Navidad navidad

Éste es un cielo, cielito,
cielo de Navidad,
para pensar, para cantar,
para esperar
y esperar y esperar.


El camión a duras cuestas subía la empinada loma, tras un largo peregrinaje por los Alpes suizos. Al llegar a la cima, Otto de mediana edad no prestaba atención al entorno que sólo se da en la alta montaña. A su derecha un precipicio de unos 1000 metros caía como si éste fuese tallado por un gran cuchillo, a su izquierda, el magnifico valle cubierto del hielo invernal que solamente se da en esa parte de Europa. Pegando la curva luego de la loma, los vehículos detenían un tanto  su marcha,frente a un puente. En ese instante, al estar unos 50 metros, fué que todo sucedió.
Una cubierta explotó ladeando el trailer que poseía obligando a que los vehículos que iban y que venían golpearan contra el camión; unos caían por la baranda del puente hacia el río helado, otros lo hacían sobre la rivera del mismo, varios, se superponían sobre otros.


Hace como dos mil años
hubo otro cielito igual,
lindo pensar, lindo cantar,
lindo esperar
y esperar y esperar.


Una Subaru todo terreno corría velozmente por la autopista hacia Capetown.
Sarah, una subsahjariana de estirpe Tswana llegaba tarde al trabajo; ésta, la subsahjariana, llevaba consigo su pequeño hijo de tres meses en el asiento trasero. Debía dejárselo a Jhon un británico nacido en Pretoria, su marido.
A su izquierda la majestuosidad de Table Mountain en todo su esplendor tapaba el vidrio lateral izquierdo, sobre su derecha, Capetawn se extendía en toda su dimensión; La carretera serpenteaba por entre la montaña. A pesar de haber salido con el clima nevando desde su casa, al llegar a la zona de Table Mountain, este se tornó soleado con algunas nubes ocultando parcialmente Ciudad del Cabo. Escuchando una melodía Afrikáans giró su cabeza hacia donde su pequeño se hallaba. El biberón del mismo, había rodado por el piso de la Subaru todo terreno. Esta, la Subaru, corría a 100 kms por hora cuando al alargar la mano para asirlo, el vehículo impactó de frente contra un camión cargado de trabajadores de la etnia Zulu que iban en dirección contraria hacia una de las minas de oro en Johanesburg, la Nueva York de Africa, donde llegan gentes de todos países africanos en busca de trabajo para vender sus bellos productos hechos a mano.


Estos cielitos renegridos
son los que anuncian la paz;
hay que pensar, hay que cantar,
y hay que esperar
y esperar y esperar.


-¿Qué me sucede? -Otto se preguntaba ya que veía la escena como si flotase.  Observaba como varias  almas se levantaban entre los hierros forjados a fuego y desechos. Es en dicho momento cuando  un hombre con coraza negra y armadura del medioevo procede a jalarlo como si una  bolsa de patatas fuese, trenzándose en batalla feroz con seres del inframundo.


-¿Dónde estoy? -decía Sarah incongruentemente.
-En la Clínica -uno de los doctores contestó. Se hallaba en la parte posterior del ala oeste de la misma, a lo lejos entre planicies suaves y onduladas.


-¿Estoy muerta?
-No. Está de visita por estos lares -le respondía de dicha manera, Rubinstein. Ella se hallaba en silla de ruedas; sobre su cabeza tres ángeles, tocaban una melodía de Strauss.

Y un trueno por este cielo
no digan que queda mal,
hace dudar, hace temblar
y hace esperar,
y esperar y esperar.



-¿Estoy muerto? - pregunta el aleman.-Recuperándose– recibe como lacónica respuesta por parte del Doctor.
En medio de una vista celestial de praderas, lagos, árboles y valles ondulados se hallaba “La Clínica”.


Sarah
-¿Estoy en el cielo? Un silencio se hace notar. Una tonada de pequeños pajaritos, como única repuesta fue su única contestación.


Si te quitan este cielo
míralo dentro de ti,
piénsalo allí, cántalo allí,
siéntelo allí
y a esperar y a esperar.


Hacía un mes que Otto, un alemán de mediana edad se hallaba en estado de coma en un Hospital en Alemania. A su esposa le habían dicho que no tenía posibilidad de vida. Le sugerían un que lo desconectaran de los aparatos de sustentación de vida. Ella se opuso tenazmente.
En un instante en que su señora dormía al lado de la cama del paciente, Otto comenzó a despertarse; Los médicos no daban crédito a lo que veían, salvo su señora. El chofer del camión retornaba paulatinamente a la vida.
Llorando de alegría le preguntó a su marido ¿cómo se encontraba?  Ante dicha interrogante, él, Otto, le respondió que lo único que llegaba a recordar era un sueño en el cual había junto a él, un guerrero del Señor, Seres del Inframundo que le partieron la cabeza con una espada y posteriormente, una clínica.


Sarah
-¿Le damos de alta? -Preguntó el galeno a Rubinstein, el médico gurú.
-Sí, pero antes borrémosle su vivencia en el Reino del Señor. Que retorne luego de ello.


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PD: El cántico de navidad se llama Cielo de la Noche de la Navidad. Villancico uruguayo.