Mohamar

Quién domina este territorio, domina la región”, pensó Mohamar.
El hombre observaba mediante vinculares el desplazamiento de los israelitas a través de Los Altos del Golán y su riqueza más codiciada: El agua.
No recordaba desde cuando, pero sabía que hacia mucho que sucedió; siendo niño su padre Amhad le comentaba antes de irse dormir sobre el conflicto sirio-israelí.
Ahora ya hombre observaba la frontera entre ambos países.
“Malditos israelíes”, musitó.
Sobre el cielo vio surcar un F18  en dirección este-oeste. A gran altitud.
“Gringos”, se dijo. Fue cuando se dio vuelta.
Los Altos del Golan era la zona donde había nacido y criado. Sabía del conflicto que involucró varios países de la zona a través del relato oral. Mohamar era mulsuman, de ascendencia siria.
El odio pareciera provenir desde niño. Un odio ancestral a  todo lo concerniente a israelíes.  Su  padre había batallado en el conflicto en el cual Israel atacó Egipto. Este le contaba sus hazañas -heroicas a los ojos de Mohamar-, de como Israel se había adueñado de la Franja de Gaza, Cisjordania y la Península del Sinaí.
Esos relatos se forjaron en la mente del niño y como él.. crecieron.
Mohamar desde temprana edad había tenido trifulcas. No les perdonaba que no hubieren cedido “Los Altos del Golán” a sus “verdaderos dueños”, luego del conflicto. Y aunque Siria negociara esa franja de territorio, sabía que había sido arrebatado de ellos, los sirios.
“Malditos israelitas”, pensamiento recurrente.
Mohamar se llegó a casar y aunque por cierto tiempo fue feliz, siempre culpó a Israel.
Su mujer, oriunda de Kuneitra, estando embarazada viviendo ahí la ciudad que tanto amó fue desvastada. Fue cuando falleció.
Ocupada por Israel desde 1967 había sido liberada por los sirios durante  la guerra de Yom Kippur en octubre de 1973. Pero eso no evitó que antes de partir, el ejército israelí evacuara a sus 37.000 habitantes y la arrasara completamente.
El odio de Mohamar se acrecentó.
Se acervo.
A partir de ese momento, él, junto a un grupo de sirios, cuanta ocasión podían los atacaba.
Comenzó con la línea de suministros de agua, le siguieron redes viales como puentes y Centros de Control israelitas para luego, estando en Cisjordania, decidiere atacar una mezquita.
Fue cuando pasó a ser conocido y perseguido como “enemigo del pueblo israelí”.
“Terrorista”, aducían.
Llegó a ser capturado por fuerzas estadounidenses con sede en Barheim. Fue en ese entonces que conoció verdaderamente a los estadounidenses.
Atacó una fragata de dicho país que estaba en puerto. La misma quedo parcialmente hundida. Meses después lo capturaron.
Fue cuando conoció verdaderamente la tortura.
Iba a ser deportado a Estados Unidos, cuando queriendo escapar de sus captores fuera dado por muerto.
Así pasó desapercibido a la vista de la CIA hasta que.. la suerte jugó su carta de poker.
“Quién domina este territorio, domina la región”, pensó Mohamar.
Estando sobre la cima de una meseta, observaba a sus enemigos que tanto odio le infundieron: el desplazamiento de los israelitas a través de Los Altos del Golán y su riqueza más codiciada, su agua.
Sobre el cielo surcaba un F18  en dirección este-oeste. A gran altitud.
“Gringos”, se dijo.
Fue cuando se dio vuelta y atacó.
Dos misiles tierra-tierra hicieron impacto en la caravana militar. Hubo un tercero que pasó de largo explotando en una meseta lindera.
A pesar de haber errado, los escombros cayeron sobre el resto de la caravana, catapultando otros vehículos.
“Quién domina este territorio, domina la región”, pensó Mohamar. Fue lo último.
Momento después él y otros como él fueron barridos definitivamente de la faz de la tierra.
Un drone estadounidense, había estado monitoreando la situación. Atacó.
Descolgándose de los cielos disparó dos misiles que impactaron donde los insurgentes estaban apostados. Esta vez si dieron en el blanco.