Sin saber donde


Sin saber donde, te metiste y lo hiciste; cruzaste un salón revuelto, lleno de olores de diversas procedencias, por entre gente que te ignoraban; subiste una escalera de madera como el viento que te vuela el alma; fue cuando lo viste y atacaste.



Escapar fue lo de menos, pero te capturaron. La fiesta fue un hecho: sentiste como te comían por dentro, como saboreando la presa, hasta que gritaste sin saber si estabas en tu casa o en otro sitio pues, tu conciencia se había ido de viaje.