Verguenza - La interviu

Por directivas de la emisora, se opto hacer pública la siguiente audición. Sintonice el dial en la siguiente frecuencia: Verguenza un relato de Ephix.


Para todos los escribas-escuchas.
La emisora más oriental del charco rioplatense,
con humor basado en una entrevista a Ephix
tiene el agrado de presentarles:

** Verguenza **

Radio Gurí - Miembro de
La Cofradía de las Tres Marías
Reino del más Aquí

Radio Gurí trasmitiendo para todos los escribas-escuchas de esta prestigiosa emisora. En el día de hoy el Plaó principal del a emisora ha sido remodelado con un toque del medioevo. Ornamentado por columnas abalustradas, medallones, figuras humanas entrelazadas con animales y tallos formando figuras fantásticas, revela las influencias italianas.

El locutor de la emisora se hallaba ordenando los papeles para la entrevista. Poseía muchas prendas superpuestas, camisa de mangas largas, una calza que permitía ver parte de su entre pierna y una chaqueta ajustada a su cuerpo.

El entrevistado de honor, don Ephix vestía con el clásico ropaje de los tres mosqueteros. De rostro altanero y una extravagancia de vestimenta que atraía sobre él la atención general. Con una casaca azul celeste, un tanto ajada y raída, una capa larga de terciopelo carmesí caía con gracia sobre sus hombros, descubriendo solamente por delante el espléndido tahalí, del que colgaba un gigantesco estoque.

-Don Ephix, Primera vez que es entrevistado. ¿Cómo se siente hombre? – El Botija aduce, mientras el humo de un puro cubano de puro cubano se esparce por toda la sala.
Vera Botija, con vergüenza, por Datargnan.

-¿Cómo es eso?
Vera cuando mi personaje cobró vida, de algún modo se ha convertido en aquello que más detesta. Un ser mezquino y ruin, un canalla despreciable capaz de las mayores atrocidades, guiado tan sólo por un ciego egoísmo, tan ciego como su determinación por seguir adelante, contra todo y contra todos, sin importar ya las consecuencias.

-Un momento don Ephix. Vo Juan, dejate de esas chancahadas sobre la mesa de emisión.

Don Ephix mira hacia la consola de emisión y ve a la muñeca inflable deslizarse sobre los brazos de Juancho. Esta vestía mangas que empezaban a encajarse mejor al cuerpo gracias al invento de cortar su margen superior de forma redondeada. El Juancho vestía trajes más a la moda son ajustados hasta la cintura con cordones y muy amplios por debajo de ésta.

-¿Qué esta haciendo el hombre?- atina decir Ephix, mirando de reojo la escena un tanto fuera de lugar, causa del gran amor por su Muñeca Inflable.

-Es de un gran corazón don Ephix, lo que sucede es que ama con locura su muñecota – atina decir el locutor. ¿Qué sucedío con el Datargnan suyo, don Ephix?
Vera señor locutor, a pesar de su belleza inocente, su mirada parda y suplicante, son dagas crueles que atraviesan el alma del agotado caballero.

Incapaz de soportarlo, decide abandonar nuevamente la ciudad, alejarse de toda compañía, temeroso de dañar a todo aquel que se le acerque, de derramar más sangre inocente, la misma sangre que mancha sus manos y su conciencia, la misma que le impide cada noche conciliar el sueño, que se aparece en sus pesadillas cuando el cansancio le vence al fin.

-Vo Botija tenes un sms de una tal Atenea. Sera una diosa del olimpo. –El Juancho dice un tanto desordenado al tiempo que se arregla su camisa fuera de lugar a causa de una arrebato amoroso de la Muñeca Inflable.

-Pasalo- El Botija dice, mientras observa la cara de circunstancia del escritor entrevistado.
-Nuevas aventuras le esperan a tu caballero. Me gusta la historia. Un beso – Atina decir Atenea.

-Se esta haciendo famoso don Ephix.
No es para tanto Botija –aduce este mientras un sorbo de agua ingresa por la comisura de sus labios. -Hola Atenea, gracias por el comentario. Veremos que viene a continuación. Un saludo

-Mire, Ephix, aquí tiene un sms. -Determinación y confianza. No está mal para despedir el año. Firma mmmh - ¿Qué le contesta?
Yo más bien diría miedo y vergüenza, aunque su versión es mas positiva, la verdad. Gracias por estar por el comentario, aunque no me lo merezco.

-Bueno nos tenémos que ir don Ephix.
Ya.

Mientras se cerraba la audición, el personaje se le apreciaba como galopaba por calles tortuosas, los cascos de su corcel contra el suelo enfangado, alguna mirada intrigada tras de un postigo entreabierto. Atravesando las puertas de la ciudad ignorando los gritos de la guardia que le instan a detenerse.

En el horizonte se vislumbraban las nevadas cumbres del norte, reflejando con destellos de oro la luz de un nuevo amanecer.

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