Vicky

–¿Es eso posible tío? Tú eres el bendito experto. ¿Puede alguien cambiarle la vida tan de repente?
Ricky tampoco contestó esta vez, pero la pregunta resonó en su  interior. Días atrás, Vicky, había sido una adolescente más. Era extrovertida, poseía muchos amigos, y estaba bien conceptualizada en el colegio.
Había ido a los casilleros que estaban dispuestos en el largo corredor, el único que tenía ese Centro Estudiantil. Lo que encontró en él, la dejo estupefacta.
–¿Qué pasó? –Ricky preguntó sin rodeos.
–Alguien le dejó una felicitación en el casillero. Ya sabes, una de esas bonitas tarjetas sensibleras y nada originales, de tamaño gigante, que venden en cualquier centro comercial. Todavía…
Su tío se movió incomodo en el asiento.
–Esto es lo que te haré pequeña –rezaba en una pulcra frase que acotaba: te gustará y pedirás más.
La tarjeta poseía una foto donde un hombre sodomizaba a una niña. Cerraba la frase con una firma: “Frank”.
–¿Conoces alguien así tío?
“Fernández”, pensó, en medio del silencio que se acento entre ambos.
La adolescente apenas cumplía doce años cuando eso. De ello, había transcurrido una semana  y Vicky no quería salir ni a la calle siquiera.
–No. Tengo que colgar.
–Pero...
Tras de la conversación Ricky  quedó callado y sentado.
“Lo mataré –pensó–. En absoluto. No parece cosa suya. Es inofensivo de verdad. Solo irritante.”
Se preguntó si su sobrino hubiere percibido la mentira en su voz. Lo dudaba.