Entre el amor y la perdición

El día pasa..
Pasa, que estás de pie en algún lado
y te das cuenta
que no quieres ser ninguno de lo que están a tu alrededor.
No quieres ser el maldito que le han reventado la cara.
Tampoco
padre, hermano o cualquier integrante de tu familia.





Como un espejo particionado, así, como conjugando un amalgama de partes inconclusas tu “YO” como el “EGO” cual deseo de pasión etérea lograron confabularse en un único llamado; la doma de uno por el otro. Un mezcleo.


No quieres ser la Jueza, ni siquiera ser tú;
sólo quieres salir corriendo.
Salir a toda ostia del sitio en que estás.




Es que está en uno, cual el fuego hace al canto una unión y así como éste, fragua desde las tinieblas su clamar de un inicial salto mustio; un cierto torrente turbio, tormento que desde éste brama, cual fuere el silbido de una fausta flauta.



Y de repente ocurre.
Algo se acciona,
y en ese momento sabes que las cosas vana cambiar..
y han cambiado. A partir de ahí ya no volverán a ser lo mismo.
Lo sabes.



Quedaste congelado en cierto momento de tu existencia; todo lo que te había preocupado hasta ese entonces se fue por la letrina. Cual manantial en medio de la foresta o un volcán, reposando intranquilo, subyacía dentro de ti un ser de voz baladí, silente, más... intranquilo.
Hilando fino, ello para ti siempre ha restado de lo que queda en la cesta y es así, que dicha voz, ha sido molesta; hilando fino, siempre dispuesta.



Ya no hay vuelta atrás, lo sientes,
y justo entonces intentas recordar
en que momento comenzó todo.




Entre las lagunas y el barro fresco, la lluvia matinal como la escarcha, la ventisca del frío invernal así, entre la gurisada transitabas.
Entre el pueblerío y los nenes de mama, entre un rancho de lata en el descampao, entre la nada y el todo.. vos guri, la túnica de la escuela y el balón.




Descubres que todo comenzó antes de lo que pensabas.
Mucho antes..
y es ahí, justo en ese momento,
cuando te das cuenta que las cosas sólo ocurren una vez.




Sentiste ese aroma de una fémina gustosilla cual cerezos incipientes, cuando a tu lado ella pasó; trotabas.
Casi te trastabillas al verla caminar pausadamente, con esa sinuosidad propia de una damisela provocante que hace girar hasta el menos osado.
En sus brazos habías llegado a anhelar por una noche de amor y desenfreno, pasión y deseo.. ¡que sea tuya! en único instante.
Más, luego de conocerse, resultó en un ser dominante ya que en el amor.. fuego dispondría, cual pura candela, indomada.. sin freno.
Por ello es que entre sus brazos morías.
Por mucho que te esfuerces,
ya nunca volverás a sentir lo mismo.
Nunca tendrás la sensación de estar
a tres metros sobre el cielo.




En sus ojos negros.. ¡lujuria! Cual brillo de estrellas.. así era su reflejo.