Diálogo no receptivo

–Mujer con fuego en las entrañas –mencioné–, pues no solo eres ardiente, viciosa y consentida sino.. –como ella no decía una palabra, solo me miraba, claro, echando chispas, proseguí–: insidiosa, gruñona y con un genio de mil demonios.
–¿Y vos nenito? –respondió, porque eso, responder, ¡vaya que si lo sabía hacer! –¿Qué esperas de mi caballero de atuendo sin igual? Agridulce te tornas y a pesar de quererte mostrarte cerebral, sin moral actúas. –Luego de un silencio y al verme sin responderle, sólo mirándola desde el sofá, ella continuó su diatriba–: Actúas sin mostrar el dulce a la hora de hacer el amor.
–Realidad o ficción –le respondí–, ¿es una quimera, o simplemente la vida es una línea que no sabe la diferencia?
–¿Qué? –Ella quedó en silencio observándome, sopesando lo último que mencioné y luego de recomponerse acotó–: tu diatriba es simplemente un lastimero desplazamiento. Golpea duro donde más duele.. –y como vio que no le decía nada, mencionó–: De ti me alimentaría, si tan sólo una parte de ti se entregase.
–Un lleno total “sin frenos ni peros” –acoté–. Sólo que hay un espinal estigma tiznero dentro de mi. –Como ahora se quedó callada, agregué–:  Es simplemente una lontananza enclavada en mi alma, sumida en soledad. –Fue cuando callé.
–Te refieres a.. –ahora se había sentado a mi lado–, que te cerceno las voces de tu corazón. –Fue el momento en que me acarició la mejilla. Una lágrima pretendía salir, más no podía.
–¿No te das cuenta del omiso, ese “sin voz” –le decía mirándola–, ese que vive de lo que dejas, tan ajeno a tu moral, andajoso, se halla a consecuencia de tu falta de amor aunque sepa que eres una mujer con fuego en las entrañas.
–¡Mi amor! –Me respondió cerrándome la boca con un beso.