Noo... sigue...


–¿Qué buscáis en mi excitante caballero de belleza sin igual, cual fuere la hermosura de la brisa otoñal? –Ella estaba recostada sobre la mesada, pasándome sus brazos sobre mi cuello– ¿Es que acaso no os veis vos en mi alma?

–Si fuere agua, la que acaricia la lava, tú, serías ello –La tenía asida de la cintura– el fuego que cava en lo profundo del ser, ese, que quema bien dentro gesta esa necesidad de ti.
–Siénteme, ruégame, búscame, ámame. –Como brazas atizadas, así el desliz de un dedo sobre el
cuello entramando una hoguera de danza asentada; cual roce de un incauto muslo sobre el otro urdía cierta caricia insolente, una cereza libada saboreada cual un manjar soñado.–.. ¿si..?

–...¡¡humm..!!