El veterinario


Para ellos, sus padres, nadie podía ser pobre en América. Después de seis años de disecciones, castraciones y meterle la mano por el trasero a cientos de vacas, al final de ese día sabía que sería graduado de veterinaria; para el final de la noche sería el primer hombre  que a Marissa Bermudez, la llevaría a la cama. Al menos.. es lo que pensaba.

Esa noche.
El viejo Buick, corría raudo por los caminos vecinales de tierra que componen la periferia del pueblo. Don José y Celestina sus padres volvían de una reunión en el pueblo; iban al rancho, su hogar.
–Francisca todo un caso –Mencionaba Celestina al tiempo que abría su cartera para sacar un prendedor– ¡Que vieja pícara que resulto ser! Viste cuando..
–No mujer –la voz de su marido, ronca y denotando que éste estaba pasado de unas copas de más, le respondía al tiempo que sin mirar el camino intentaba abrir el maletero para extraer una petaca con vodka dentro. No le alcanzó lo que había ingerido en la fiesta – ¡¡Pero que diantres!!
–.. ¡¡Pero que diantres!! –Una vieja vaca que hasta unos instantes había estado a un costado decidió ir a la otra orilla para dormir. Fue el instante en que el vehículo atinaba a cruzar, golpeando al animal a la altura de su cadera.
–¡¡Josee!! –el golpe acababa de sacar el mismo del camino para incrustarse de lleno en el arroyo que separaba el pueblo de su hogar. Al golpear al animal no lo pudo controlar y en vez de acceder al puente de madera, estos se incrustaron en el agua.
En el Estudio de Abogacía
.. para el final de la noche sería el primer hombre  que a Marissa Bermudez, la llevaría a la cama. Al menos.. es lo que pensaba. –Ese  pensamiento corría por su mente cuando Don Francisco Hernandez de la Huerta, el abogado de su familia, le explicaba la situación.
–Verá –Era la primera vez que él acudía al estudio; veía en el abogado un hombre gordo, un tanto canoso con un mostacho prominente detrás de su mesa – La casa y otros bienes, incluida la Clínica que poseía su padre, Don José que en paz descanse, son ahora propiedad del Banco.
–Pero, pero..
–Déjeme terminar  –Con un ademán de manos, esa frase quedó trunca– Los documentos que avalan la decisión del Ente Bancario se sustenta en que su padre, depositó como garantía, su casa y la Clínica.
–¡¡No puede ser!! –El reciente veterinario incrédulo a lo que oía no dejaba de exclamar lo mismo– Verá, no éramos ricos, pero tampoco indigentes; usted mismo lo ha comprobado cuando ha ido al rancho.
–Estos documentos poseen fecha de cuatro años atrás a la fecha del incidente que tuvieron sus padres, Don José y Celestina –El teléfono había comenzado a sonar cuando Don Francisco Hernández de la Huerta grita “No estoy para nadie”– Sino hubiera sido por su educación y no hubiese ido a la Universidad..
–¿Qué me quiere decir? –El veterinario con su traje de frack, el cual quería acostarse con Marissa Bermudez, le increpaba– ¿Qué estoy en la ruina?
–Esa es la razón. Sino hubiera ido a la Universidad.. –Haciendo un gesto con las manos como “y que se le va a hacer” Don Francisco miraba su reloj como diciendo “ya es hora” –Todavía tendría su casa..
–¡Váyase al Diablo! –El portazo del “Estudio Hernández de la Huerta” se hizo oír por todo el local.