Botija

Chiquilín de los suburbios, gurí,
cual Maradona fueres transitabas
por el despoblao y el caserío
con el cuzco viejo y balón de trapo.

Entre las lagunas y el barro fresco,
la lluvia matinal como la escarcha,
la ventisca del frío invernal así,
entre la gurisada transitabas.



-¿Una monedita por favor?- Juancito de diez años recién cumplidos con su túnica de colegial, originariamente blanca pero carcomida por el paso del tiempo, atinaba a decir frente al paso de los transeúntes, previa a la fecha de navidad que se avecinaba. Un cusco viejo y sarnoso era toda su compañía.


Tú que en las calles habitas solo
que tu juguete un fusil es, ¡negro!
Que la vida tu escuela es, ¡niño!
Que el ejército es tú amigo


Te forjaste soldado hombre niño,
donde la razón intolerada sucumbió
frente al más fuerte y poderoso
marcando tu devenir y futuro


Elena, la enfermera, entró a dejar las llaves de la policlínica en la sala donde estaba reunido el Equipo de Educadores del Centro de Educación Infantil.
La notaron extraña, muy parca en el saludo. Ella movió su cabeza y dejó caer levemente el mentón sobre su pecho. Todos los del Equipo especulaban sin decir palabra. Las hipótesis corrían por sus mentes .....
Recordaban que su compañero había salido del Complejo Penitenciario de Santiago Vazquez hacía dos meses...
Esperaron la respuesta en silencio. Elena se puso las manos sobre su vientre y trazó la figura de una panza... Todo dicho, sin hablar.
La Asistente Social hizo cuentas para si: veintiséis años, sexto hijo y segundo de ese hombre.


Entre el pueblerío y los nenes de mama
un rancho de lata en el descampao
entre la nada y el todo vos, guri,
la túnica de la escuela y el balón.


Así jugabas, en tanto tu vida pasaba de largo, sin tener conocimiento del tiempo y el mundo que la Sociedad te impuso.



Botija ¿qué esperas?
Tu madre procreando vive
Tu padre, no es tu antecesor
Tus hermanos, tus hermanastros



Pero la navidad es para todos y para vos también chiquilín de los suburbios. Con el devenir de los tiempos, la Sociedad cambió. De pronto tuviste un albergue, donde cobijo obtenías, una escuela donde alimento te propiciaban.


Botija ¿qué esperas?
Tu alimento, el basural es
Vestimenta, la que te den
Tu subsistencia, la calle es



La madre


-¿Y esto? – La carta pasaba una y mil veces frente a la cara de quien fuera el padre de uno de sus hijos. -Las veces que te tuve que soportar tu mal genio, el carácter tuyo que me hacía sumirme en mis pensamientos, pues tu, señorito, decías amarme más.
Cuando me entregaba a ti, era más para complacerte que por otro motivo; tenía que soportar tu mal aliento, producto del alcohol barato que consumías junto a tus amigotes, mientras pasaba las noches en vela esperando por ti y preguntándome una y mil veces, ¿vendrá vivo o muerto? Aún asqueándome me dejaba hacer.

Navidad

De momento todo se iluminó, fue cuando el otro ocupo su lugar; no te diste cuenta del cambio del tono de voz, la postura física, ni los ademanes. Simplemente se adueño de ti. Fuiste un hombre duro pero, cuando el sentimiento fue tan abrumante y quisiste decir lo que sentías, lloraste; volviste a ser niño ante tu hija recién nacida.