Estelar

La provincia de Huelva, ha sido punto de encuentro de diferentes culturas y civilizaciones: desde los míticos Tartessos hasta el Imperio Romano, las colonizaciones fenicias o el asentamiento de culturas como la árabe, dieron esplendor al sur peninsular. La provincia de Huelva es un auténtico‚ crisol en el que se funde lo que hoy es la realidad andaluza. De esa maravillosa mezcolanza de gentes y de culturas ha surgido el carácter afable de sus habitantes, la riqueza de sus tradiciones y esa especial tendencia a sentir como propios, nunca como extraños, ha quienes han venido llegando en cualquier época o momento histórico a esta apacible región meridional.

Recuerdo al día de hoy, que me hallaba disfrutando de unas tostada con berdigones (Berberechos en su cáscara) con un vino del Condado de Huelva, una rica producción bonare, mas exactamente de acuerdo al bouquet un garrido fino diría. Por lo pronto me hallaba en La cabaña del Abuelo Manuel ubicado en el centro de dicha metrópoli. Impresionados por la monumental arquitectura romana heredera de la etrusca y la griega, desgustabanos ese plato típico de la región del Condado de Huelva, cuando vemos a parecer a Javier Callejo, junto a una bella andaluza de esas de toda la ley, exuberante y distinguida.
No bien ingresan el mozo haciéndole una referencia lo guía a un mesa lindante a la que me hallaba, junto a mi querida esposa.
Como terminan de acomodarse el metre de la Cosona se le acerca, diciéndole que hoy tenía la especialidad de la casa: una rica raya en pimentón y coquinas con perejil, pero si no le agradaba eso, podía prepararle un sabroso atún encebollado, aunque recomendaba que degustara previamente las papas con choclo.
En andaluz, el hombre acepta el ofrecimiento del metre de la Casona, fue así cuando éste se retira.

-¿Turista..? Dice a su bella mujer, una andaluza de pura cepa, oriunda de Sevilla. –Pinta de sudamericano.
Ella se da vuelta hacia donde él estaba, en tanto que miro al hombre y digo – Disculpe mi atrevimiento ¿Javier, es usted?

-Como..¿Me conoce acaso? –La atención ahora recaía sobre mi persona.– Estelar, el de Bibliotecas Virtuales.
El hombre con sus ojos verdes, me mira -¿Si?- Soy El Botija, el locutor de Radio Gurí.
Es en ese instante que nos rodean unas hermosas damas andaluzas y comienzan el clásico baile andaluz. Se dice que en los bailes folclóricos de algunas regiones de España las castañuelas se siguen sujetando en el dedo corazón, pero en Andalucía se tocan colocando el cordel alrededor del pulgar. No obstante, se emplean en bailes regionales no plenamente flamencos, como las sevillanas o los fandangos.

-Pero que alegría verlo, hombre –mencionaba así Estelar cuando al oído de una de ellas le comenta algo en andaluz.- ¿Le gustaría cantar Botija?
Y ahí nomás me lleva al escenario flamenco ubicado a la izquierda que daba sobre un gran ventanal, con un fondo del paisaje andaluz. Entre castañuelas y flamenco la cosa se dio de esta manera, teniendo a todos los comensales mirándonos:
To’ el que se suba a esta torre,
no diga después que habla
de tú a tú con los hombres.


Estelar me hace un gesto y respondo

Mal rayo te parta en dos
torrecita alta;
sin ninguna contemplación!


Su señora y nosotros cantando al mismo tiempo

Dónde se quedaron las palabras
de cariño y amistad;
¿No sería que me odiabas…?

¡Maldito silencio!
Que te llamo y tú no vienes;
No te importa si me he muerto.
¡…MALDITO SILENCIO,
YO RENIEGO DE CUANTOS SANTOS TIENEN,
LA TIERRA Y EL CIELO!

Saludos, abrazos, besos.
¡Todas mentiras!
…meros coincidentes de versos.

Tengo mi papel moja’o,
de goterones de lágrimas.
…y usted ni se ha inmuta’o.

Pena que a mí me da,
de usted; señor Silencio.
Que puede y no quiere hablar.

¡TIRO MI ORGULLO MIL VECES!
Que el hombre que está queriendo;
Hasta el orgullo aborrece.

No quiero una explicación,
solo quiero que vuelvas,
de tu propia condición.

Que se te rompan los huesos,
si no logro que despiertes.
…uno a uno y por completo.

Deja ya de dar vaivenes.
…eres papel en el mar;
¿Esa es la voluntad que tú tienes?

Quién lo había de decir,
que los que bién me querían;
eligieron pa’ mí el fin…

¡Maldito silencio!
Que te llamo y tú no vienes;
No te importa si me he muerto…
¡…Maldito silencio,
Yo reniego de cuantos santos tienen,
La Tierra y el Cielo!


-¿Donde esta pernotando? Deje todo y venga a mi casa que es un invitado nuestro. -Mauricio, refiriéndose al metre de la Casona- el hombre es un invitado mío.
-Lo que cantamos fue la Torre de Papel. –Así es Botija.