Martín

Noo…
El viaje.
Rodeado de grandes colinas, me hallaba sentado en una silla mirando sin mirar, con la vista extraviada.

En algún lugar.
-Y doctor, ¿cree que podrá?
-Si.

Escenas fugaces.
La casa estaba inmersa entre grandes árboles que tapaban prácticamente su forma. La visión no permitía ver a los laterales, creando así la idea de un túnel, lo que llevaba a forzar los sentidos visuales y perceptivos.
A posterior de ello se dio un cambio de imagen abrupto: interiores de lo que sería la casa. Esta sólo consistía de un gran salón, con una recepción y asientos para esperar apreciándose detrás mío una puerta, y delante otra.

En algún lugar.
-Doctor. Es aquí que vienen las almas cuando no poseen cura. –Escuchaba decir en forma tenue y apagada, procedente del Doctor Marqués.
-Efectivamente. –Contesto.
-Entiendo El Señor no es perfecto, y no puede con todo, por tanto requiere ayuda- Recibo como contrapartida.
-Veamos.

El nosocomio.
Consistía de una Sala principal donde se ubicaba la Recepción, y a un costado de la misma existía una puerta cerrada, tras la cual, había una única habitación repleta de almas en estado catatónico; ubicadas uno arriba del otro constituyendo filas y columnas.

Escenas fugaces.
De pronto todo lo que logré ver se desvaneció. Siendo transportado a un jardín completamente espeso, que a duras penas dejaba pasar la luz, a causa del follaje. No se escuchaba nada. Era el sonido de la muerte.
Sólo se vislumbraba un corredor serpenteante cuyo final daba una curva, dando la imagen de una selva espesa. Las ramas de los árboles, formaban una cúpula de hojas lo que me generaba la idea de un monte muy espeso.

Otro giro de escena.
Un rancho todo roto y luz adentro. Cuando quise acercarme, todas las puertas y ventanas se cerraron rápidamente, como queriendo impedirme el acceso, pero no lo logró.
Otra vez una sala pero ésta, a diferencia de la anterior, se encontraba llena de polvo y moho, repleta de papeles volando por doquier, dificultándose la visión.

De golpe otro cambio de escena.
Un muchacho, de melena rubia de unos veinte años, no mas de veinticinco el cual acurrucándose en una esquina balbucea “¿Quien eres? A lo que le contesto “Tu tío”
desapreciando ambos del lugar.

En algún lugar.
-¿Y doctor? –pregunta el doctor Marqués.
-Se esta recuperado; logré entrar a su mente. Ahora que queda en estado de observación.
Vera, él había fallecido a causa de una sobredosis de pasta base, en la ciudad de Montevideo, Uruguay. Tuvo una recaída motivada por los implantes cerebrales. Queda en vuestras manos. –Desvaneciéndome en la nada