Karamazov, un burgués bohemio

París, una de las ciudades más bellas del mundo, la más visitada, y probablemente la más romántica de las que pueblan el planeta, hace honor a su fama y no defrauda a nadie que acude a visitarla, sin que más bien, a la hora de partir el viajero siente tener que partir, y lamente no disponer de más tiempo (o dinero) para volver en seguida o quedarse más tiempo en una ciudad mágica, con un encanto especial que se percibe en cada esquina, cada plaza, o simplemente en cada uno de sus cafés.

El Botija de vacaciones se había ido de paseo por la ciudad de los poetas, Deambulando por el Sena, el locutor de Radio Gurí iba del brazo de quién una ocasión haya sido su amor de toda una vida, Angela. Quién no haya tenido la ocasión de conocerla, ésta fémina le partió el corazón al Botija, el día que fue invitada a la Emisora. Originariamente nació como personaje a raíz de un relato de una amiga escritora catalana, la señora Elizabeth, que dejó su impronta por Bibliotecas Virtuales. Esto en parte a ti, estimada Elizabeth, por tu "Posada EL Paso".

En el barco-restaurante de la Marina de Paris durante un crucero por el río Sena, éste, disfrutaba una amena conversación con ella durante una velada en la noche. Fue en ese lugar que Karamazov, entró de la mano de una franchute de lo más exuberante.

-Botija ¿es usted? – así fue como saludó acercándose a la mesa decorada con luces de vela, y un marco del Moulin Rouge, “FEERIE” con su célebre French Cancan inmortalizado por el pintor Toulouse-Lautrec.

-Angela, te presento a Karamazov un escritor que le hizo una entrevista a Rubula – Así presentaba el personaje a éste al ilustre escritor, con ansía de algún día llegar a buen puerto.
-Mi querida Nicolette –Nos introducía de esta manera a su amante de turno.
-De bonnes nuits, un goût mien- Nicolette extendía su mano
Angela los mira y comenta- Un gusto conocerlos, querido se pueden acomodar con nosotros –Mencionaba Angela al Botija –Claro.

Es así que el hombre se enfrentaba cara a cara con dos personajes productos en parte de la imaginación de Rubula, como la de Elizabeth, ya que esta última dio vida a Angela en “Posada El Paso". Le garzón servía al tiempo que estos se acomodaban, dos botellas de champagne.

-Y Karamazov, ¿Así que estuviste por la ciudad en otra época?- mencionaba El Botija –al tiempo que paladeaban unos petit entrecotte y unas papas noisette.
- Efectivamente Botija. Mi Paris personal empezó un día que me senté a leer un libro grueso de lomo negro con letras púrpuras: “Les Miserables”. Fue mi primer encuentro con esta ciudad oscura y mágica, el Paris que vio Víctor Hugo. Existe un Paris de ficciones que es el que más se parece a la realidad. Un Paris de los libros que es el latir de una ciudad, que, como diría Julio Cortazar, es todas en una. Esta éste Paris que todos hemos leído, el de los cafés al aire libre en el libro de Hemigway, el de los grandes misterios en Balzac.

- Ainsi que vous Angela et la Cruche se sont connues dans une interview: ¿qu'intéressant ?- mencionaba Nicolette.
Angela mirando de reojo a EL Botija citaba efectivamente, el estaba vestido a la vieja usanza criolla de pura cepa, gorro de manga, pañuelo al cuello. Poseía una camisa con mangas flotantes, modelo ruso y pechera con florestas y nido de abeja. Faja pampa de puntas pendientes hasta medio muslo. Botas de potro, cosida en la punta o de “medio pie Espuelas nazarenas de plata, cuando me conoció

-Karamazov tengo entendido que en la ciudad de Guatemala hay una avenida muy hermosa por los árboles y la serie de esculturas entre los arriates. –mencionaba el locutor al tiempo que terminaba un pedazo de carne y se limpiaba la boca con unos mantelillos bordado en crouche.
-Ese fue mi Paris en los años noventas, porque tome la vida con determinación de bohemio de que si no la vivía y disfrutaba, se me iba ir sin haberla visto pasar. –aludía el pichón de escritor o con ansia de lograr serlo algún día, don Caparazón, que digo Karamazov. En tanto esta conversación acontecía, otra paralela se daba entre Lizzette y Angela

-Lizette, has conocido “Posada el Paso”
-Niet, mon amour –respondía ésta con su acento parisino.
-Verás Lizette – el Botija enunciaba – Un día Angela vino a una entrevista concertada a consecuencia de un escrito de una amiga catalana, doña Elizabeth. Angela apareció de la nada en medio de una gran tormenta en la Posada siendo muy tarde en la noche. La recibieron… y bueno. Luego se le hizo esa interviú.

-Que interesante –decía Caramazov, Caparazón que digo, Karamazov. Este había parado la oreja, como bueno para nada.
- maintenant si que je suis très intrigué à cause de votre relation – Lizette sorbía un copa bien freppe de champagne.
-Así es, querido me sirves una copa más – el locutor cumplía de esta manera los deseos de Angela- merci
-Veras Lizette – Angela referenciaba - Al locutor, mi querido amor presente, por momento se le cayó el poncho patrio, cuando lo miré.
-Si claro, pero bien que vos preguntaste por el Juancho, Angela. Dijiste ¿Quién es él?

Karamazov, ya entretenido fumando un puro cubano estaba de lo más interesado e intrigado.
-¿El..?- Es que cuando miré hacia atrás durante esa entrevista y aprecié el plexiglás del Centro de Edición de la Emisora. Lo que vi, me deja estupefacto Karamazov
-Mon amour, -mencionaba Angela a Karamazov - la Muñeca Inflable iba cayendo a un costado sobre la consola.
-Así es – el Botija complementaba - Juan levantaba el tubo del teléfono, observaba la entrevistada, mirando sus manos, se tocaba el pelo… estaba nervioso. Pensaba para si “Nooo, Juan no.”

-Y ustedes ¿cómo se conocieron? – En un momento dado Karamazov llegó a escuchar por Angela y el Botija.
-Estos se miraron entre si y rieron. – Verás, en mi época de bohemio bebía noche tras noche, y tenía tantas aventuras amorosas como podía. Una noche conocí a una bella brasileña que no me he podido quitar de la memoria, se llamaba Karla Oliveira y era tan hermosa y rica que me sentí afortunado por un tiempo, hasta que me contaron que me engañaba. Esa fue mi primera decepción. Luego vino Iveth a salvarme del martirio. Le siguieron mis años de quietud y logré escribir con gusto una serie de cuentos que pronto serán publicados. Pero ahí estaba Paris, el verdadero, llamándome desde no sé que regiones. Una amiga regreso de ahí al año siguiente y me contó que todo era carísimo y que ella había sobrevivido comiendo papas cocidas y litros de vino de a un franco. Me dijo que no fuera, que todo el que va a Paris regresa sin alma. Pero yo como buen caminante, siempre creí que Paris es la Meca de los soñadores, fue por aquel entonces ya aquí, que conocí a mon amour, ma vie mon ciel, mi Lizette.
-¡¡Ahhh…!! -dijimos al unísono nosotros los personajes de Rubula y Elizabeth.

Angela con su pelo negro y rizado cayendo sobre su rostro como una catarata enmarcando su rostro bello, anguloso, de labios gruesos y rojos, de nariz pequeña y chata, de ojos negros como el azabache. Su cuerpo regio y robusto, con unos pechos perfectos, ni muy grandes ni muy pequeños, sus caderas marcando la curva sublime de su cuerpo, sonreía.
Karamazov quería dejarle al Botija, a Lizzette e irse con Angela. El locutor al conocer los intentos de parte de este casanova burgués, se le adelantó y al oído le dijo:
-Mira Karamazov, casi me mata esta mujer y sin trabajo me quedé, no te la recomiendo.
-¿Que pasó?
-Pasó que El Juancho, al verla dudó por momentos. Miró su Muñeca Iinflable y observó esa preciosidad de fémina bellamente delicada. Unos cuantos ojos quedan embelesados con su andar cadencioso. Sí, la naturaleza había sido extraordinariamente generosa con aquella criatura semi divina. Su llegada a la mesa, terminó por sacarnos del embeleso.

- Qu' une anecdote intéressante un monsieur le speaker, si qui est belle comme l'amour