El disertante

El disertante, micrófono en mano y con una pantalla gigante detrás del mismo donde se le se veía hasta en los lugares más recónditos de la sala repleta de sus fans, ya estando en el podio, comenzó de la siguiente forma su disertación:

-No hace mucho tiempo, un equipo universitario perdió los primeros partidos del año; iban de cabeza al desastre y entonces ocurrió algo, un suceso que cambió todo para su entrenador – El hombre se detuvo un instante la conferencia, y el silencio poco a poco comenzó a cobrar forma; la gente que había ido a verle en persona ya no reían. Estos, escuchaban atentamente. –Aquel hombre comenzó a dormir en su despacho logrando reinventar las leyes del juego, para ello estudió uno a uno cada video de la temporada donde el grupo de béisbol habían intervenido.

Acercando un taburete con respaldar a la orilla a centímetros de la primera fila continuó con su exposición ante todos éstos.

–Se dedicó al asunto día y noche; acababan de ganar el campeonato general. –Se bajo del taburete y comenzaba así a recorrer con la mirada mientras continuaba hablando, a cada persona de la primera fila provenientes de distintos lugares del país, para volver al centro y recorrer lentamente el pasillo. El silencio era espeso como la neblina más boscosa que hubiera sobre la bahía. En tanto caminaba deteníase cada tanto. –Bien. Después de la celebración, el champagne y todo ello, subió a su habitación abriendo el armario donde guardaba su escopeta Browning de dos cañones, se la puso en la barbilla y oprimió el gatillo.

Para ese entonces la gente lo miraba con los ojos convertidos en un plato, en tanto, sólo se veía la figura del disertante mirando uno a uno a cada individuo que había; en silencio comenzó de vuelta al podio central. Parado ante la multitud continuó.

-Verán, el suceso que cambió todo al inicio de la temporada, fue que su hermano, haciendo un receso para que sus palabras obtuvieren mayor fuerza, su amigo en todas partes, murió de un infarto –La gente miraba cada gesto, cada mueca del hombre –¿Qué quiero decir con todo esto?  
Uno puede hacer grandes cosas, incluso ganar el campeonato nacional, pero.. pero sin no afrontas tu dolor, el del alma, éste te pasará factura. Quiero daros las gracias a todos y cada uno de vosotros  por sentir la perdida de vuestros seres queridos. Se que no es fácil, yo lo he vivido, pero hay que asumirlo como parte de la vida misma.

El silencio continuaba en la sala; el hombre se sentó en el taburete y comenzó a mirar a cada uno de ellos. El aplauso, aunque en principio era tímido fué "in crecendo" hasta que se se hizo sentir en todos lados.