Sin saber donde


Sin saber donde, te metiste y lo hiciste; cruzaste un salón revuelto, lleno de olores de diversas procedencias, por entre gente que te ignoraban; subiste una escalera de madera como el viento que te vuela el alma; fue cuando lo viste y atacaste.



Escapar fue lo de menos, pero te capturaron. La fiesta fue un hecho: sentiste como te comían por dentro, como saboreando la presa, hasta que gritaste sin saber si estabas en tu casa o en otro sitio pues, tu conciencia se había ido de viaje.

Crucificando a una cristiana

Desde su Sede Central ubicada en la Cofradía de las Tres Marías en el Reino entre el Aquí y el Allá


Para todos los lectores.
El Gurú de las Artes Mentalistas y Predictivas.
Viajero y guerrero astral.
Médico en lo paranormal
tiene el desagrado de presentarles:



** Crucificando a una cristiana **
Visiones del mundo de los vivos


Sede Central de Rubinstein
Cofradía de las Tres Marías
El Reino entre el Aquí y el Allá


A pesar de que un manto de nubes bajas que no llegaban a cubrir mis pantorrillas tapizaba todo el lugar, aún así, se distinguía la valla serpenteando a lo largo de un camino de piedra. Cuando arribé a la puerta de ingreso cuya forma, era de arco, descansaba un letrero que se mecía por efecto del viento. Lo que en él estaba escrito hacía mucho tiempo que se había borrado, aunque si uno se fijaba bien, alguna letra podía vislumbrarse, sólo que había que acostumbrar la vista. Era una noche sin luna ni estrellas.
El manto de nubes de un tono blanquecino llegaba a cubrir mis piernas. Cuando miré por vez primera dentro de la arcada apenas se distinguían, la parte superior de una serie de lápidas puestas en forma irregular, pero que se iban diluyendo hacia el fondo. A sus costados, se lograba apreciar una especie de árboles dispersos. En los espacios libres se distinguía un cielo oscuro sin luna ni estrellas.

En algún lugar entre el aquí y el más allá.
-Guerrero, ¿qué hizo después?
Me detuve en una especie de loma, pero me apoyaba sobre algo muy liso, recuerdo la forma que me rodeaba lo que así me hacía suponer, aunque cuando observé el lugar con detenimiento, me hallaba flotando encima de una lápida acostada. Todo a mí alrededor, estaba cubierto de un manto blanquecino de nubes, que llegaban a la altura de la pantorrilla.
Todo se oscureció en mi entorno, y de repente sobre el horizonte de mi percepción vislumbré algo. Se escuchó crujidos y sobre otra loma se apreciaba el contorno de un árbol sin hojas, pero que en tiempos buenos esté hubiera estado cubierto de un follaje espeso.
La forma desde donde lo apreciaba, daba la sensación de un hongo. A sus costados una luz roja carmesí remataba la periferia de la visión. Sobre el suelo: una gran manto de nubes cuyo color se podría definir como rojo sangre.

-¿Está cansado soldado?
-No
-Prosiga.
Un cántico, o lo más cercano a ello escuché. Figuras que se perfilaban sobre el horizonte. En el árbol que si hubiere estado en otro lugar hubiere sido frondoso, colgaba como un saco muerto, una cristiana, la cual se bamboleaba, pero, estaba atada de pies y manos a una rama.
Desde el montículo que veía la escena, se hizo presente una luz, en tanto las nubes que cubrían mi pantorrillas, se tornaban algo así como un color carmesí.

-Entonces, hubo algo que le llamó la atención.
-Si…
Se presentó una figura del más allá y de golpe se hizo un silencio sepulcral en tanto sus adoradores se desvanecían ante la presencia de dicho ser.

-Sírvase un vaso de agua. Entonces, ¿qué pasó?
Cuando ésta era arrastrada de los pelos, ambulancias, paramédicos y un helicóptero trabajaban sin cesar en medio del caos creado. La montaña y todo su alrededor estaba iluminada por el fuego producido a causa del siniestro. Fue cuando dicho ser me detectó y emitió un grito, o lo más cercano a ello,fue en el instante que sentí la onda de choque.
-¿Cómo es eso?
Vera, lo que parecía la onda de un sonido, era una forma de energía volcada hacia mi cuerpo astral fue de esa manera contraatacando de la misma manera formándose ante mí, un túnel. Por su medio disparé una flecha, dirigida hacia el tercer ojo de dicho ser. Al momento de su impacto, todo se evaporó.

-Puede retirarse soldado.
Me desvanecí.

Lo acontecido.
Una camioneta todo terreno se había incrustado de frente en un camión de la Shell. Este último había derrapado al salir de la boca de un túnel en la montaña, yaciendo de costado obstruyendo de esta manera, la carretera que permitía el paso de los vehículos. Sobre la izquierda, existía una empinada cuesta, en el medio se encontraba la carretera, y sobre su derecha, un gran barranco.
Una morena de alrededor de unos treinta y tantos, iba desde su hogar a la ciudad, cuando hubo lugar el incidente.
Cuando el vehículo comenzaba a arder en llamas, producto del fuel oil derramado, parte de la consola del vehículo oprimía su pecho, en tanto su cabeza se hallaba de costado. Este, se termino convirtiendo en un pedazo de chatarra fundido en medio del camión.
Las llamas iluminaban la noche.
Colocaron el cuerpo de la finada luego de haber cortado los hierros que la tenían aprisionada en una ambulancia y los paramédicos comenzaban a cerrar su puerta cuando se escuchó un estertor. –No puede ser – comentaron, entrando de nuevo al vehículo. La morena se encontraba sentada sin ningún daño físico.

Había depositado el alma de la fulana sobre su cuerpo físico aunque maltrecho, pues sentí que no era su hora final.


En un instante simple

Lentamente lo viste venir, fue cuando saltaste. Todo a tu alrededor se convirtió en figuras de cera; la mujer, que aún a pesar del tiempo transcurrido, mostraba la lozanía de otras épocas, miraba hacia un escaparate; el diariero que se encontraba en la esquina, entregando un matutino a un señor que estaba apurado; las palomas volando hacia ti, unas figuras estáticas, no así, la dirección que llevaban. Todo sucedía en el preciso instante que hacías una voltereta sobre el capot de un vehículo en marcha, cayendo sentado sobre el otro lado de la acera, sin que nada te sucediese.

Martín

Noo…
El viaje.
Rodeado de grandes colinas, me hallaba sentado en una silla mirando sin mirar, con la vista extraviada.

En algún lugar.
-Y doctor, ¿cree que podrá?
-Si.

Escenas fugaces.
La casa estaba inmersa entre grandes árboles que tapaban prácticamente su forma. La visión no permitía ver a los laterales, creando así la idea de un túnel, lo que llevaba a forzar los sentidos visuales y perceptivos.
A posterior de ello se dio un cambio de imagen abrupto: interiores de lo que sería la casa. Esta sólo consistía de un gran salón, con una recepción y asientos para esperar apreciándose detrás mío una puerta, y delante otra.

En algún lugar.
-Doctor. Es aquí que vienen las almas cuando no poseen cura. –Escuchaba decir en forma tenue y apagada, procedente del Doctor Marqués.
-Efectivamente. –Contesto.
-Entiendo El Señor no es perfecto, y no puede con todo, por tanto requiere ayuda- Recibo como contrapartida.
-Veamos.

El nosocomio.
Consistía de una Sala principal donde se ubicaba la Recepción, y a un costado de la misma existía una puerta cerrada, tras la cual, había una única habitación repleta de almas en estado catatónico; ubicadas uno arriba del otro constituyendo filas y columnas.

Escenas fugaces.
De pronto todo lo que logré ver se desvaneció. Siendo transportado a un jardín completamente espeso, que a duras penas dejaba pasar la luz, a causa del follaje. No se escuchaba nada. Era el sonido de la muerte.
Sólo se vislumbraba un corredor serpenteante cuyo final daba una curva, dando la imagen de una selva espesa. Las ramas de los árboles, formaban una cúpula de hojas lo que me generaba la idea de un monte muy espeso.

Otro giro de escena.
Un rancho todo roto y luz adentro. Cuando quise acercarme, todas las puertas y ventanas se cerraron rápidamente, como queriendo impedirme el acceso, pero no lo logró.
Otra vez una sala pero ésta, a diferencia de la anterior, se encontraba llena de polvo y moho, repleta de papeles volando por doquier, dificultándose la visión.

De golpe otro cambio de escena.
Un muchacho, de melena rubia de unos veinte años, no mas de veinticinco el cual acurrucándose en una esquina balbucea “¿Quien eres? A lo que le contesto “Tu tío”
desapreciando ambos del lugar.

En algún lugar.
-¿Y doctor? –pregunta el doctor Marqués.
-Se esta recuperado; logré entrar a su mente. Ahora que queda en estado de observación.
Vera, él había fallecido a causa de una sobredosis de pasta base, en la ciudad de Montevideo, Uruguay. Tuvo una recaída motivada por los implantes cerebrales. Queda en vuestras manos. –Desvaneciéndome en la nada

Quien te...

-Hijo de…-La mujer, una morenaza de unos treinta y tantos años, esbelta, le tiraba un zapato de taco alto hacia la cabeza, el cual, el hombre al agacharse, éste, daba de pleno contra el televisor. –Quien te crees que… (el portazo se hizo escuchar, haciendo temblar un cuadro ubicado en una de las paredes del recibidor)