Realidad irreal o irrealidad real

Leticia trabajaba en una empresa unipersonal, su esposo Jacinto la ayudaba cuando podía; él hombre sufría de un tumor en los intestinos que no lo dejaba en paz, aún así, se las ingeniaba para ayudar a su esposa en el negocio familiar. El mismo, el negocio, había sido de la familia de tres generaciones de los Martínez.
Su mundo era ese. Ella se levantaba temprano en la madrugada para encender el horno de pan; él, como podía y su enfermedad le permitía, caminaba las tres cuadras que distaban de su negocio. Eso ha sido su rutina. Hasta el día de hoy.

Una cara de la moneda
Su esposo, hacía ya tiempo que no cumplía sus funciones maritales en parte a causa de su enfermedad, pero también por "lo otro". Ella, Leticia, más impulsada por el degaste conyugal aunado a eso llamado “otro” comenzó a buscar mundos alternativos. Lo encontró en principio en los foros, siguiéndole los blogs, y por último a consecuencia de éstos, foros y blogs, un espacio donde ella era reina y soberana.
Siendo de noche, un grupo de adolescentes se cubrían bajo un alero tomando alcohol y otros fumando un porrito. Se lo pasaban de mano en mano. Era una calle desierta, ni un alma pasaba por ella.
En medio de una garúa finita que aunque pareciera que no mojaba, que hacía que el frío calara hasta los huesos, se empezaba a notar un comportamiento distinto en su forma de actuar, Marcelo percibía una sensación de euforia y un aumento en las percepciones visuales y auditivas a pesar de no haber aspirado mucha jamila. El mencionado adolescente, era el hijo mayor de la familia. Lo “otro”, era eso, innombrable.. la droga.

La otra cara de la moneda.



Deseas. Pero no te animas o..
temores inculcados, recelosa,
miedo impuesto, conducta retraída.
Temblorosa quieres dar.. ¡ese paso!

Cual hontanar tu frente gotas cae,
como trepidar pulso palpitar.
Aroma de mujer.. ¡espacio late!




-Amor –la única frase de la mujer en tanto dos cuerpos se fundían en uno solo, en el dormitorio de un hotel en las afueras de la ciudad. Su media naranja, 20 años menos. Se conocieron a través del chat, por el messenger. Al principio, intercambiaron unas palabras, le siguieron fotos, la de ella un tanto tímidas, la de él, más osadas mostrando su atributo hasta el punto que su slip Pierre Cardin le permitía.

Entre lo real y lo virtual
Movida por un sentimiento que los humanos le llaman "estima" (¡Qué término tan humillante!), hacia cierto participante que pulula por este espacio, vino a registrarse.
Leticia cayó por el foro en cuestión, en paracaídas, nadie la vio venir, ni siquiera fue detectada por los controladores aéreos de la Torre de Control del Aeropuerto. Como escribir no escribe, ¿acaso la lista del supermercado cuenta?, por lo menos lee. Eso se dice, mucho no se le da por comentar los textos ajenos, así que se puede decir que casi se ha registrado al pedo. Mantiene una velada identidad del usuario que la ha llevado de la nariz, como una inerte marioneta de sus caprichos, a aterrizar en este oasis poético, dígase foro. Sobre el tema del chat, si bien una cosa la fue llevando a otra en rigor, un alma atormentada es un alma despierta. Se ha escrito para los foros mucho acerca de los temperamentos artísticos y sobre enfermos tan crónicos que han muerto de locura, como es el caso de Maupassant, un gran escritor y más que eso, un gran ser humano. Habría que intentar dilucidar si la obsesión por la lectura no es en parte una especie de necesidad ultra terrena, así como el escritor busca en su creación un escape momentáneo hacia una región alterna donde el mecanismo y engranaje es a voluntad del hombre que lo inventa. De ser así, el lector trasciende en la lectura a otra dimensión donde las reglas corrientes son abolidas por la ficción.