Lascivo comportamiento

¡Que mujer por Dios! Poseía esa mirada que más de uno la podría catalogar de lasciva. Cuando caminaba no había quien pudiere resistirse a su comportamiento: cual paso de felina meneaba con pachurriento desden su cadera. Era tanto para hombres como mujeres, una explosión de deseo latente; su acercamiento, toda ostentación.
Gestaba en uno, si lograbas de ella un fugaz y tímido beso, ese tipo de palpitar que bien podría definirse cual caricia de un incauto viento.