El último orgasmo

Es creencia popular que, de verlos nos horrorizaríamos, mas esto no es verdad porque ellos son hermosos y algunos hasta poseen la liviandad que las alas confieren. Y después de haberlos conocido, nos encantan. Su carisma es único, atracción pura. Sus facciones son bellas y en el mismo momento en que interactuamos, algo se nos dará por añadidura y es que, ellos serán nuestra eterna salvación o destrucción.
Imaginémoslo así.
Este mundo apesta y nosotros nos pudrimos con él, por ello es necesario que busquemos salidas para nuestra desgracia y mala fortuna. Así es como, una noche cualquiera mientras caminamos por la calle, nos topamos sin saberlo con uno de estos seres. No lo vemos, pero él a nosotros sí. De repente nos asalta una sensación de miedo y volteamos hacia atrás, mas nada inusual o extraño se puede divisar. Tal vez, sea el fruto del juego capcioso de nuestras mentes. Sin embargo, tenemos la sensación de ser vigilados. El corazón nos late acelerado. Miramos hacia atrás nuevamente y… nada. Finalmente, llegamos a nuestro destino. Buscamos un vaso con agua para calmar la ansiedad. Bebemos sin saber que este será nuestro último trago.
Pasamos al dormitorio. Estará vacío. Por la ventana se colará la luz de la luna. Antes de desnudarnos corremos las cortinas. Y ahora sí, totalmente desnudos nos acostaremos.
En ese día, la cama camera no nos parece tan grande y solitaria, porque algo o alguien nos acompañará. En un último desconcierto buscaremos alguna anomalía, pero no la habrá. Concluiremos, que nuestra mente vaga demasiado y también que ya es hora de dormir. Pero curiosamente, alguien piensa diferente.
Inesperadamente, debajo de las sábanas sentiremos dulces caricias que inundan nuestros sentidos. El placer no se hará esperar y creyendo que es un delicioso sueño, gemiremos al acercarnos al éxtasis sexual.
De pronto, como que despertamos y hacemos conciencia de que alguien está sobre nosotros y nos incita a juegos profanos. Como negarnos a tal goce, si una de nuestras más caras fantasías se está haciendo realidad. Misticismo, erotismo, que más podemos desear.
Acto seguido, un curioso frío nos invadirá. Es nuestra hora de caer. Más en nuestro interior algo musita que sigamos, que nuestra hora está llegada. Por eso hay que disfrutar y gozar tanto como podamos.
Y envueltos en un torbellino de emociones encontradas nos llega el orgasmo. El placer cercándonos nos hará su presa y nada importará ya. Es sólo cuestión de sentir. De sentir una filosa mordedura de colmillos en nuestro cuello que nos volverá a hacer gritar, pero ahora con terror. Tarde, porque la catástrofe comenzó y nada la detendrá. Sentimos el llamado de la muerte aunque deseemos otro tipo de muerte.
La sangre se esparce sobre nuestra piel, y en la comisura de los labios de él. Nuestro líquido vital y cálido escurre por sobre nuestro cuerpo desnudo, y la muerte viviente nos llama porque el telón se ha alzado.
Sentimos el ardor del elixir escarlata bajando por nuestra garganta. Sentimos que nos quemamos, y sentimos que caemos y caemos hasta nuestras tumbas. Él se ha apoderado de nosotros y nos regala la muerte viviente. El dolor de la catástrofe termina.
Ahora nos sentimos vivos y vemos a nuestro creador. Nos sonríe mostrando su maldad y oscuridad. Queremos vivir por la eternidad. Queremos vivir entre las sombras. Queremos sangre nueva porque ya sentimos hambre.
Y hacia las sombras nos dirigiremos para aguardar allí a quien merezca ser alcanzado, pero ahora por nosotros.