Cuénteme

–Cuénteme. ¿Qué  vió?
–En principio nada –dije–, había una oscuridad total a mí alrededor. –Miré a mi interlocutor y agregué–: No se cuanto tiempo duró, luego presencié un punto blanco que se acercaba hacia donde estaba.
–¿Dónde cree que estaba?
–No le podría decir con exactitud –acoté–. La oscuridad era total y aunque quisiera moverme, no podía. Había algo..
–¿Cómo qué?
–El lugar.
–¿Lugar?
–Por mencionarlo de alguna forma –respondí–; no percibía el suelo, paredes como que no había y sin embargo..
–¿Qué?
–Extraño  –aduje–. Me sentía en paz conmigo mismo. –Y para reafirmar el concepto expresé–: Por vez primera estaba calmo.
–Hábleme de la luz.
–¿Luz?
–Tiempo indeterminado, oscuridad, luz que se aproximaba.. Eso.
–Lo que se, es que se percibía la falta de sonido –comenté–. el cual era total, y por supuesto estaba eso.
–¿Oscuridad?
–Se podría decir que si, pero había otra cosa.
–¿Qué?
–Un ente, un algo –repliqué–. Pero, no sentí que fuere algo malo, sino que, más como que me tranquilizaba, ¿sabe?
–Y luego provino la luz. –me dijo y se acercó–. ¿Desde que ángulo lo percibió? ¿Adquiría alguna forma a medida que se acercaba o simplemente era un punto que iba y venía? ¿Dígame?
El silencio se apoderó de mí al tiempo que comenzaba a digerir las preguntas y hacia donde pudieren apuntar.
–Al principio se me antojó un punto blanco en medio del vacío total –y reacomodándome lo miré ya con más firmeza–. Luego se fue agrandando como si se gestase un túnel. –a lo que terminé con–: De arriba y sobre lo que par mi sería la izquierda.
–Al principio ¿La oscuridad no era total? ¿No fue lo que me dijo?
–Si.
–Y no veía nada –Mi interlocutor mencionó–, ¿cómo era que tenía sentido de profundidad y espacio si “el lugar” estaba inmerso en esa oscuridad que no le dejaba ver, ni percibir, lo circundante.
–No entendí.
–Si la oscuridad era tan absoluta no podría tener percepción de profundidad, de altura ¿no?
–Viéndolo como me lo menciona si. Tiene razón.
–¿Entonces?
–Fue más una sensación que otra cosa, ver esa luz acercarse –contesté–. De alguna forma la percibí desde arriba y la izquierda –y agregué–: ¡Extraño! Pero así lo sentí.
–¿Y luego?
–Percibí como estando en un valle –a lo que agregué–. Más la imagen era borrosa, así como unas presencias que se acercaban.
–¿Presencias?
–Si. Formas humanas que por momentos se hacían más claras.
–¿Y luego?
–Vi una mano que se interponía –respondí–, aunque en la periferia se seguía percibiendo un valle. Esa mano fue ocupando toda la visión. –y agregué–: Luego sobrevino la oscuridad.
–Bien. Por aquí terminamos –El interlocutor expresó–. Bien, bien.

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Los doctores no podían creer lo que sus ojos les mostraban. Había estado en coma durante un mes y estaban por inyectarme morfina para que me desligara del mundo y pudiera irme sin dolor. Mi esposa no podía dar crédito a lo que veía: el  osciloscopio comenzaba a dar señales de vida. Más firmes, no tan erráticas.