Insastisfecho sentir expoliado


–Niña  ¿a ver si las terminas? –Ella me miraba atentamente; fuego de los ojos le salía. Me encrepaba– debieres frenar tu conducta ya que, ésta es como un ágil látigo. Tus palabras golpean fuerte.
–.. tus palabras golpean fuerte –De momento el silencio acalló las últimas palabras, dando cabida un lapso de tiempo indeterminado, fue cuando..
–Me hacéis sentir.. expoliada ante cual vuestro arrebato –De pie me miraba, al tiempo expresaba su sentir incontrolado; la fuerza de su voz, su tono, denotaba el enojo en ella– gestor de una insulsa hambruna, induce un ser ultrajado.
–¡Callad! Poned grilletes a vuestra voz; insidiosa os torna. –El gesto fue contundente.. pero inconcluso; el sopapo quedo ahí latente, dejando la mano vibrando de impotencia– ¿Qué os no dais cuenta que vos no domáis, lo que en tu "interno", no moderáis?
–Es que si ese, vuestro enfado ante tal aciaga ayuna.. –El silencio se tornó espeso, como si tuviera cuerpo; el amague de ella fue en principio retroceder, pero volvió al ataque– controlad vuestra voz que cual hosca, os torna y cual asecha, vos amáis.
–Dura, como recia te forjaste. –La tenía asida de los antebrazos en tanto, pronunciaba esas palabras la miraba a los ojos de ella que no amagaban en retroceder, así sea un milímetro. Los mantenía firme en los míos– la vida te condicionó a ello.
–.. la vida te condicionó a ello. –Ella estaba clavada al piso cual una estaca fuera, pero no me bajaba la vista– Sin saber valorar lo que ella te obsequiaba fuiste de un lado a otro, maniobrado cual títere fuere por hilos invisibles.
–¿ Y vos nene? –Luego de haberla soltado ella me encrespaba de nuevo– Te forjaron a fuego y canto, ya no eres lo que alguna vez fuiste.
–¿Acaso vos no os dais cuenta..? –El tono que utilice era ronco, grave en tanto me paseaba por la pieza como hablando más para mi, que para ella, gesticulando –¡Conductas..! Malsana sois; gestora de insano dilema, fraguante moldura, ¡forjáis!
–Posesa alma acongojada no estoy estando, si acaso caminante perezosa. –Ella me respondía, manteniendo la mirada en mis gestos– Pero..
–Eres insidiosa como soez tenaz como inquisitiva; molesta.–Por momento mis piernas se aflojaron; la adrenalina del momento comenzaba a ceder–  ¿Es qué no me has de dejar de dar lata?
–… dejar de dar lata? –Trastabillé; fue cuando una gota de lágrima comenzaba a brotar.
–No es cierto –Ella me levantó por un instante y dejé reposar mi cabeza sobre su hombro–  Nunca, hasta que la luz penetre e ti rompiendo esas asperezas de antaño forjeo tímido  de tal tamaño temor oculto.. así, dile "partí". Los dos terminamos abrazados, llorando.