Cara de muñeco chino

Sentiste el aire en tu cara, en tanto tus ojos se achicaban al tiempo que en un rictus mortal se convertía tu boca por efecto de la ventolina sobre tu cara, fue cuando quisiste gritar pero nada salio de ella.
No te diste cuenta cuando tu cuerpo se convirtió en gelatina al contacto con el asfalto mientras tus sesos quedaron diseminados sobre el parabrisas de una coupe último modelo que atinaba pasar en ese instante, astillándolo en mil pedazos por efecto del golpe del cráneo sobre el mismo.
No te diste cuenta pero... ¡si te hubieras visto la cara cuando gritaste sentándote sobre la cama transpirando profundamente!
¡Vaya! Como galopaba tu corazón.