¡General!

“Mierda”, pensó para si el Secretario de Defensa americano.
Sobre el escritorio descansaba unos documentos considerados confidenciales.
“Tendré que decirle al Presidente –meditaba– éstos, los de la CIA parecen unos ineptos.”
Washington se despertaba luego de una noche intensa. Obama lanzaba oficialmente su campaña por la reelección en los comicios de fin de año;  el FBI presionaba a las principales compañías de Internet para que le permitiesen vigilar toda comunicación personal en la Red, y por si no fuere poco, estaba ese tema de esos comunistas haciéndose llamar: Activistas de Wall Street.
Ese era el contexto.
Ese era el panorama.
Claro que lo de Wall Street no era para estar pregonando a los cuatro vientos. Unas horas atrás, había sido llamado de urgencia por el Pentágono.
Fue ahí que se enteró.
–De ser cierto esto que tengo en mis manos –pronunció–, tendré que ir en persona ante el Presidente. –Y para recalcar aún más el contenido de sus palabras, enfatizó–: Y usted me acompañará.
El gesto con su dedo fue de lo más elocuente. El General de cuatro estrellas palideció, aunque no lo demostró.
Sólo hizo un gesto afirmativo.
–Antes  de ello –ya con un tono más calmo–. Repítame.. –Hizo una pausa como pensando–: ¿Qué sucedió?
–Como le adelantara Señor Secretario –le respondió con ese tono propio de los oriundos de Alabama–, recibimos un mensaje cifrado del Despacho del Comandante de la Quinta Flota apostada en el Golfo Pérsico. –Miró de reojo la señal del satélite y  enseguida a los ojos de su interlocutor–: El informe entró a la órbita de mi despacho a las 0130. Entenderá que..
El Secretario no lo dejó proseguir.
–A esa hora yo estaba con el Presidente –le dijo al General que recibiera el informe–. Una cena iniciando su campaña electoral. Y usted aquí durmiendo, apuesto que si.
–No Señor Secretario. –iba a continuar, pero se callo.
“¿Cómo le explicamos en que nos metimos?”; pensó, pero se contuvo.
–Se demoró en descifrar –y acotó–: Teníamos que corroborar las fuentes, –al ver los ojos del Secretario de Defensa sobre él, taratmudó, aún así continuó–:  Por informes de inteligencia, el Mossad, Irán podía elaborar una bomba atómica en 60 días. Vea usted..
–Si. Eso es lo que leí –le cortó el Secretario–, cuando venía en helicóptero para aquí –haciéndolo callar nuevamente. El militar de alto rango lo quedó mirando en pie–: Verá General, usted me saca de la Casa Blanca, me pasa un informe escueto, me dice que Irán estaría en condiciones de construir bombas nucleares y..
El General hizo un gesto como diciendo: “Si me permite Señor Secretario” pero fue callado con un ademán.
–¡No me corte! –Asevero–. Usted bien sabe que eso no puede ser cierto, fuentes de la CIA apuntan a lo contrario.
El General se encontraba inquieto.
–Usted sabe como yo –le espetó el Secretario de la Defensa–, que ese informe no es válido. Militares nuestros al servicio de la CIA corroboraron lo que el Secretario de la ONU informó. Esos mismos militares vestidos de civil fueron a Irán, cuando dicho país abrió las puertas para que corroborásemos o desmintiéramos que su propuesta nuclear es netamente pacífica. –Fue cuando lo miró, cuestionando dicho informe y molesto por haber salido tan apresuradamente.
–Señor Secretario de Defensa –mencionó éste, no estando acostumbrado a que dar explicaciones–: No lo hice venir por que si. Si me permite..
El Secretario de Defensa estadounidense hizo un gesto con las manos que se podía catalogar como: “continúe”.
–Señor Secretario. Esos informes eran cuando estábamos.. –se calló un momento, sorbió un poco de agua y para dar énfasis a lo que tenía que decir–: Desplegando nuestras tropas por el Golfo Pérsico, los cuales están sujetas a la ley internacional, que garantiza a nuestras naves el derecho de tránsito.
El Secretario de Defensa se quedo duro mirándolo.
–Le escucho.
El General le mostraba un informe recién llegado a través de un enlace cifrado procedente de la Quinta Flota y El Pentágono. Dos días atrás, se procedió a hacer una incursión “no autorizada” sobre territorio iraní. Del informe se desprendía el trabajo de científicos persas en un reactor nuclear en proceso. Asimismo un video sobre la operativa.
–¿Usted me esta diciendo General –Su interlocutor se puso de pie incrédulo–: que nuestros  informes, los recavados por Inteligencia, no son fidedignos? –Y para reafirmar lo que preguntaba, apoyó los nudillos sobre la mesa fijando los ojos sobre éste–: ¿Es cierto o no, General? ¡Conteste!
–No Señor. Sólo incompletos.
El Secretario lo miró. Una mirada que no trasmitía nada.
–¿Me esta diciendo que debo informar al Señor Presidente de que Irán..
–Positivo. –dijo cortándole la pregunta.
El Secretario se levantó dio unos pasos y:
–Voy a necesitar más bases que ésta para..
Fue cuando lo miró.
Fue cuando desistió.
–General –dijo–, usted me va a acompañar y le va a decir al Señor Presidente lo que me acaba de notificar.
–A la orden Señor Secretario.
“Pero, que manga de ineptos –pensaba para si–, veremos que explicación le dará al Presidente”
“Coños –pensamiento que por supuesto, no iba a ser público–. Y éste es un militar de cuatro estrellas.”


-- 00 --



61 días después.
Despacho de Reuters
Explosión nuclear en el Golfo Pérsico. El USS STENNIS  se vaporizó estando en patrulla en la costa de los  Emiratos Arabes Unidos. Ampliaremos.

En Washington, fuera de la órbita del Pentágono. En esa fecha.
“Yo le dije al Secretario de la Defensa –Pensaba el militar–, informé al Presidente Obama. No me hicieron caso y me movilizaron”
El General acababa de dejar a un lado la nota de Reuters, miraba a través de la ventana de su nuevo despacho; un helicóptero venía en camino.