Roger


Sois como el viento que las dunas moldea;
–una, con su vela extendida–.
Sois como el agua que a los cantos, zurrea.

–¡Joder! –Mencionó Roger.
Miró la hora y fue cuando se dio cuenta. Llegaba tarde y para colmo su vehículo se hallaba en el taller; aunque fuere unos arreglos menores, no se lo entregarían pasados unos días.
“Tendré que moverme por el Metro”. –Pensaba para sí.
Desde que recordaba, no había hecho uso de éste; la última vez que accediera, fue cuando  décadas atrás, adquiriera su primer Fiat uno y a partir de ese momento nunca más accedió a ese medio de transporte urbano. El Metro vendría a ser unas líneas de trenes que surcaba de norte a sur y de este a oeste toda la ciudad. Por abajo.
¡¡Por abajo!!
“Odio movilizarme por debajo” cruzaba por su mente cada vez que lo mencionaba.
Tomó fuerzas, respiró hondo y se adentró en sus entrañas, hasta la boletería. Si bien consideraba que ese medio de transporte público era necesario, despotricaba cada vez que tenía que hacer uso de él. El gentío.
¡¡El gentío!!
Esa maraña de individuos que a dicha hora hacía uso del mismo, golpeando, ignorando y siempre apurados. ¡Joder!
Fue cuando la vio.
Sintió que su alma se plegaba ante un excitante deseo palaciego donde el tiempo..
El tiempo parecía como que se hubiera detenido. No se percató del enjambre de almas que iban de un lado a otro, ni siquiera cuando lo zurraban. Estaba inmutable, detenido en medio de una escalera que hasta ella, parecía haber confabulado con el entorno. Con el momento.
Momento que le permitía.. Simplemente llegar a disfrutarla, poseerla. Y todo gracias a “un quedo”.
De pelo castaño, con cierta actitud lasciva al mover su cadera, se le antojó estar presenciando una verdadera deidad.
“No será tan malo el día después de todo”, pensaba.
No se percató del tiempo, ni siquiera que estuviere en medio del andén, si se hallara en la Línea A o la B. Si de su aroma.
¡¡Su aroma!!
Un aroma de pétalos proveniente de un capullo incipiente; uno que despertaba los sentidos. La atracción, fuerza motora que  simplemente hiciera que se lanzase.
Tras ella.
Cual si fuera una gacela se aventuró dentro. Fue cuando él, se expusiera a ese mundo extraño y al mismo tiempo ignorado que pujaba salir, rompiendo así una aspereza fetichista percibida como la llama; cuál fuere lava esta carcomía su interior.
Roger.
Lo que nunca fue.
Eso. Simplemente ser.
Como ser, bueno, sería un entrever pues, todo en él eran espacios divididos recluidos en un contenedor. Uno que gritaba y aunque su corazón bramase, un silente aullido bregaba por salir.
Si. Se podría pensar que era la multitud que abarrotaba el vagón fuera la que lo sitió. Detrás. Detrás de ella.
“Trepa sin límite la tibieza de tu lengua; mi piel declina ante ésta que no mengua. Hábitat que nos musita”.
Un eterno desvarío.
¡¡Ups!!
Hasta el instante en que la viese, su mente y emociones habían sido un rompecabezas. Fue el momento donde una brisa renovadora lograse recaer en su interior tras la simiente de un eterno latido, subyaciendo amodorrada entre reveses de “un prohibido”. Hálito que recitaba fuegos y que inmoral lo registraba. Una que  hiciera que se aventurase, saliendo de un mundo oculto, perdido detrás el pliegue de su alma.
Un airecillo. Uno, que hizo de él, “el levante”.

--- OO ---

“Si mamita.. Candela. Sip”.
Adhiriendo una voltaica razón a la “sin razón”.
“Si papito.. Candela. Sip”.