Historias de micros

Recuerdo un día que estando en el bar del Mono, disfrutando de un buen café colombiano, una charla de entre amigos asiduos al espacio de Prosa, en particular los Microcuentos, se dio de la siguiente forma:

-Otro café, Botija – La Manuela Arana con una bandeja en la mano, se encontraba ofreciendo café a todos los asiduos comensales de dicho espacio simiesco. Ese olor a café colombiano, recién traído de su tierra resultó ser irresistible. –¡¡Gracias mujer!!

El Javi se había engalanado con su mejor ropa de danza andaluza. –Yo te decía Botija que a mí me parecía que los relatos multiautor, no iban a caminar pero ese micro cuento que planteó Rubula, sí que fue un éxito. -Verás andaluz, lástima que no tenga para grabar lo que ha estado sucediendo en ese espacio, pues, pues hasta yo también tengo mis días de asueto, hoy es uno de ellos. –Respondíale el locutor de la afamada Emisora Radial, dejando sobre la mesa la taza de café.

-¿Y el Rubula Botija?- Mencionaba Juan Dirol, al tiempo que se servía una de las especialidades del bar, un rico entremés. -No sé.

-Botija – La Susy recién llegada de Argentina, se había acomodado a la diestra del locutor - Deben ser menos de 5 líneas, para dar lugar a escribir a más escritores.

-Fijate Botija- el Roger para los amigos, para los otros el Alablú fumando un habano cubano- dicen que teniendo únicamente ocho añitos la fulana que no he de nombrarla, nos contó cuando a tía Mercedes se le presentó un forastero con un nombre extraño y acento de otro lugar, sobre un caballo negro y grande como el tamaño de un adulto de estatura normal, resoplando y parándose en dos patas frente al portal. Este, el extraño, era de complexión grande; de mirada que parecía penetrar el alma, con una cara de color cetrino pálido donde los pómulos sobresalían, vestido de negro, poncho negro y un sombrero de paja todo andrajoso del mismo color.

-¿Tan así Roger? -Ya el Botija se había acomodado mejor para escucharlo, cuando La Esther, conocida por Tacitadeplata llegaba radiante y nos saludaba acomodándose muy campechanamente.

-En qué onda? –La Esther se reacomodaba a los codazos entre Javi y la Susy. -Hablando de las Brujas, pero no las del Bar, sino esa, la tía Mercedes. Verás Esther, le comentábamos al Botija que a la tía Mercedes se le presentaba siempre el mismo personaje, pero no lograba saber lo que significaría en su vida, hasta que en una bendita ocasión, le mostró una escoba y se la dio a la fulana. Aquella escoba era especial, le dijo, y sin darle grandes explicaciones su tía la tomó y jugaba con ella, hasta que un día montó sobre ella y se dio cuenta de que podía levitar, era una escoba que la podía arrastrar a cualquier parte sin esfuerzos.

-El Javi estaba a punto de comenzar con unos fandangos. En tanto esto acontecía la Susy escuchaba lo que había sucedido en el espacio de Micros. -¿Y qué pasó después? -El Botija ya interesado en la historia de una escoba voladora miraba al Roger

-Verás Botija. Era una escoba que la podía llevar a cualquier parte sin esfuerzo alguno, lo cual aprovechó la tía Mercedes para dejar su hogar, motivada totalmente por la sed de conocimiento sobre la procedencia y real existencia de aquel extraño y su caballo negro. Partió una noche de luna ausente.

-Asi es- Saltaba el Juancho, digo el Dirol -En medio de la oscuridad notó que la escoba tomaba un rumbo que la llevaba muy al norte, al principio tomó mucha altura, pero en cuestión de minutos fue descendiendo hasta una llanura que era iluminada por una gigantesca fogata, alrededor de ella, unas veinte brujas adoraban al forastero con acento de otro lugar que lentamente se iba convirtiendo en una …cabra.

-Interesante historia esa- mencionaba el Botija- ¿Y que aconteció entonces? -Fue así que, teniendo únicamente ocho añitos recordó con los ojos vidriosos y penetrantes cuando miró a mi tía, que casi se cayó de la mecedora donde estaba. El tiempo pareció detenerse. La cabra se posaba sobre el terreno rojizo, girando su cabeza en busca de ella, dijo “Vendré por ti una noche” –alguien por ahí mencionó.

-Esas historias, ¿se dan en Micros? -Asi es Botija. -Digna de las tres brujas mayores del bar- terminaba comentando el Botija.
-Así es- dijeron todos al unísono.