Oquedad

Una oquedad como Foso de las Marianas
así como un vacío, morando fue en mi
el silencio... En atractivo vacuo tornase.
Los gestos insignificantes se trocaron.

Quise guardar, como ultimo hálito de vida
tu risa, tu alegría contagiosa más,
el rencor, mi alma emponzoñada, deteniendo
el cauce innato de mi voz, el espacio acalló.

Quise contagiarme de tu fervor expuesto
tu alegría contagiosa, arrebatadora
más, como instante en diapositiva quedé
tieso como roca. La inquina floreció.

Ahora el vacío reina en mi alma ermitaña,
el silencio corroe mis entrañas. Fluye.
Manantial de odios y afectos encarcelados
apegos interruptos, cariños truncados.

Culpa existente, exculpación inexistente,
palabras hirientes, temores perniciosos
frases dichas, entredichos inexplicables
amor y odio, una compaginación total.

Soledad es mi amiga pero no estoy solo.
El vacío es el rey, reflexivo el amigo,
el lleno mi confidente, el vano el que habita.
Sin serlo, solitario el camino transito.