¡¡ja!! ¿Y ésta?

¡ja!! Y esta piba piensa que soy de ella, ¿qué? ¿Soy algo que se compra? Es cierto que me gusta incursionar por el precipicio de su piel. Cuando sonrío la tengo atrapada, aunque cree que por ese hecho, mis sueños y mis deseos se desplazan hacia su realidad.
¿Qué realidad? La de tenerme atado a sus caprichos. Recuerdo cuando te conocí mija. Caminabas por el parque en un día primaveral dejándome tieso como una tabla; delicada, sexy, pasando un foxterrier a al vera del camino. Te aproximaste seduciendo, sumisa sin demostración.
Y pensás que todavía sigo siendo tuyo. Despertá nena, no tengo prisa por llegar a tu corazón pues no me interesa detener los monstruos cotidianos para decirte que te extraño. Si lo nuestro ya fue. Fue sexo, ardor, cuando cual gacela te aventuraste a un mundo ignorado, extraño como negado por vos. Rompiste en ese instante una aspereza fetichista, ya que tus temores grabados los expeliste. Fue cuando nos conocimos íntimamente. Pero todo eso pasó, despertá del letargo che.
Esta bien se que pensás que todavía sigo siendo tuyo, en tanto la noche se apiada de vos la cual retrasa la llegada del amanecer. Cuantas veces te he dicho que eras lava por dentro pero tu comportamiento todo un iceberg. Ardiente como un volcán al tiempo que aplacada. Y cuando todo pasó. Quedó la cáscara, ya que demostraste quien eras. Poseías una objetividad intríneca o ¿sería una incomprendida verdad? Tu juzgamiento era discernido y errabundo.
Sabés, aún así sigo queriéndote.