Añoranza subliminal

-Se apagó la luz, y en las ventanas es que ella apareció dulcemente iluminada –No podía dejar de pensar en esa fémina, mientras las figuras del paisaje se me hacían difusas. Me encontraba solo en esa parte del vagón en tanto éste, el tren, corría raudamente a través de la campiña.
-Bajo su piel yacía radiante como un inmenso halo.- Las imágenes venían y se iban pero me aferraba a ellas, como si fuese lo ultimo que debiere ver. Cuando aparecían, no podía evitar fumar un cigarrillo.
Exteriormente pareciera que se venía un aguacero, pero ello todavía no había acontecido; una casa aquí otra allá, de vez en cuando unas vacas se veían pastar. Y el tren que seguía, ahora cruzando un túnel entre la montaña.
-Pensé que así yace la vida en las aceras, a cruel velocidad.-Lloraba, pero soy macho por lo que lo hacía por dentro, en tanto recordaba las últimas palabras de ella: “¡Vete al demonio!” y la visión a continuación, el cerrarse la puerta del piso en que pasamos tantas noches alimentándonos de nuestro amor.
Y yo después, supe porqué esta extraña timidez desaparece cuando salgo de mi tempo.
Claro, cuando viajábamos en la misma dirección pensábamos igual, sentíamos de igual forma la música el arte. Solamente en esa condición es que desaparece esta timidez, tan propia mía, ¡maldita sea!
Todo ello cruzaba por mi mente en tanto veía acercarse mi destino. -¡Ohh, destino cruel!
-Y es en cada instante que quiero hundirme en el asiento de cualquier viejo vagón, porque es allí, que puedo encontrarla de verdad aunque tan solo sea una imagen. –Es la razón por la que estoy en este viaje que es un poco de exploración interna tras la búsqueda de aquello que perdí. Es por ello, que me hallo en medio de la nada y poquito más cerca “del aquí”.