A todo gas...

Por desgracia calculé mal algunas cosas –Me encontraba en la cornisa de un decimonoveno piso a punto de lanzarme al vacío y por mi mente no dejaba de pasar imágenes de mi vida, una tras de otra– ¿por qué será que en el mejor momento de tu vida cuando consigues todos tus sueños, te clavan un cuchillo por la espalda?

Para ser una persona con un coeficiente de cuatro cifras, se me había escapado algo –El viento mecía todo mi cuerpo como quien juega con un muñeco; un pie lo tenía en el vacío y aún así, mi mente seguía trabajando a mil como cuestionándome mi decisión– había estado muy cerca de conseguir un impacto en el mundo…

-..estado muy cerca de conseguir un impacto en el mundo –Desde donde estaba, veía toda la ciudad; era de noche y se apreciaba que muy pronto iría a llover. El ambiente estaba húmedo y algún que otro relámpago se apreciaba sobre el horizonte– y ahora el único impacto que iba a conseguir, era sobre la acera, allá, bien abajo.

Ese, que va por ahí… –el viento me movía completamente llevándome a que cambiara la posición de la pierna; las imágenes de lo acontecido semanas atrás seguía incidiendo. Ahora tambaleándome y asiéndome a una barandilla, lo que había sido semanas atrás golpeaba una y otra vez– era yo. ¿Qué clase de persona que no tenga problemas de drogas o alcohol va con ese aspecto?

..va con ese aspecto –volvía a poner, ahora el otro pie sobre el vacío de la cornisa, cuando el sonido de una sierra eléctrica, cambiaba el sonido de fondo. Habían estado con una maza dándole a la puerta blindada de mi apartamento y esta seguía resistiendo– sólo un escritor bohemio.

.. sólo un escritor bohemio –Entre los rayos, relámpagos, el viento que golpeaba contra mi cara, y el sonido de esa sierra de fondo, me iba a largar de lleno al vacío y en ese instante.. Aún en esas condiciones, seguían mis pensamientos aglutinándose en el fondo de mi cerebro– Por extraño que pareciera, nadie creería que tuviera un contrato como escritor. Lo tenía; un libro.

Ese día me iba a poner serio –Se apreciaba que la puerta no iba a resistir mucho más; alguna que otra chispa comenzaba a brotar hacia adentro– iba a ser genial, sólo tenía que dedicarle tiempo. Quedarme en el apartamento; ese, era el concepto clave: no salir, pero lo hacía.

… no salir, pero lo hacía. –Me caí. El viento, y la lluvia aunados a esos pensamientos que continuaban ahí… insidiosos, me hicieron trastabillar. El cerebro me hizo una jugarreta. A pesar que tenía toda la intención de columpiarme al vacío y así terminar con todo, me así a la barandilla en el último instante– Pasé unas semanas así, talvez unos meses. Pero al menos, por ese entonces tenía a Marissa.

De todas las relaciones inútiles, que lo mejor era olvidarlas.. –Volvía a estar sólo sobre esa cornisa sobre el décimo noveno piso, pero ahora se agregaba el viento y la necesidad.. esa necesidad de…– hay alguna más inútil que la de “ex-cuñado”.

… hay alguna más inútil que la de “ex-cuñado” –Recuerdos y más recuerdos– Santiago, así se llamaba, fue el que sin pretenderlo me catapultó al cambio, con esa pastilla milagrosa.

Había estado ciego pero de repente veía claro –La puerta de acceso, por más blindada que estuviere no estaba preparada para el trato de una sierra y golpes de una maza y ya comenzaba a sentir la fatiga del esfuerzo por ser vencida– El título de un libro. Doce años antes, en la universidad, sentado en el sofá que había en el aula de una profesora auxiliar que intentaba ligarme… de algún modo mi subconsciente me lo había hecho recordar.

¿Qué era esa droga? –Parado sobre la cornisa entre un paso al vacío y la necesidad de obtener otro “viaje”, meciéndome como lo hace un titiritero con el títere, sobre mi mente necesitada ávida cruzaban los pensamientos Sin ella no podía soportar la Sociedad; no había fumado en seis horas. El comer.. ni recordaba cuando fue mi último plato decente.

–Le he dicho que necesitaba un préstamo a corto plazo –Estaba sentado en un bar de mala muerte sobre la Interestatal 50 hablando con “el ruso” que seguía hablando por el celular ignorándome.
–Si te he oído, pero ¿por qué he de darte cien grandes? –El Ruso me miraba en tanto tomaba un vodka –Ya al verte, no me gustas.

–Porque he quintuplicado mi dinero cuatro días seguidos – Escuchaba los latidos del prestamista, percibía las gotas de sudor de su frente y su reloj.. su reloj.. –he calculado ciertos patrones…
–No te levantes, siéntate – El Ruso se acomodaba en un banco al lado mío en el parque – Si adquieres esto (una bolsa cerrada) eres mío ¿entendido?

–Si no pagas, ¿sabes lo que haré contigo? – Me miraba fijamente y yo, lo mismo –Te cortaré por la cintura, te desollaré lentamente hasta la cabeza y luego haré un nudo con tu piel, así que no juegues conmigo.

Ahora, luego de pasar mil cosas y mi vida haber dado un vuelco de 180 grados, por desgracia calculé mal algunas cosas –Me encontraba en la cornisa de un decimonoveno piso a punto de lanzarme al vacío y por mi mente no dejaba de pasar imágenes de mi vida, una tras de otra– ¿por qué será que en el mejor momento de tu vida cuando consigues todos tus sueños, te clavan un cuchillo por la espalda?