Despabílate nena

Yo se que tenes esos días melancólicos que esperas que me aparezca pero que más querés de mi; lo nuestro ya fue. Diría que hasta pasional ha sido lo nuestro. Fijate nomás como te ponías ante el simple desliz del dedo en un muslo, como captando los poros de otra piel al erizarse, y moverse por si misma.
Me decías que hay veces que creías que no existo y otras que hasta me sientes tan real y tuya que no entendías por qué no irrumpía en tí, rasgándote las venas.
Mija despabílate, eras insidiosa como soez al tiempo que tenaz como inquisitiva; molesta. ¿Es qué no me has de dejar de dar lata?
Te conozco che, para tu desgracia ya se que aprendiste a pensarme en voz baja, habiendo noches que en un grito silencioso se te escapa mi nombre, conociendo de esa forma  mi existencia. Pero eso ya pasó, fue fuego, lava, agua, calma todo amalgamado en una sola cosa: ser amada. Pero me aburrí nena para llegar a la periferia de tu ser tuve que ir rompiendo esas asperezas de antaño, ese forjeo tímido  de tal tamaño a causa de un temor oculto que hasta diría inexistente aunque lo hayas vivido como real.