La vida

–¿Adivina quien es la prostituta? –Luego de una reunión social volvíamos a casa; era avanzada la noche– Es una combinación muy sexy, donde se mezclan con gente muy normal; un hotel de lujo, lleno de ejecutivos, – personas muy ricas donde se mezclan con personas normales.
–¡¡Hum..!! No se hasta que punto –Acotaba mi señora, cuando nos deteníamos ante el semáforo en rojo que se mecía con el viento en medio de la calle desierta a causa de la hora avanzada– ¿Has estado con alguna?
–¿Yo.? –Daba la vuelta a al derecha en tanto miraba hacia el otro lado; aunque era algo asumido, sabiendo que no era nadie, no podía evitarlo, en el proceso miré de rejo a mi señora– Por costumbre, si necesitas una puesta a punto sin repercusiones emocionales.
–.. sin repercusiones emocionales – Ella me miraba fijamente; las casas del pueblo pasaban como figuras repetitivas a los costados de las ventanillas cubiertas de una gruesa capa de nieve acumulada– sin que te persiga una mujer rechazada.. acá es el punto.



En el bar – Otro día.
–¿Me invitas a una copa? –Era la camarera de las otras noches, cuando la reunión social; estaba parada frente a mi señora la cual le hace un gesto para que tome asiento delante de si.
Haciendo un gesto al mesero le solicita otro chardonnais para su invitada. En el proceso enciende un pitillo. Su invitada se sienta frente a ella, sobre una mesa que daba a un gran ventanal. – No suelo relacionarme con mujeres solas.
–A mi marido le gustarías –Mi mujer inclina la vista hacia el ventanal y sin prestar atención al ajetreo de la ciudad. Susgafas negras tapaban la emoción que reinaba dentro de sí.–Me esta engañando, o eso creo y ¿ me gustaría saber que harías si tú te presentaras ante él?
–¿Le eliges las mujeres? –A Ana, la camarera, siempre le han dado bien las palabras. En su trabajo es tan importante describir lo que hace, como hacerlo, cuando hay que hablar, que palabras elegir..
–… y me gustaría saber que harías si tú te presentaras ante él? –Mi señora ignorando esa pregunta, luego de sorber un trago la vuelve a mirar. No se había sacado el saco para la nieve– Es alto, fuerte, posee le pelo castaño, es muy atractivo. Viene sólo a desayunar aquí. Siempre esta leyendo el periódico.



Contacto.
–Lo he visto –Otra vez en el mismo lugar, misma situación– Estaba donde me dijiste, leyendo el periódico. Me acerqué y le pedí el azúcar. Yo me retire.
–.. Yo me retire. –Hay hombres que no soportan ciertos términos, que detestan algunos gestos. No puede impedirlos, forma parte de su trabajo, el de Ana, la camarera de esa noche en particular – Fingió que seguía con el periódico, luego se levantó y me dijo insinuaciones.
–.. insinuaciones.. –Esa mera palabra trasladó a mi señora a un mundo de especulaciones– Esta bien.
–No pasó nada –Ana poso su mano la mano de mi señora como quien intenta calmar a otra persona. Eso ha sido siempre parte de su trabajo– No pasó nada, sólo intentó ser amable.
–No pasó nada –Mi señora comenzaba a sentir como sus lagrimas comenzaba a brotar– Salvo que se acercó para hablar contigo. ¿Cómo puedes hacerlo?
–Intento algo que amar en cada persona.. –Ana podía ser varias cosas. Ser la secretaria de uno, una hija, la primera chica con la que uno salió, o aquella chica que salio en Playboy cuando uno tenía apenas 9 años– Aunque sea un detalle, algo en su forma de sonreír.



El desenlace.
–¿Estas enamorada? –Le pregunto yo a mi señora; estábamos en la cocina merendando.
–Si lo estuviera, ¿cambiaría en algo? –Es la respuesta que recibo.
–¿Por supuesto que cambiaría algo? –Ya me estaba levantando para salir. El trabajo no esperaba.– Pasas la noche fuera y te atreves a interrogarme.
–Es cierto lo olvidaba, tu eres más discreto con tus chicas –Mi señora aspeaba– No vuelves a casa tarde porque te la montas mejor.
–Me gustan las mujeres, aprecio su belleza –El maletín del trabajo reposaba sobre la mesa que usábamos para el desayuno– Su inteligencia, pero eso no significa que me las tire. Como profesor forma el estar cerca de mis estudiantes. ¿Qué quieres?
–¿Quiero que dejemos las cosas claras –Los dos estábamos hablando frente a frente en la cocina, El ambiente se sentía caldeado– ¿Hay algo que quieras contarme?
–.. Hay algo que quieras contarme? –Imágenes de mi señora que pasaban por su mente: Jardín Botánico, en uno de los pasillos. Ana recostada sobre la pared y ella besándola sintiendo la excitación de su marido en crecendo a través de su pantalón..–.. Hay algo que quieras contarme?
–¿Yo.? –Me vino a la mente cuando retornábamos de la reunión aquella noche. Daba la vuelta a al derecha en tanto miraba hacia el otro lado; aunque era algo asumido, sabiendo que no era nadie, no podía evitarlo, en el proceso miré de rejo a mi señora– Por costumbre, si necesitas una puesta a punto sin repercusiones emocionales..
–Por costumbre, si necesitas una puesta a punto sin repercusiones emocionales.. –Eso pasaba por mi mente cuando…–¡Oye! Me haces quedar para poner las cartas sobre la mesa y yo soy el único que he confesado algo?
–Tomó mi dinero. Se inventó una situación contigo –Mi señora estaba recostada de espalda sobre la mesada de la cocina; entre sus manos aferraba una taza de café humeante como si se le fuera la vida en ello– Me dijo que todo empezó como un picnic, en un parque, en el invernadero. Que te besó y te excitabas; eso me dejó confusa.
–..Que te besó y te excitabas, eso me dejó confusa. –Comenzaba a llorar– yo nunca he querido estar con nadie más.
–yo no me la follé si es lo que quieres saber. – Estaba sentado y sobre la mesa mi café y este ya estaba frío– Solo tontee con ella; una estudiante más. Sabes que procuro estar disponible para ello. Necesito brindar confianza para ello.
– yo nunca he querido estar con nadie mas. –Las lágrimas caían a borbotones por parte de mi señora. No e había escuchado decir “yo no me la follé si es lo que quieres saber.” –Eso me dejó confusa, pero hizo que me sintiera más cerca de ti –me acerque a ella y la abrace, en tanto lloraba y me hacía estremecer– Cada año estás más guapo, estás más atractivo.
– Cada año estás más guapo, estás más atractivo. –Se separó de mi hombro y con una mano se limpiaba las lágrimas que no dejaban de caer– Yo siento que si soplara te desvanecerías. Me siento invisible y vieja; me acosté con ella.
-¿El qué? –“me acosté con ella” esas palabras calaron muy hondo dentro de mí –¿dejaste que te tocara?
–Tu y yo hacíamos el amor hasta 3 veces al día –Mi señora había dejado de llorar– luego pasó a una y luego una a la semana hasta que nació Marcelo.
–.. hasta que nació Marcelo. –Ella me miraba con sus ojos grades, grises– Fuimos padres, luego mejores amigos, y no se supo pasar de ello, ni como amantes.
Fue cuando la abracé y nos pusimos a llorar juntos.