Ella

Cuando la vi, iba apurado pues tenía una disertación sobre ecología y medio ambiente en la Sala Vip del hotel en que me hospedaba. Ella, estaba en la recepción discutiendo con el Encargado sobre cuando iría a poner los ramos de flores, pues, por un motivo u otro nunca podía acceder a los pasillos.
Recuerdo al día de hoy que casi me hizo tambalear cuando nos conocimos; iba pensando vaya  a saber que cosa, cuando nos dimos de frente. Ahora me río, pero había que ver la cara que puso por haberle hecho caer un trabajo floral mojándome por ende el traje en el proceso. En principio pensé que sería una incapacitada, pues me habló por señas, asumiendo que fuese muda. Pero me impactó su modalidad de ser, ¿cómo podría explicarles?
Impulsiva, detonante, impetuosa, vehemente. ¿Quizás? No lo se, pero sentí todo eso por separado y al mismo tiempo junto; de andar veloz, concentrada en una mesita que daba sobre una esquina del pasillo, y sus ojos.. ojos que por ese entonces se me antojaron hermosos, grandes. Me quedé mudo luego de una sarta de disparates que le dije lo que posteriormente gestase que  me arrepentiera. La ocasión permitió  que ella gesticulase en una forma grandilocuente y sin saber que decir, me di media vuelta y me fui por donde yo venía.
Luego la vi en el mostrador dialogando sobre ciertos trabajos florales. Fue cuando la abordé.
-¿Te gusta burlarte de la gente fingiendo que eres Hellen Kelly? –A boca de jarro le increpé haciendo que el Encargado mediante una disculpa se alejase de nosotros –Bueno, técnicamente ella también era ciega, así que sigamos.
-Verás, resulta que conozco un poco a las personas, éstas, tiran mucho los tejos y puede que desde el día que pusiste el primer sujetador, fueres inteligente, creativa y profunda pero, ¿cómo es posible que los hombres sólo vean el envoltorio.. –ya por ese entonces había dejado mi maletín de ejecutivo en el piso, y ella depositado su trabajo en el mostrador disponiéndose  a escucharme. Recuerdo hasta la postura que adquirí cuando me había plantado de cara a ella. –Te sientes halagada.. si halagada, pero al final.. al final te cansa porque no tienen nada que ver contigo.
Ella me escuchaba y se le sentía que se iba caldeando por dentro, se dentotaba en sus ojos que aunque por instantes mirase hacia abajo, echaban chispas. Me miraba fríamente como calculando pensando para si – ¿Y éste tío que onda? – pero me dejaba despacharme a gusto.
–Tu naciste así – Molesto con ella le increpaba –Sin hacer nada, pero tu interior.. eso si es tuyo. Eso, es lo que quieres que te vean de verdad, incluso un desconocido. Por tanto, finges tener una discapacidad en lugar de dignarte en mantener una conversación con otro ser humano.
–¿Qué intención tenías?  – Plantándose abierta de piernas y con los dos puños cerrados sobre su cadera; instante que había dado por sentado el concepto que había logrado propiciar y me disponía a retirarme –Una conquista romántica y tierna en un bar rodeado de alcahuetes antes que consumáramos nuestro amor ante el resplandor de una película porno.
–Siento mucho que tu pequeño.. –Mientras me hablaba apuntaba con su dedo hacia mi cabeza y de igual manera debajo de la cadera, donde estaba mi pene –no haya salido como es debido, pero sabes, seguro que la próxima tía que conozcas en el ascensor..  no se, en el gimnasio quizás, desempeñará ese papel a la perfección. Pero apuesto a que tu mujer es tan estúpida que se cree que eres el único tío integro que hay.
–El único. –  Me miraba fijo y por instantes se calló; su cartera había caído al suelo, en tanto yo mantenía asido mi portafolio –Hasta que encuentre la manera de que te caminen sin calzoncillos..
–Se te acabará el fuego ¡¡amigo!! –Me empujaba con su dedo golpeándome el pecho.  
Luego de ello me dejó plantado en medio de la recepción. Hacía siete años que mi señora había fallecido en un accidente de tráfico y perdido mi familia, claro, ella no  lo sabía  y por vez primera , esa mujer me había movido el piso luego de ello. Salí corriendo tras ella sin preocuparme por la disertación programada con antelación pensando “Esa mujer.. esa mujer”
Ahora no me arrepiento todo lo que ocasioné al patrocinador, toda esa gente que dejé planteado en la Sala Vip de aquel Hotel en Nevada. Ahora ella es mi mujer, mi amante, la madre de mis hijos.