Sombras, nada más

-Bueno. No es cuestión de correcto o incorrecto; es ultracorrecto o es ultracorrecto – Así hacía mención el hombre gordo en el vehículo estacionado a la vera de un camino vecinal con vistas a las luces de ciudad a los lejos; su acompañante, apenas se vislumbraba dentro dando lugar a una figura de perfil. Eso. Comenzaba así, las los primeros albores matutinos –con juramentos y toda esa mierda. La gente protegerá sin importar nada más Balt Parkway; verás, estaba ahí pero en la calle 65, allá abajo sobre el muelle manejando como un loco cuando los policías me paran para hacer una prueba de aliento, encerrándome en consecuencia por dicho motivo.

-¿Y se lo tragó? –Mencionaba su acompañante, iluminado brevemente por la luz de un cigarrillo.
-No se tragó nada – respondía el hombre gordo –Es una historia real, yo no tenía..
-¡¡Ahhh!! vamos..  –Se escuchaba decir en tanto una voluta de humo se vislumbraba con las primeras luces del amanecer.

-Veras – Le comentaba el hombre obeso a su interlocutor, sosteniendo en la mano una bolsa en tanto fugazmente oteaba las luces de la ciudad, allá en los bajos, y como gestando un monologo, al mismo que sorbía un licor barato, continuaba explayándose –Se lo debía a unos corredores y  por aquella época no tenía con que pagarles. Así que alguien del Bar llamó a la policía. El  Juez que estaba escuchando me dijo “No es cuestión de correcto o incorrecto, sino de.. ¡¡ultracorrecto!!  o ¡¡ultraincorrecto!! porque el acusado tuvo que romper la ley para proteger su propia vida”.

-¡¡Jaja!! –El sonido de un proyectil hizo eco en las laderas lindantes; en  tanto eso daba lugar se hacía con la bolsa de dinero alejándose en la oscuridad que comenzaba a desvanecerse.