Francisco

–Todos esos de ahí que están cumpliendo penas cortas – Expresaba el presidiario hallándose nervioso frente al encargado de emitir un informe ante la Junta de Apelaciones, que de tener suerte y ello fuere favorable para él, conseguiría la libertad condicional –sin dejar ninguno en el camino de seguro que le dirán que son inocentes.
–Pero al menos yo lo admito. – El hombre no podía ocultar su nerviosismo al tiempo que miraba fijo a quien le otorgaría su libertad o lo encerraría hasta el final de su sentencia –Tomé la responsabilidad de lo que hice desde el primer momento y ahora miro hacia delante y lo que me dice esto último es, “tengo un trabajo esperándote” ¿por qué tengo que hablar de esto cada vez?
–Porque quiero conocer tu versión Francisco –El interrogador se rellenaba sobre su asiento dejando a un costado el expediente del presidario; encendía un cigarrillo, y luego de la primera bocanada, no dejaba de mirarlo. –Está bien mira este es el proceso: nosotros hablamos, no somos amigos sólo lo fingimos, relájate y puede que ambos consigamos lo que queremos.
–Vale. –El reo respondía al mismo no sin antes dejar de mirarlo.
–¿Estas casado? –El encargado de elevar el informe ante La Junta preguntaba; sus gafas de leer de cerca descansaba sobre su nariz.
–Si. Nueve años 8 años en esta pocilga –Ya más calmo Francisco se acomodaba mejor en la silla separada por la mesa de interrogatorios. –Ana se llama, entre usted y yo.. es una mujer de otro planeta.
–¿Qué quieres decir?
–Me ha hecho el amor en cualquier posición – Francisco apoyaba los codos sobre la mesa cruzando los dedos entre si –Esta loca, hace lo que le pide, sabes te la follas y sigue riéndose. Así es ella. Tenga cuidado porque le dejare unas imágenes en su cabeza de Ana que no lo dejarán dormir. ¿Esta casado?
–Si, hace 43 años.
–Pero que cojones tío, eso si que es amor verdadero, es de locos. ¿y aún la satisface en todo? –Ya el reo, un hombre joven de uno treinta y tantos de años ya más interesado en el cuestionario que le hacía no se había percatado de cómo podría caerle esa pregunta al interrogador.
–¿Disculpa?
–Es que tengo mucha curiosidad por todo ese rollo –Francisco comenzaba a tirarse para atrás como si algo lo impulsase a hacerlo; una gota de transpiración caía sobre su frente y no había el calor suficiente como para que ello aconteciera –Mire no quiero problemas con usted pero a veces me pregunto “Yo quiero a mi chica, pero cuando la piel se me empiece a descolgar.. sabe a lo que me refiero ¿Cómo decir? ¿Se mete una viagra de manera que casi pueda golpear clavos.
–Escucha, yo no hablo jamás con nadie sobre mi mujer ¿entendido?
–Yo no estoy hablando de su mujer, hablo de mi ¿vale? –El reo había tomado confianza y continuaba –He estado encerado muchísimo tiempo y usted puede que sólo necesite bombear y listo.
–Esta conversación no me parece agradable.
–No pretendo ser grosero señor – Francisco absorbía un sorbo de agua de la botella que tenía sobre la mesa –Es que me interesa de verdad. ¿Cómo funciona para usted? ¿Cómo consigue lograrlo?
–No es de mí de quien tenemos que hablar, sino de ti ¿de acuerdo? –Un tanto ofuscado retomaba el informe del presidiario y comenzaba a ojearlo.

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–Buscábamos dinero ya sabe – El presidiado, otro día dialogaba con el Encargado de emitir el informe –Mi abuelo nos oyó, fue cuando mi hermano y él discutieron.
-¿Y que pasó a continuación?
–Mi abuelo fue a coger su arma –Francisco, mucho más calmo le explicaba acomodado en la silla ubicada en la Sala – y yo pensé “no quiero formar parte de esto y me salí al exterior. Mi hermano hizo lo que hizo y la casa se quemó. Bueno fue terrible, algo trágico, pero eso fue hace ya mucho tiempo y ya he pagado por ello y solo pienso “se que estoy listo y empezar mi vida de nuevo ¿qué podemos hacer para que ello ocurra? ¿Cómo puede hacer para que eso pase?
–Bueno, ya veremos. ¿de quién fue la idea de ir a la casa de los abuelos?
–Se lo he dicho de mi hermano mayor – Francisco no dejaba de mover sus pies aún sentado; el nerviosismo de él era palpable, hasta por instante tartamudeaba –Ni siquiera estaba ahí, ya que me hallaba fuera de la casa.
–Pero no saliste libre; no supiste impedirle ¿verdad?
–No eso no tío. No lo haga – Francisco no dejaba de mirarlo –Yo estaba fuera de la casa, no lo supe hasta que mi hermano me lo contó. El mismo.. él..por eso es que ni siquiera me declaré culpable de homicidio. Me condenaron por complicidad y fuego provocado. Ya he cumplido 8 años de los 10 a 15 que tengo ¿Qué más queréis de mí?
–Porque has cumplido tu buena parte de tu condena, harás borrón y cuenta nueva.
–Déjeme, déjeme decirle algo – El reo tartamudeando –¿Por qué tiene que sentarse ahí y hacerme esas preguntas como si jamás hubiera roto un plato? ¿Nunca le multaron por exceso de velocidad? ¿Nunca ha ayudado a alguien en una pelea de bar? Usted nunca mató a un crío; cargar con ese peso. ¿No dejó a su mujer o se tiro a una jovencita de 15 años?
Vamos, ¿cuando tiempo piensa seguir juzgando a las personas por algo que ve? No es justo, se lo ruego tío, soy una persona, mire mi expediente, soy otro individuo desde que entré aquí.

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–Quiere hablar de eso amigo.
–¿De qué? –El interrogador respondía.
–Mire, yo sólo estoy un poco preocupado por usted esta usted un poco nervoso.
–Si bueno, no te preocupes, será mejor que seas más listo o volverás otra vez aquí –El interrogador encendía un pitillo.
–Si vale, eso pasó no tendrá que preocuparse ya más por mi. –Francisco dialogando con el encargado de emitir el informe – Se que no cree más en lo que le digo pero usted no cree en si mismo, no cree en Dios, no creo que piense que nada en su interior sea cierto.
–Que bien deja la puerta abierta Francisco. Me encantará perderte de vista.
–La vida te esta cogiendo del cuello, zarandeándote tus viejos sainetes sin saber por donde salir –El reo que había logrado la libertad condicional le hablaba como a un amigo –Lo comprendo, pero ahora es cuando usted debe empezar a escuchar. He disfrutado mucho de nuestras charlas; creo que se acerca algo para usted, pero cuando llegue tío, abrásese sabe. No se cierre.
–Allí esta su esposa. Buena suerte Francisco.