El Disertante

El anfiteatro estaba repleto. En tanto esperaba que el presentador terminara su trabajo, me había fumado tres cigarrillos al hilo, hacía tiempo que no asistía ante tantas personas reunidas por la disertación que esperaban que hiciera. Cuando ello tuvo lugar, luego de la primera frase parecía que había logrado hacer ello desde siempre; detrás de mí, una pantalla gigante me mostraba en toda su magnitud. Estaba saliendo por televisión.
–Todos vosotros estáis jodidos – Con ello acallaba el eco de los últimos aplausos, en tanto la atención se hacía más evidente al dar cierta pausa para que los ecos de esas palabras no cayeran en saco roto –lo sabéis, pero sois la generación ninja.
–Sin ingresos, sin trabajo – Mencionaba mientras me paseaba de una punta al otro del podio, y entre frases, hacía un silencio adrede cuyo cometido era captar la atención de todos –Sin trabajo, si ganancia, sin mayordomo.
–Alguien me recordó los otros días –Todos el mundo estaba expectante de lo que quería decir; el cameraman había enfocado un primero plano de mi cara y gestos –que una vez dije, que la avaricia era buena. Ahora parece que es legal.
–Pero amigos –El contenido de esa última frase, “legal”, hizo que la risa inundara todo el anfiteatro lo que me hizo callar unos segundos y mirarlos fijamente, deteniéndome en mi andar; ocasión que aproveché para encender otro cigarrillo. –avaricia, hace que el barista que esta en la esquina de mi hogar compre tres casas que no puede adquirir sin dinero.
–Avaricia, hace que vuestros padres – Ahora si, tenía la atención de todo el mundo y estaba saliendo a través de EWTN Channel en vivo –financien una casa de 200.000 dolares en 250.000, luego utilicen esos 50.000 para otras cosas: compran una LED TV, celulares , computadoras y dicen “¿por qué no otra casa?”
–Es la avaricia la que hace que el gobierno de éste país –Haciendo una pausa en el medio de la frase estando sentado en el relleno del podio; acontecía, las primeras volutas de humo del cigarrillo que había encendido. Todos se hallaban escuchando atentamente –baje el interés del 1% a luego del 11 de septiembre.
–Para que vayan a comprar otra vez; tienen bonitos nombres para los varios tipos de créditos –Terminaba de decir esas palabras con lo último que quedaba del cigarrillo –CMO, CDO, SAB, ABS. Saben, creo que hay 75 personas en el mundo.. si 75, que saben que son. Pero les diré donde están.
–Las ADM o Armas de Destrucción Masiva – Ya me estaba recorriendo de nuevo de punta a punta el podio –así se les decía cuando estaba lejos, la avaricia parecía por aquel entonces que se fortalecía con algo de envidia. Los grandes financieros se iban a su casa con 5000 millones de dólares al año.
–El Banquero.. – En ese momento yo detenía el cauce natural de la frase a propósito y los volvía a mirar –miraba a su alrededor diciendo para si “mi vida es muy aburrida” comenzando a partir de esa aseveración a modificar su interés, el de él, no con el suyo, no. Con el vuestro.
–el de él, no con el suyo, no – por ese entonces de la disertación hacia un gesto con el dedo hacia atrás – con el vuestro. Porque puede hacerlo.
–..con el vuestro. –A esa altura de los acontecimientos el gesto era evidente, con el dedo los señalaba a todos en la platea –Porque puede hacerlo. Ustedes deberían ganar no ellos y lo lindo del trato es, que nadie es responsable porque amigos.. todos beben del mismo lugar.
–.... todos beben del mismo lugar – Algunos ya se habían parado, otros, se mantenían sentados, pero sin importar que hacían, a esa altura aplaudían como locos –Entérense amigos, el 40% de las ganancias corporativas en los Estados Unidos provienen de los servicios financieros, no de la producción estadounidense.
–Tomamos un dólar, lo llenamos de esteroides y decimos que es un ejercicio. Yo le llamo la Banca engrosada. – La gente que había venido a escuchar el discurso no paraba de reír a lo que hice un silencio adrede para resaltar lo que pretendía dejar claro. – Y odio decir esto, pero vivimos en un modelo de negocio en bancarrota; es sistémico, indignante y global. Es como el cáncer. Es una enfermedad y tenemos que luchar contra ella.
–¿Cómo pondremos esa enfermedad a nuestro favor? – Dejando que el tiempo se asentara y la gente dejase de reír, encendía otro cigarrillo en tanto miraba fijamente la cara de los presentes. Con ello dejaba que la pregunta calara los estratos más profundos de la psíquis de los oyentes – Se los diré en 3 palabras “Compren mi libro.”
–… Se los diré en 3 palabras “Compren mi libro.” – Todo el auditorio para ese momento me ovacionaba parado, en tanto yo, seguía moviendo el libro a un costado de mi cara para delante y para atrás.