El cofre

Esta historia que paso a relatarles, esta basada en la expedición tras un tesoro la cual forma parte del folclore de “Las siete gargantas del Diablo” situado en “La Isla”. Según relatos de viejos marineros apostados en "La Taberna del Bucanero", los cuales basados en las anotaciones del capitán a la fecha de la desaparición de sus tripulantes, y de él en persona, al parecer el barco se encontraba a la deriva a sotavento de dicho lugar.
Hacía unas tres semanas que "Los Tres Mosqueteros", un bergantín de tres palos se le consideraba perdido. Luego de un temporal anunciado unos días atrás a dicha fecha estimativa, una fragata de Guardia Costera llegó a divisar a lo lejos lo que parecía ser el trinquete mayor y mesana. Cuando la abordaron no existía ni un alma a bordo.
Como dato para el informe. En la bitácora que residía en el camarote de su capitán, una bellamente forrada en cuero, no solamente figuraba cual había sido su trayectoria hasta el momento de su descubrimiento, sino que, la última anotación versaba horas antes del temporal mencionado.

En algún lugar a principios del siglo XX
Unos obreros que extraian guano de una de las Cuevas del Mogote, tropezaron sus palas con un viejo baúl cerrado con un candado en el fondo de un precipicio.
Nuestras vidas de guaneros ha terminado” pensaron emocionados ante el descubrimiento. Lograron abrirlo luego de un largo trabajo comprobando con incredulidad, que habían acabado de encontrar un enorme tesoro pirata, pero he aquí, que éstos fallecieron de una terrible enfermedad.
Luego de ese acontecimiento, el cofre desapareció.

Previos a la excursión.
A causa de una pesadilla la cual motivó que encendiese la luz de la veladora, salté de la cama lo que generó una gota de transpiración corriera por mi mejilla izquierda.
Sigue siendo el hotelucho de mala muerte que alguna vez en mi vida fui a parar” recuerdo haber llegado a pensar.
La habitación que había alquilado tenía por el lado izquierdo de la cama, el aparato lumínico el cual se situaba sobre una mesita de luz descolorida por el paso del tiempo y falta de pintura. Podía visualizarse sobre un muro lateral, una ventana que daba al callejón.
Disponía de un ventilador que funcionaba cuando así lo quería.
A joderse con el ruido”, pensé a continuación.
Lo que más me molestaba, no era tanto el ruido de sus paletas que por instantes se me tornaba eterno, sino el calor. Ese que, pegajoso, hacían de mis únicas pertenencias –una camisa y un pantalón ajado que no conocieran un lavado–, conviviera conmigo durmiendo o despierto.
¿Quién diantre será el inoportuno?”, me dije cuando me había decidido fumarme un porro. Fue cuando decidí abrir la puerta que daba al corredor. El sonido de una radio fuera de sintonía escuchaba proveniente de éste. Estaba dispuesto a cerrarla tratando de sobrellevar lo que quedaba de la noche, cuando me percaté como desde la pieza de al lado hacían el amor una pareja de franceses.
¿Pesadillas…?” llegue a escuchar en perfecto inglés.
El extraño me extendía un porro a través de una abertura en la pared lindera, opuesta a donde los franceses se encontraban. Con el tiempo nos hicimos amigos.
Un día, me pasan un sobre por debajo de la puerta; era del inglés que había fallecido de malaria. En éste, había un mapa el cual mostraba claramente como arribar a una isla, y la ubicación de un cofre escondido.

Contacto.
El capitán del Bergantín, un adinerado buscador de tesoros, le interesó la historia decidiendo ir a “la Isla”. Había logrado contactarme con él a través de un aldeano.

La Isla.
De formación volcánica y montañas que estaba esculpida por un manto perenne de nubes en su parte más elevada, la isla se visualizaba desde el mar, diferenciándose de otras, por su pináculo más alto.
El bergantín fondeo en lo que se denomina “Las siete gargantas del Diablo”, una caleta. Ese término nació del folklore de la isla. Existían siete túneles por debajo de la línea del mar que en conjunto, cuando la marea alta se hacía sentir, sonaban como un coro de ángeles provenientes del mismo averno.
El agua verde turquesa que han caracterizado las zonas bajas del arrecife coralino, en conjunto a lo agreste de la naturaleza, hacía que la playa fuese un edén a vista humana.
Era de naturaleza volcánica e intocable por humano que haya intentado alguna vez pisar la misma. No estaba en ningún mapa conocido. Era simplemente “La isla” a voz populi.


Actividades.
El campamento base se situó en la cabecera de playa. Un grupo de expedicionarios salieron a realizar un estudio de la misma, mientras que otros construyeron el campamento con equipos de alta tecnología. El trabajo se realizó en el lecho del lago interior desviándose el cauce proveniente de la cascada; se construyó un dique para que el agua no entrase a través de “Las siete gargantas del Diablo”.

Y cuando..
Se logró encontrar el famoso cofre luego de una serie de percances que no tenían explicación plausible, como ser: bombas de agua que dejaban de funcionar, magnetómetros que detectaban cualquier cosa menos lo que tenía que detectar, personas que fallecian  sin causa aparente, muchos cayeron enfermos. El capitán enloqueció.

Baang.
¿Un pitido?” Escuché decir al inglés.
Este me extendía un porro. Me lo fumé tranquilamente, mientras mis pensamientos divagaban por sí solos.
¿Nos vamos?
Si
Mi cuerpo comenzó a desdibujarse. Calor, viscosidad. Eso.
Me toqué la cabeza, y fue cuando noté que algo húmedo comienzaba a formarse; mi cien derecha…
Lo último que llegué a recordar fue el cofre adquiriendo un color amarillento por encima de mí; abría y cerraba la tapa como si de una risa se tratase. Fue cuando la luz se apagó. Fracciones de tiempo después, éste desapareció junto con su risa ahogada…