Francisco Hernández

–Nunca adivinarías con quien me encontré en la tienda – La ford corría por la ruta descampada; el paisaje iba cambiando a medida que se internaba en la zona rural rumbo a la casa de campo distante unos 100 kms del pueblo más cercano –Francisco Hernández.
–¿Qué hacía ahí? – Su actual esposo volteaba la mirada hacia ella dejando en el ínterin lo que restaba de un cigarrillo a medio fumar. Comenzaba a llover, y a lo lejos un trueno se llegó a oír  – No me lo dijiste cuando nos estábamos aprovisionándonos de víveres.
–No se, comprar licor supongo – Su esposa comenzaba a sentirse incómoda por el vuelco de la conversación, pero mantenía las dos manos sobre el volante ya que la carretera comenzaba a tornarse muy húmeda y corrían el riesgo de un deslizamiento –Estaba asombrada, te lo digo ahora.
–¿Hablaste con él? – El granizo comenzaba a golpear fuerte sobre e vidrio delantero y se escuchaba como lo hacía sobre el techo;  a lo lejos un pequeño rayo logró dibujar la campiña sobre el horizonte. El sonido del mismo hizo que su marido girara momentáneamente la cabeza.
–No, solo hola,  ¿cómo estás?  bien, genial. adiós –Ella, su esposa, se aferraba a la dirección del la camioneta que por instantes intentaba zigzaguear; el aguacero se había volcado con toda su fuerza haciendo que ella aminorase la marcha. –No era mi intención hablarle, pero ahí estábamos, allí en la misma tienda comprando cosas al mismo tiempo. Ojala  lo hubieras visto, no te sentirías nada mal; esta gordo.
–¿Qué me importa? No importa que esté gordo o no. ¿Qué significa hacerme sentir mejor? –Su esposo volvió a asir otro cigarrillo de la cajetilla que tenía consigo, aspiró profundamente en tanto su mirada estaba dirigida a un punto imaginario.
–No se, porque es un perdedor – Ella visiblemente molesta, no vio el vacuno que caminaba a la vera del camino, lo que hizo que la camioneta desviase  el vacuno por centímetros.
–¿Y qué tiene que ver conmigo, que sea un perdedor  o un gordo? ¿Qué mierda me importa?. Su esposo había levantado la voz  y gesticulaba fuertemente; un tractor con un remolque venía derecho a ellos , luego de cruzar  una curva donde esta el puente a  pocos kilómetros de su hogar. La camioneta tuvo que tirarse hacia el barranco derrapando en el proceso.
-¿Qué? – La mujer a duras penas logró retomar el camino, no sin antes recibir una puteada por el otro conductor –Lo dije todo mal, estoy nerviosa ¿ok? Es que te sientes raro.
–Estas nerviosa porque me siento raro, ¿qué significa eso? –La curva que daba a la hacienda de los Juárez estaba a la vista, aunque el cartel que contenía el nombre de la familia saltaba  de un lado a otro a consecuencia de la ventisca  –Te viste con Francisco Hernández y sentiste en principio que no era una opción decírmelo.
–Sentí que te enojarías y ahora estás molesto, lo siento – Ya derrapando la camioneta entraba por el camino de grava que daba ala casa de campo haciendo que el guardafranco trasero se ensuciará más de lodo. – Lo siento, dije algo incorrecto.
–Amor, puedes hacer lo que quieras.