El flipeo

Era una noche de mucho frío. No solamente ello afectaba la visibilidad de la cuadra, a eso, se le sumaba una neblina pegajosa que hacía que la luz de las farolas de la calle se vieran con un halo a su alrededor.
Un vehículo aparcado aquí otro por allá y algún que otro transeúnte atinaba pasar por el sitio, claro rapidito, y lo peor es que comenzaba a nevar.
Un joven. Al menos así aparentaba, aunque por su vestimenta y su barba rala lo hacía ver mayor, estaba recostado sobre la pared encima de un colchón roído como mohoso; le acompañaban tres perros cual de ellos más sucios y sarnosos que, no dudarían en mostrar sus dientes a aquel que se le acercase a su dueño.
Se ató el antebrazo y con una jeringa que precisamente no estaba en buenas condiciones comenzó a inyectarse el “acido”, término con que en el ambiente se conocía una dosis del ácido lisérgico o LSD.
Su compañera, se podría asumir que tendría unos treinta y tantos miraba expectante para su dosis nocturna, pero no podía contenerse por lo que, amarilló el aceite previamente. En pocas palabras para buscar mayores sensaciones cuando hiciera el amor hizo una bajada (amarillo) de hachis (aceite).
El díler, el vendedor de la droga no se hacia ver habitualmente. Aunque no fuere importante, actuaba de intermediario por lo que, revendía pequeñas dosis del “gallo” (dígase marihuana) o “goma” siempre que el hachis fuere de buena calidad. Claro había que pagarlo.
Si no era con plata, era con un proyectil en la cabeza. Pero antes, el diler debía abastecerse de mercadería con el conocido como “gasolinera”, personaje que estaba un escalón arriba del díler. A ese quería hacer caer los “estupas” o policías de estupefacientes. El efecto del LSD sobre la corriente sanguínea no se hizo esperar; la ansiedad consecuencia del “viaje” o sea la sensación eufórica por los trastornos alucinatorios, se complementó con el hecho de hacer el amor sin higiene sobre lo helado de la vereda. Preservativos no existía.
El joven había adquirido una dosis importante del “ácido” en su forma original en pasta. Luego con una cuchara calentó el producto hasta licuarlo y así inyectarse, pasos previos para que el “viaje” fuere placentero.
Haciendo el amor en esas condiciones, comenzó a agredir a su compañera, comenzaba así a sentir el efecto del “flashback” o “mal viaje” cosa usual que se da luego de ciertas dosis de tal mercadería.
El “flashback” se hacia sentir en forma de un retorno transitorio de emociones y percepciones experimentadas bajo los efectos del LSD. Al llegar al orgasmo tomo de la cabeza a su compañera golpeándola contra la pared sacando parte de la masa encefálica. Luego se puso a dormir.
Cuando fue capturado, no tenía conocimiento del hecho, y estando en un Centro de Rehabilitación lo trataron por efecto de la “burbuja” como también se le denomina al hachis pero el de buena calidad, el denominado “chocolate”. Había caído en manos de los “boqueras” o funcionarios de cárceles comandado por el “baranda” o Jefe de la Cárcel.
Un día lo encontraron muerto. Lo querían como “bujarrón” o homosexual y como se negó en la madrugada recibió un “bardeo”, en otros términos le insertaron una navaja en el cuello por no convertirse en soplón.

Aclaración.
El FLIPADO es aquel que esta alucinado por la droga (flipar, flipante, flipe)
Los términos utilizados aquí son del argot propio de la droga como el utilizado dentro de una Cárcel.