El entrevistado

–¿A qué aspira quién escribe? –fue cuando tosió–. Verá, por ese entonces estaba convencido..
Quien hablaba se le conocía como “Darkus”. Había sido un reconocido fotógrafo y diseñador gráfico en la ciudad en que vivía, pero el destino le deparaba una sorpresa. Escribir libros.
–Verá, por ese entonces estaba convencido de que si a lo mejor no se me dio por escribir antes, era  porque no sabia que decir, o por que no entendía que podría esperar de lo que pudiere hacer –Se cruzó de piernas; fue cuando fijo su mirada en el locutor que en dicho instante le hacía  la entrevista–; por ese entonces me llegué a cuestionar, aunque para ser sincero, aún hoy lo sigo haciendo sobre ¿qué es lo que deseo para mi obra?
Fue cuando calló.
Fue cuando..
–Interesante cuestionamiento, pero usted logró aún así lograr editar un libro que tuvo su aceptación –El locutor bajó la cabeza y comenzó a revisar sus apuntes–. Mire lo que dice “la Gazeta” en su parte central  –Se escuchó el ruido de pasar las hojas. 
Fue cuando leyó:

“Una fascinante novela de suspenso con excelentes paralelismos 
simbólicos y un ritmo trepidante hasta llegar a un emocionante final”

Fue el instante en que depositase el matutino  asi como con sus gafas de cerca sobre una mesa.
–No le entiendo Darkus. Usted ha sido un reconocido fotógrafo en San Luís, Se le conoce en el medio como diseñador gráfico. Dígame, ¿Qué le llevó a escribir, aparte de los motivos de esos cuestionamientos?
El hombre que hasta ese entonces había sido un silencioso oyente, depositó su cigarrillo encendido en el cenicero.  
–Vera. Isadora, mi mujer.. –Se quedó pensando–. Usted me hace traer cada recuerdos..
–¡Cuéntenos!
–Fue ella la que me inspiró. Había ido por razones de trabajo y algo más a Villa Miseria. No me dejaba de dar lata, era una máquina de hablar. La conocí en un bus en un momento de mi vida que quería estar lo más lejos que pudiese; en el mismísimo infierno si pudiere.
Darkus estaba como ido; se hallaba inmerso en el momento cuando la conociera.
–¿Si  y qué pasó? –Mencionaba el interlocutor como sondeando su mente.
–Me había estado escapando de otro amor; ella iba a Villa Miseria desde la capital cuando el vehiculo en el que ibamos  al cruzar por una saliente, y de bajada, quedase sin frenos.
“Habrá fallecido y se basó en dicho recuerdo para hacer todas las obras literarias que tiene en su poder”, llegó a cruzar por la mente del locutor.
–¿Pero no terminó ahí?
Darkus, que se había quedado extraviado en esos recuerdos acotó:
–No, claro que no señor locutor. Terminé casándome con esa indígena de Centro América. Fue ella mi inspiración para tornarme escritor.
Darkus, aprovechó esa instancia para sorber un trago de agua y continuar:
–Cuando empecé  mis textos siempre me salían oscuros y tristes en contraposición a como son en la actualidad –hizo un gesto como pensativo y luego de un instante agregó–: Fue cuando ese Darkus que se encuentra en mi interior, naciera como tal. El momento en que falleciera ese fotógrafo, ese diseñador, y resucitase el escritor dormido.
Fue cuando encendió otro cigarrillo y el silencio se apoderase de la entrevista. Los ojos de ambos se entrecruzaron. Y en ese silencio cómplice naciera una nueva interrogante.
–Sus trabajos en literatura se consideran una obra en si mismas –el locutor se acomodó sus gafas de leer y citó unas líneas que publicara  El Panfleto Dominical –:

“Concebida con brillantez y escrita con maestría, esta vertiginosa 
novela es todo  un triunfo”.

Dejando el semanario a un costado y mirándolo, fue cuando preguntase:
–¿Consideraría usted que éste trabajo, su última novela,  es una obra literaria?
Darkus tosió, y expresó:
–Vera. Pienso que en general, ya sea triste o jovial, una obra literaria debe aspirar únicamente a la belleza. No importa si haces literatura fantástica o existencialista, mientras lo que escribas, al leerlos, te guste... –Se detuvo un instante para resaltar el contenido de su exposición gestando de esa forma una interrogante como algo cuestionante, a lo que expuso–: Si una obra literaria es bella dígame ¿la belleza, qué es? –Se inclinó y lo miró fijo–. No sé. Pero para mi, si una obra literaria es bella debe ser lo único que realmente importe.
Fue cuando se calló.
Fue cuando se apoyó sobre el respaldar y sorbiera un trago de agua.
Fue cuando lo miró y el silencio se apoderase de la sala donde estaban.
–¿Qué características debe tener un escritor? –preguntó el entrevistador luego de que una sonrisa cruzase por su cara–, una suficiente imaginación, el hecho de conocer lugares y gentes, la capacidad de visualizar y ser un visionario o, ¿es necesario algún talento especial?
–No. Nada de eso. Primero, antes que nada pasa por saber quien puede ser escritor. La mejor forma de no hablar cada cual de un tema distinto, sería aclarando, de que tema vamos a hablar. –Tosió y se aclaró la garganta–. Entonces, ¿qué es para usted un escritor? –Se acomodó de otra forma haciendo que donde se hallaba sentado hiciere ruido–. ¿Es aquel que escribe simplemente o lo hace bien? –Hizo una pausa momentánea –. ¿Diría usted que sería el que  pública o aquel que gana premios importantes y es reconocido por la crítica? Me dirá usted ¿aquel atraviesa las fronteras de su país, si acaso? –Hizo un silencio largo para que recalara su concepto en la psiquis del interlocutor y continuó posteriormente–. ¿Sería acaso, aquel a quien lee mucha gente? –Encendió un cigarrillo, lo saboreó y luego de dos bocanadas agregó– ¿sería acaso aquel que perdura en el tiempo? ¿Quien?
El locutor o tuvo más remedio que reírse.
–Gracias señor Darkus por su tiempo; quedan preguntas pendientes pero ya habrá una segunda vez. Gracias por aceptar la entrevista.
–Gracias a usted por la misma. –Fue entonces cuando lo acompañó a la puerta.