¡Pero que..!

“¡Vaya frío!  –pensaba–. ¡Caray! No es normal en ésta época del año”.
Fue cuando se acomodó el sobretodo y el sombrero que parecía querer irse por su cuenta a causa del viento que arrechaba esa mañana, que, aunque soleada, era congelante.
“Y no desayuné, ¡maldita sea!”, se dijo. Fue cuando decidió largarse por el parque que estaba a escasas cuadras del Edificio donde tenía su apartamento.
“Caminaré” se dijo como para infundarse de valor.
Conocía un atajo.
Lo usaba cuando iba al trabajo, sobre todo en primavera, la época en que reverdece todo y uno podía disfrutar del cálido sol propio de dicha estación del año.
Fue cuando la vio.
Ya en camino.
En el parque.
Casi  se trastabilló al verla caminar pausadamente, con esa sensualidad propia de una damisela provocante que hace girar hasta el menos osado.
Con un aroma propio de una fémina gustosilla cual cerezos incipientes pasó a su lado; trotaba.
–¡Nena! –Pronunció–. Vestida así has de resfriarte. –Como le ignoró acotó–: ¿Te cobijo?
No fue lo que dijo, sino la manera de expresarse.
Muy dentro, cual fuera una pujanza ósea como escudriñando, forjador de una piel sobre la otra; sus anhelos le carcomían  desde la misma médula. Era una expresión que hacía crujir el alma.
Su alma.
Ella sentía el aire en su cara, en tanto sus ojos se achicaban, aún así trotaba.
Fue cuando..
Viviendo en un mundo de de ilusiones rotas, donde la vida daba un salto entre aquello que ocultaba, y lo que quería ser, es que sintió erizarse su piel.
Ella tropezó y prácticamente fue a dar frente a él; fue cuando se percató de un pezón apoyándose sobre sí.
Fue cuando..
“Siénteme, ruégame, búscame, ámame. –Como brazas atizando, así el desliz de un dedo por el cuello entramando una hoguera y una danza asentada; cual roce de un incauto muslo sobre el otro urdía cierta caricia insolente, una cereza libada saboreaba cual manjar donado -Mujer, no, no”
El otro ocupaba su lugar.
–¡Pelotudo! –le dijo sin parar de trotar– ¡Fíjate por donde vas!
Fue lo que, cual látigo, lo hiciera volver a la realidad.
Del ensueño.
“Hee, hee.. ¡Carajo!”, se dijo a sí mismo.