¡Niña!

–¡Nena! –Pronuncié–.Vestida así has de resfriarte. –Como me ignoró acoté–: ¿Te cobijo?
Era una mañana fresca cuando la vi.
Atinaba a pasar por la puerta de su edificio de apartamentos cuando me dirigía hacia mi trabajo. Ella se encontraba inclinada dejando entrever parte de su busto. Vestía una bata de dormir.
El motivo era claro: se disponía a coger el matutino que hacía poco le habían dejado a la vera del zaguán.