Nido de halcones

Comenzaba a amanecer en el Golfo, aún así la noche persistía. Sobre el horizonte se perfilaba la figura del portaviones. Desde la barandilla de babor de la fragata que lo acompañaba, se le veía como una figura que lentamente iba cobrando vida.
El Sargento Hernández, no dejaba de observarlo cada vez que podía. Era su lugar favorito dentro de la fragata. Cada vez que terminaba su ronda, gustaba de ir allí, fumar un marlboro y estar solo con sus pensamientos. Estando en ello, vislumbró el despegue de dos aviones de caza.
“Ahí van dos F22 Raptor –pensaba-. Fueron diseñados por Lockheed Martin para la USAF durante la guerra fría, para hacer frente y "competir" contra un supuesto caza ruso de última generación que jamás fuera construido.”
Nunca dejaba de maravillarse del poder de ellos.
“Pueden llevar a cabo todo tipo de misiones –se decía a si mismo-. Desde ataque aire/aire, aire/tierra, guerra electrónica, derribar misiles de crucero enemigos, volar largas distancias a velocidades supersónica.”
No dejando de fumar los veía levantar vuelo. En su mente. Pues lo que veía era la estela que surcaba hacia los cielos sobre la costa de Los Emiratos Arabes Unidos.
”Esto es lo último en tecnología –pensaba mientras los observaba-. Evitan todos los sistemas de radar gracias a su tecnología Stealth”
No sólo era acompañado por una fragata, sino por un Barreminas, claro éste último iba delante, muy delante del Portaviones.
“Gringos”, pensó el comandante del submarino iraní.
Adnan había nacido en Shiraz. Hijo de un general iraní y –de haber seguido existiendo–, una princesa persa. Su nombre: Jameela.
Adnan hizo su carrera militar en la Academia Militar de Teherán, de donde se graduó como oficial. Había sido Agregado Militar de la Embajada Iraquí con sede en Washington he invitado en varias ocasiones, a cenas protocolares en la Casa Blanca. Por ese entonces corría el período de Bush hijo.
Hacía tan solo cinco días que habían cerrado el Golfo de Omán, entre por un lado Khasab, en los Emiratos Arabes Unidos y Bandar –e Abbas, en la costa de la República Islamita.
Fue un domingo que se decidió actuar. Fecha patria: La muerte de Jomeini. 
En medio de la celebración nacional se informó al pueblo iraní sobre el cierre del Golfo de Omán. En más de una ocasión El Mossad y su contraparte la CIA habían incursionado en Iran. Operaciones camufladas bajo la apariencia de operaciones no autorizadas. La última vez, antes del cierre, fue en Bushehr, hogar de la Armada y Centro Técnico.
Hasta ese entonces, el petróleo iraní había seguido fluyendo, a pesar de todo el esfuerzo por poner a Irán en una celda petrolera.
No pudieron.
Un grupo conformado por marines americanos e israelitas, habían incursionado en dicho lugar. Procedentes de un submarino apostado a varias millas de dicho centro portuario. Seis seals y tres de Logística e Inteligencia del Estado Hebreo desembarcaron furitivamente, atacando dos fragatas que en ese entonces se hallaban  en reparación a horas de poder zarpar.
Lo que en principio había sido marcar la zona para un eminente ataque, se convirtió rápidamente en ataque literalmente.
En ese proceso fueron muertos dos seals y un israelita. Los otros lograron huir.
Eran lo que estaban esperando.
La oportunidad y momento adecuado para el cierre.
Ya se habían dado situaciones donde uno u otro bando capturasen al otro. No, como en esta magnitud, no como ahora donde dos fragatas iraníes terminaron fondeadas en el puerto.
Si. Se dieron encuentros con los americanos pero eran golpear y huir. Lanchas rápidas pasaban, unas ráfagas de uno u otro lado y seguían el curso de los acontecimientos. Los petroleros proseguían su curso a través del Golfo de Omán.
Ahora ya no.
Cinco días de eso.
Los F22 Raptor surcaban los cielos. Obama era de nuevo el presidente de los estadounidenses. Su última campaña se vio bajo la sombra de una inminente guerra. No alcanzó Irak, Afganistán. No. Se necesitaban más, ya que había que acallar la opinión del pueblo americano. Silenciar, y si había que inventar un nuevo conflicto, pues un nuevo surgiría. Y fue lo que aconteció.
El malo ahora: Irán.
Los buenos: Los Estados Unidos de Norteamerica y Compañia.
Uno de los puntos de la campaña electoral había sido ¿Qué hacemos con los iraníes?
Ahora ya sabían.
Hacía tres, que Teherán recibía la visita de los tomahawk. Dos misiles lograron su cometido entre la marea de antimisiles que habían instrumentado los estadounidenses. Sólo dos. Uno en Jerusalén, otro en Dubai.
Nuevo armamento.
Nueva tecnología.
Otras tácticas mismos halcones.
“Gringos”, pensó el comandante del submarino irani y se preparó a atacar.