La
sala estaba abarrotada de libros unos sobre otros esparcidos por el
suelo, arriba de mesas de madera así como una farola, una por aquí otra
por allá, iluminando toda la estancia dando un efecto grisáceo. Se podía
apreciar banderolas esparcidas a lo alto de una pared, sucias por
supuesto.
En
el ambiente existía un olor rancio, producto propio del encierro, así
como la humedad, la cual daba la sensación de frío sobre el cuerpo.
–¿La mitad del camino? –Le preguntaba al guardián– ¿Qué son ellos?
El
hombre que se hallaba frente a mi tenía un libro muy vetusto abierto en
determinada página donde se apreciaban ciertos dibujos que databan de
épocas inmemorables, me lo giró hacia mi lado para que apreciara bien la
figura. Hizo un a pausa y me miró; su gafa pareció por instantes
caersele de su nariz.
–Exactamente
lo que dice –el contraluz hacía un efecto fortalecedor en la fisonomía
de nuestras caras, la de él denotando unos pómulos prominentes, la mía,
un tanto difusa a consecuencia de su forma regordeta– existen en la
mitad del camino, entre el nuestro y el de ellos..
Por
encima de nosotros el revoloteo de unas palomas que habrían entrado por
alguna banderola abierta y descuidada, se hizo escuchar en el silencio
que ocasionaba el final de esas palabras –..el de ellos.. – ocasión que,
me hizo mirar hacia arriba no pudiendo apreciar nada, salvo las
sombras, que jugaban con los estantes y libros viejos que estaban
esparcidos por todos lados. El anciano, siguió el movimiento de mis
ojos, mirando hacia arriba no dándole importancia a lo que me extrajo la
concentración, y continuó haciéndo que lo mirare.
–Poseen
poderes limitados en nuestro mundo –colocó su dedo índice, en
determinada frase debajo de la figura que describía una escena dantesca–
Lea; nuestro lugar de existencia no es una verdadera barrera para
ellos.
–¿Entonces?
–La postura de mi cuerpo había cambiado, ya no estaba inclinado
observando el contenido, sino que me había puesto en una posición más
erecta apoyando mis nudillos sobre la mesa llena de suciedad.
–Están
en una misión –El hombre cerró el libro, dándose vuelta para extraer
otro en tanto depositaba el que había abierto en su lugar; lugar que por
cierto sólo el conocía– ha sido activado, quieren llevarle a
determinado lugar.
–..a
determinado lugar –Llegó a hacerse un silencio.. hasta que otro libro
era depositado sobre dicha mesa. Estaba absorto a lo que decía y hacía,
pero igualmente me hizo saltar a consecuencia del golpe del manuscrito
sobre la superficie sólida. Una nube de polvo se esparció alrededor
nuestro en tanto procedía a abrirlo como sabiendo que buscaba– Vea. Los
sumerios creían que esa fecha era importante ya que..
El
silencio que había hasta ese entonces volvía a ser perturbado por el
revolteo de las palomas que iban de un lado a otro por todo el recinto
haciendo que perdiera la atención, pero fue algo fugaz.
–..
ya que.. –El hombre leía unos párrafos del libro, acomodando sus gafas
para citarme el texto– se abriría una puerta y por ella pasarían ciertos
seres inmortales nunca vistos; ese día sangre inocente se derramaría.
–Lo he estado viendo hace dos meses –le comentaba a éste preocupado.
–Eso
es porque conforme se acerque la fecha –El anciano se erguía en si
mismo en tanto su cuerpo iba adquiriendo otra forma, mas infrahumana,
más como la de un demonio en tanto, su voz comenzaba a tomar otro cariz–
más poder tienen en vuestro mundo.
–¡¡Sois
nuestro y así será!! –Un demonio se presentaba en toda su magnificencia
ante mi, haciéndome trastabillar cayéndome en consecuencia instante en
que, volvía a adquirir la forma del anciano que había ido a consultar;
su voz volvía a ser normal.– Sangre inocente se derramaría, un círculo
se forjara destruyendo su fe, trayendo consigo miseria al mundo.







