucha que ni carne tiene. –Fue cuando me observó y esta vez mantuvo su mirada en mí.
Luego.
–Al menos dime algo –Me golpeó y se fue.