Sois

Sois como el viento que las dunas moldea;
–una, con su vela extendida–.
Sois como el agua que a los cantos, zurrea.

Sois bramido que puja y se regordea
entre la audacia acongogida
y una gracia rea.

–Sois rea–.

Sois entre vitrea
y lastimera; endurecida
roca, –pujante–, al igual que majadea.

Sois como el agua; a los cántaros zurrea.
La que siendo acero, –ella–, oxida.
Sois como el viento que a las dunas moldea.

Otto

–¿Alguna novedad para mi? –dijo al llegar al la Clínica.
La recepcionista, una mujer de mediana edad, elegante en su porte levantó la vista de lo que estaba haciendo, y lo miró.
–Hola doctor –respondió–; los doctores Estefanell y Márquez desean hablar con usted.
–Bien. –Rubinstein propinó dos golpecitos sobre su mesa y se giro hacia la Sala de Reuniones, no sin antes decirle–: ¡Gracias!
“Cuanto hace que no me aparecía por aquí –se dijo–, ¿con qué me encontraré?”
Hizo un ademán con su mano como queriéndose sacar ese pensamiento de su cabeza y acotó para si mismo: “Veremos”
Cuando llegó se detuvo un instante, contó hasta tres, y luego golpeó la puerta que daba a la Sala de los Galenos: la de consultas.
–Adelante –escuchó decir.
“Veamos”, se dijo para si y entró.
El Doctor Estefanell había sido el primero en llegar. Era un hombre de contextura atlética, de mediana edad el cual poseía una especialización en traumatología forense.
Le siguió unos minutos después el Doctor Márquez siendo el último en arribar: Rubinstein.
Los dos primeros habían estado dialogando sobre el caso que tenían entre manos.
Márquez era un hombre pequeño, de pelo morocho y desgarbado. Se había especializado en una asignatura conocida como: diagnóstico psico-forense.
Una reciente especialidad.
–¿Cómo está Doctor? –Estefanell le dijo al tiempo que se estrechaban las manos–. Soy el Doctor Estefanell y le presento a mi colega, el Doctor Márquez.
Hizo un gesto para que se acomodara.
–Un gusto conocerlo –agregó Márquez extendiéndole la mano–, queremos cotejar nuestras impresiones con usted sobre un caso que tenemos en estudio –adujo.
–Bien.
–El caso –dijo Estefanell–, es sobre un paciente que se llama Otto –y rebuscando entre los informes clínicos dijo–: un hombre que al momento en cuestión que arribó tenía unos sesenta y tantos años, de buena contextura.
–Trabajaba como costumbre en el Minimarquet de la Estación de Servicio Shell en la frontera con la República Checa, sobre la autopista que conecta Hamburgo con Dresden –agregó Márquez.
Estefanell lo observo como diciendo: “estoy hablando”, pero dejo que Márquez acotara.
Rubinsteín escuchaba lo que decían y cada tanto hacía un gesto de asentimiento.
–Ya se había cumplido prácticamente el doble horario que tenía asignado en su trabajo –prosiguió–, hacía el recuento de caja y se quería ir a su casa.
Estefanell, hacía un reconto de la historia del paciente.
–Por ese entonces, caía nieve y abundante –complementó Márquez con los dedos encruzados apoyados sobre la mesa que había en la Sala–. Fue cuando llegaron.
–¿Quiénes?
–Dos individuos procedentes de Nassau –terminó la pregunta Estefanell. Márquez observaba–. El instinto le hizo desconfiar pero sólo logró eso. Aún así, oprimió el botón que tenía debajo del mostrador: una alarma silenciosa.
Márquez asentía.
–Fue el momento que una escopeta de caño recortado se posesionó frente a sus ojos –complementó la explicación de su colega. Estefanell hizo un gesto de concordancia.
–Entiendo –asintió Rubinstein– pero, ¿cómo es que terminó en la Clínica?
Y acercó su torso sobre la mesa directamente mirando hacia sus colegas.
–¿Es qué terminó muerto?
Los hombres que tenía delante se miraron un instante y volcaron la vista hacía el invitado, Rubinstein.
Se tomaron su tiempo en responder.
–Según lo que se extrae del parte policial.. –la frase quedó inconclusa.
–Si... –Rubinsteín le hacía un gesto con la mano como diciendo:”Prosiga, lo escucho”.
–Según lo que se extrae del parte policial –prosiguió la frase cortada de Estefanell–, prendieron fuego la estación de gasolina, no sin antes robarle el dinero. –Concluyó Márquez–. Lo mataron para robarle la recaudación.
–Entonces se halla aquí? –dijo el invitado–. Su alma..
El silencio se apoderó de la Sala acayando todo eco de las palabras.
–Su alma.. –Ahora repitió, ya con un tono más contundente: ¿su alma se halla reposando aquí?
–Si –Contestaron al unísono.
–Pero.. –expresaba gesticulando Rubinstein–. ¿Qué queréis exactamente de mi?
Y ya los miraba directamente a sus ojos; fue cuando se recostó sobre el respaldar del sillón.
–Venga.
En medio de colinas verdes y praderas ondulantes descansaba Otto, debajo de la sombra de un gran Ciprés.
El alemán de unos sesenta y tantos años descansaba leyendo un libro. Sobre él, unas hadas movían las hojas del mismo cada tanto y cantaban acompañadas de una melodía de Strauss.
–Buen trabajo señores.
Rubinstein comenzaba a desvanecerse del lugar paulatinamente a medida que el sueño cobraba vida.                        
       

Sentida piel

Vuestro hábito: hielo; vuestra esencia: fuego.

Sentid el crujid de vuestra alma, -su pliego-,
esa arruga que reclama
un excitante deseo palaciego.

Un silente jadeo, -que siendo amargo-,
ciñe vuestra abrumada alma;
-en dolida calma-
bregó.

Trasiego.

Un ruego
en fijada calma
que por tus labios, -os- reclama
en silente jadeo, cual fuere fuego.

Un excitante deseo palaciego
-esa arruga que reclama-,
sentir el crujir de vuestra alma. Su pliego.

Vuestra esencia: fuego; vuestro hábito: hielo.

Eterno desvarío

Sois la simiente del eterno latido
subyaciendo, amodorrada
entre reveses de un prohibido.

Sois cual mezcla de amor asumido
con una antipatía bregada
que aún apreciada,
haya huido.

Sois mi nido.

Nido ido.
Donde tu luz da
entre reveses de un prohibido.

Sois mi simiente; cual eterno desvaído.

In Time

“In time” un film de quien dirigiera “Gattaca” cuando corría el año 1997, “Lord of War” año 2005, el director Andrew Niccol. Un film futurista donde el tiempo es la moneda. Moneda para transacciones, moenda para vivir o morir, donde el dinero ya no existe. Es el reloj biológico el que esta en la mesa de póquer. Uno compra tiempo, lo trafica o lo roba.
“In time” nos muestra una Sociedad consumista, protectora, policial y sobretodo jugada a los intereses de los mas poderosos. Una sociedad donde la vida tiene un tiempo finito, no el natural, sino uno artificial. Donde si se tiene verdadero poder, puede vivir siglos manteniéndose joven, de hecho unos 25 años. Pero si eres un individuo simple de pocos recursos, su tiempo será el asignado por un Controlador  que agrega o quita el periodo asignado por defecto. Le asignan el período de vida ya siendo bebes.
 

Una Sociedad donde la corrupción esta metida dentro de su médula. Si sabes moverte, puedes comprar, o jugar tu vida por una cantidad de tiempo extra.
“In time” describe una efectiva alegoría económica que podría convertirse en grito de guerra para el movimiento Occupy Wall Street.
Aquí en el filme no se destaca el tono verde como en “Matrix”, y de las que hacen que el tiempo nos vuelva locos al igual que hizo con Tom Cruise en “Minority Report”. 


Este film se destaca sobre otros de clara tendencia hacia el control de la natalidad. Aborda aspectos darwinistas o la ingeniería genética, introducidos en una sociedad futurista que vive ahogada por el dominio de unos pocos, son usados como medio para denunciar los abusos de poder, las injusticias sociales y para cuestionar a un sistema que lleva décadas patas arriba.
Andrew Niccol (que regresa a la dirección tras años de ausencia), elabora un argumento que durante sus 30 primeros minutos resulta original, interesante y emocionante y en el que nos introduce en una sociedad distópica, visualmente atractiva, donde el dinero ya no importa, sino en la que los seres humanos tendrán que trabajar, robar o matar para conseguir unos segundos más de vida.    


Quien guste de Justin Timberlake,  Amanda Seyfried disfrutarán el filme, un filme donde los personajes que encarnan,  opuestos en su crianza se verán unidos. Lo que empieza como una especie de “La fuga de Logan” acaba convirtiéndose en una mezcla entre “Bonnie & Clyde” y “Robin Hood” con mucha persecución y mucho (demasiado) intercambio/robo/regalo de minutos por medio, perdiendo un poco el rumbo y sin terminar de pulir muchas de las buenas ideas que plantea ni profundizar en el pilar de la trama.


Vemos a Justin Timberlake, el guionista de “Happy Feet Two Opening Medley") Will Salas, un trabajador que vive el día a día sin preocupaciones apostando y robando minutos a los demás. Por otro lado, en contrapartida apreciamos a Amanda Seyfried, quien actuara en Clhoe, la que actualmente esta desarrollando una post producción titulada “Lovelace”, en “In Time” desarrolla el papel de niña rica que se enamora del pobre y apuesto Salas. En “In time” representa a Sylvia Weis.
 
 Si por un lado tenemos el mundo visto minuto a minuto en la figura de Salas, representando a la Sociedad mayoritariamente, encontramos en Philips Weiss, el padre de Sylvia el millonario que vive gracias al poder de un tiempo inmortal. Philips Weiss es interpretado por el actor Vincent Kartheiser quien hiciera de Connor en “Angel” Serie televisiva. Representó la voz de Ezekiel en “Rango” el año pasado.
El padre de Sylvia Weis tambien es representado por el actor Cillian Murphy interpretando la figura de Raymond Leon. Murphy quien actuara como Jim en “28 Days Later” en el año 2002 también representó a Edward Dillinger en “TRON: Legacy” el año 2010.

 Esta película de la más pura ciencia ficción la podemos asimilar como relato social en su mensaje, pues muestra  errores que se comenten continuamente en la sociedad que habitamos.

Anhelo minado

Fuego que minaba
las entrañas carcomidas
con vehemencia, mismo inclemencia;
volcán, el cual corroídas
con lava lavaba.

Anhelo que daba
a afligidas
pujas; -él-, surcaba.

Cual fuego, cavaba
sus ansias siendo tupidas
de codicia así como, turgencia
-cuyas inclemencias-, ansías.
Fulgor que os turbaba.

Calor que abordaba
tus ansias de ser tupidas
que con vehemencia, os fraccionaba.

Con vehemencia -o bien-, sin clemencia.

The Descendants


“The Descendants” un filme dirigido por Alexander Payne, quien escribiere en el año 2001 “Jurassic Park III” es el que traigo hoy como comentario. Un filme hecho para un George Clooney maduro, veterano.
Trata de la familia King y su futuro, así como el tema de la eutanasia. George Clooney, quien representase al  Capt. Charles Bosche en “The Thin Red Line” corriendo el año 1998, mismo a Matt Kowalsky en una post-producción titulada “Gravity” en el corriente año, interpreta el papel de Matt King en “The Descendants”.
Matt King un empresario que ha vivido toda su vida en Hawai, ahora posee el fideicomiso de una parcela virgen en dicho archipiélago el cual deberá decidir o vender o deshacerse del fideicomiso mismo.

Matt, proveniente de un largo linaje deberá afrontar dicha decisión presionado por unos familiares, numerosos por cierto, y con intereses variados. Aborda el tema trillado ya de por si, no haciéndole honor a la fama de Clooney como actor. Eso por un lado.
Por otro, tenemos el tema de: ¿Qué hacer con su esposa Elizabeth?
Elizabeth King interpretado por la actriz Patricia Hastie, quien hiciere el papel Patti Hastie (suplente) en “Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull” en el año 2008, hace el rol de la esposa de Matt en “The Descendants”
  Elizabeth, se halla postrada en la cama de un hospital en Hawai, en estado de coma a consecuencia de un accidente que tuviere cuando hacía sky en aguas del océano pacífico.
Encontramos en George Clooney un Matt King dividido entre por un lado las culpas sobre la no atención como debiere hacia con su esposa, como así con sus dos hijas, o, si vender o no vender la única parcela virgen en todo el archipiélago hawaiano que aunque recibieren una suma considerable de dinero, la familia ya no es la que era antes. Y se perdería lo único de valor que poseen.


Vemos a la adolescente Amara Millar, que recién se inicia en la vida cinematográfica actuando en el filme como la hija menor de Matt, Scottie, rebelde con problemas en el colegio, y a Shailene Woodley representando a la hija mayor, Alexandra King, que no trata a su padre en años. Bueno, él tampoco se ha preocupado mucho sobre relacionarse con ellas.
Por otro lado, su esposa, Elizabeth, que luego descubre que le ha sido infiel. Aquí se ve un aspecto de comedia en  lo que hasta el momento se ha ido desarrollando como drama. Elizabeth ha tenido encuentros amorosos con un vendedor de propiedades que ésta interesado más en sacar provecho de esa transacción de tierras que en Elizabeth. Me refiero a Brian Speer. Brian Speer esta representado en el filme por el actor Matthew Lillard, quien hiciere el papel de Jack en “House M.D” primer episodio de la serie televisiva del año pasado. Actualmente esta realizando una post producción prevista para el año que viene de nombre “Deep Dark Canyon”. En dicho filme interpretaría el papel de Jack Cavanaugh.
Y por supuesto están los primos y los tíos, más interesados en lo que sacarían de la venta que en otra cosa.
En si, el film no tiene mucho: la venta o no de una parcela que heredaron de familiares que vivieron hace unos siglos atrás y la infidelidad de su esposa. Cosa que se viene a descubrir ya cuando tiene que arreglárselas con sus hijas que buscan su atención de distintas maneras teniendo a su esposa en el    hospital. Si. Y aquí hay algo interesante por lo que abro un paréntesis, Que es el manejo de esa infidelidad por parte de Matt y la confrontación con Brian.


Otro punto a favor es el papel que desempeña el actor Nick Krause, haciendo el papel de Sid, el novio de su hija mayor. Krause ha desempeñado algunos papeles como ser: Nigel en “How to Eat Fried Worms” en el año 2006 o Nicholas Krause en “ExTerminators” en  el 2009.
Y lo que es interesante del film es que usa la figura de George Clooney actor para de alguna manera patrocinar la vida fílmica tanto de Amara Millar,  Shailene Woodley, como a éste último actor que casi no tiene mucha vida en el ámbito cinematográfico como así, Nicholas Krause.

 Bueno, para ser sincero Amara Millar por la edad no tiene casi nada de experiencia cinematográfica, pero si demostró sus dotes como actriz tempranera en “The Descendants”.

Afrodita

¡Me matas nena! –pronunció haciendo el amor– y murió.



Chateando

La pieza no poseía nada distintivo, como una ventana, un cuadro adosado a la pared. Nada, a excepción de una puerta.
Vació total: su característica.
Anonadina.
–¡Hey! ¿Qué es éste lugar? –preguntó el visitante–. ¿Tuyo?
Marcos, era un adolescente que no llegaba a cumplir los 17 años, flaco, un tanto desgarbado. Observaba la pieza, en tanto caminaba a través de  ella.
“Es nuevo el sitio”, pensaba para si.
–Si –recibió como repuesta–. La acabo de abrir –se giró hacia su visitante y luego dijo–: todavía no se que uso darle.
Andrés, no tendría más de 18 años, también delgado, pelirrojo.
Su dueño.
“Bueno, aquí estoy”, había estado pensando.
Tanto él como Marcos se ubicaron en el centro y comenzaron a mirarla. La sala no decía nada: No tenía nada distintivo, hasta su puerta tenía el color de la pared.
–¿Eres nuevo en esto? –mencionó–, digo, porque nunca te había visto por este lugar.
“Que raro se siente ver la sala así –era un pensamiento recurrente desde que había arribado–, ¡vacía!
–Si –respondió sin mirarlo, dándole la espalda en tanto miraba su diseño–, ¿Qué piensas? –fue cuando se detuvo en sus ojos. Se giró.
–Le tienes que poner muebles, pintar un poco –dijo su vistante, Marcos–, no se.. dependerá el uso que quieras darle.
Andrés se dio vuelta sobre si, mirando las paredes, el piso, el techo
–Talvez una ventana allí –Marcos le señaló una pared–, un artefacto lumínico en el techo..
–Un desván allá –escucharon decir.
Ambos se dieron vuelta, y observaron; una adolescente que acababa de arribar pero había tenido tiempo para escuchar las últimas palabras entre ambos.
–Por cierto, me llamo Ana.
–Yo Marcos
–Y yo Andrés, bienvenida.
–¿estas mucho en el sitio? –mencionó Andrés; Marcos se había distanciado y comenzado a tocar el relieve de la pared.
Y se giró luego de saludarla.
–Si. Se puede decir que yo vivo aquí –respondió Ana y comenzaba a dar sus primeros pasos por la sala vacía–, necesitas muebles –acotó.
–Es lo que yo le decía recién –mencionó Marcos, tendiéndole la mano–, necesita ser rellenado –y se giró hacia su dueño y preguntó: ¿Andrés, que utilidad piensas darle a tu sala?
“Tengo una sala de Chat”, se decía hacia si mismo. Acabo de abrirla”
Fue cuando se giró.
–No se, acabo de abrirla y ustedes son mis primeros visitantes –adujo–. Quizás.. ¿una sala privada? –y los miró–: ¿qué  piensan?
Ana lo desvió y camino hasta el centro, se giro y observó. Marcos y Andrés se quedaron juntos. La miraban hacer.
–No se –dijo– ¿privada? ¿Y que función cumpliría una sala privada? –fue cuando sus ojos se posaron en ellos.
“Humm..” –dijo para si Andrés–, buena pregunta”
Marcos observaba la escena.
–En principio –dijo para que los escucharan–, una sala donde podamos conocernos, opinar e intercambiar ideas –a lo que agregó ya mirando a ambos de cerca: conocernos, luego se verá. –y concluyó: Luego si se da el caso de modificar algo, lo pondríamos a consideración. ¿Estáis de acuerdo?
–Vale –dijo Ana.
–Bien –Respondió Marcos–, ¿pero si has de hacerla privada te convendría ponerle seguridad?
–¿Seguridad?
–Si –acotó Ana– los internautas acostumbramos a ir de aquí y de allá y si no tuviera seguridad.. –fue cuando ella lo miró: lo que dijéramos en la Sala, no sería tan privado, ¿no crees? –Los cuerpos de ella y Andrés, su dueño, casi se entrechocaron.
–Por cierto, si la Sala ha de seguir abierta –acotó Marcos– habrá que ponerle un nombre.
Andrés lo quedó mirando: “tiene razón”, pensó.
–¿Qué les parece “Los chicos del interior” –Mencionó locuazmente Ana– yo soy habitué de “Las Chicas de Alejandría” –y se detuvo un momento y en ello quedó.
“¡Que bien! –Se decía para si Andrés, su dueño–, hace apenas unos minutos no sabía que haría aquí y ahora no sólo soy dueño de una Sala sino que tiene una aplicación gracias a éstos visitantes”
–Humm  –se dio vuelta por la sala y se detuvo ante ellos–: ¿alguien de ustedes sabe de seguridad?
–Yo –Dijo Marcos. Soy estudiante de Ingeniería
–Yo algo. Soy estudiante de Arquitectura.
–Bien –y los miró–Marcos me has de ayudar con eso de la Seguridad –y la miró a Ana–: esta bien “Los Chicos Sanduceros” me parece bien Ana.
–¿Y la clave? –dijo ella–: ¿Cuál sería?
“¿Clave? –Se preguntó Andrés– ¡Cuánto me falta aprender!
Meditando un instante los observó y luego respondió:
–Paysandú ¿Qué os parece?
–Vale –acotaron ambos
–La próxima vez que nos encontremos estará el sistema de seguridad instalado, acuérdense de la clave. – y antes de irse acotó: ¡No entrarán!
–Si –recibió como repuesta, quedando solo en medio de la Sala.
“Se puede poner interesante” pensaba para si.. 

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–Pero que carajo –escuchaba decir Andrés–. ¡Tu hijo es un holgazán!
“Siempre con esa computadora encima” su padrastro pensaba.

Santiago, trabajaba como Jefe de calidad en una empresa siderúrgica. Con sólo apenas 40 años estaba a cargo de la Planta ubicada en las periferias de la ciudad, la que daba hacia el oeste.
–Y vos sos un alcohólico de mierda –mencionaba su esposa Andrea –. Aduciendo que tienes mucho trabajo siempre venís tarde –y para reafirmarse apoyó sus nudillos sobre la mesa de madera que estaba en la cocina. Lo miro, fue cuando le dijo–: ¡Se que andás con esa otra!
Los ojos de su esposa estaban inyectados de sangre. Su presión arterial se había disparado. El sopapo no demoró en hacerse sentir.
Andrea cayo de costado, entre el lavarropas que estaba debajo de la mesada y la heladera; un hilo de sangre comenzaba a brotar de su boca. Intentó levantarse más no pudo; sus piernas le flaqueaban.
–¡Pero si serás cabrón! –atinó a decir, al tiempo que tanteaba como safarse de su marido.
–No es lo que estas pensando –La levantó y la volvió a acostar de un sopapo–. Si te referís a Irene, es la Secretaria del Jefe. Son muchas las veces que debo hablar de trabajo con ella.
“Siempre que vengo, ella esta durmiendo –el pensamiento pasaba raudo como un río que fluía veloz–, y ese crio..”
–Tu hijo es un vago –acotó.
Ahora el sopapo provino de ella.
–No te metas con Andrés.
“Mierda con el mocoso” se dijo para si. Fue cuando Santiago de un golpe se retiró del lugar.
Andrés asomaba su cabeza, y comenzaba a limpiarle las heridas que le hubiere propiciado su padrastro. Abrazaba a su madre que lloraba.


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–Bueno, ¿qué les parece ahora? –expreso Andrés–, ¿os gusta?
Muy seguro de si se les miraba a los ojos y cada tanto se desviaba a hacia la Sala.
–¡Que cambio! –dijo Ana al tiempo que giraba sobre si, mirando el trabajo logrado–. Muy bien.
–Gracias a la ayuda de Marcos –acotó–, la seguridad. El interior fue idea mía –Miraba su obra como si fuera su hijo pródigo.
Unos almohadones sobre el piso, en una esquina; una mesa ratona rectangular en el centro con varios más a su alrededor; una lámpara de pie en otra esquina y los colores.. éstos, le daban sensación de profundad.
–Trabajas en diseño por casualidad? –Dijo Ana.
–No. Soy psicólogo –respondió alegremente–. Podríamos hablar de nuestros problemas, sería su uso, ¿qué opináis?
–Mis padres me dice que me pasó todo el día con Internet –mencionó Marcos– que no tengo amigos..
–¿Y si hablamos de ello? –Andrés abrazando a Marcos lo invitó a sentarse, fue cuando mirando a Ana acotó–: Este es un buen lugar Marcos, habemos de nuestros padres.
–Si –dijo ella–. Hablemos de nuestros padres –y se dispuso a sentarse y escuchar lo que Marcos tenía que decir.