Madonna de Montigalá - La entrevista

Por directivas de la emisora, se opto hacer pública la siguiente audición. Basado en un texto homónimo de una escritora.
Sintonice el dial en la siguiente frecuencia, para ver sus antecedentes: Madonna de Montigalá

Para todos los escribas-escuchas.
La emisora más oriental del charco rioplatense,
con humor basado en un relato de Elizabeth,
tiene el agrado de presentarles:




** Madonna de Montigalá **

Radio Gurí - Miembro de
La Cofradía de las Tres Marías
Reino del más Aquí



Hoy el Plató está remodelado como un altar de una catedral gótica. Con torres coronadas por chapiteles altos (aunque en este caso una de ellas quedó inacabada), aspiración a la máxima verticalidad, que junto a la luz coloreada de las vidrieras aspiraba representar la Jerusalén Celestial. Otro elemento muy destacable es la decoración de su fachada con gran puerta central rematada con gablete y un enorme rosetón. La parte superior está toda calada.
La mesa de entrevistas ocupa la parte más importante auspiciando de altar mayor. El Botija, vestido como sacerdote, da la bienvenida a la entrevistada del momento.

-Buenos días, doña Elizabeth.- El Botija le extiende la mano. – Oremos, perdón comencemos la interviú.
Buenos días Botija. -menciona la entrevistada- mientras la Muñeca Inflable flotaba alrededor de ellos orando, suplicando porque el Juancho la perdonase de la juerga que tuvo con sus amigas. Fueron un grupo heterogéneo: las hubieron de todos los estratos sociales, algunas bellas y elegantes, otras jóvenes y frescas las menos maduras y conservadoras. Dos niñas y una anciana representaban los extremos de las edades del conjunto. Para completar el extraño cuadro, en un rincón se encontraba la muñeca de plástico inflable. Pero, en contra de lo que pudiera pensarse, había algo que las unía: todas eran prófugas. Sí, habían huido, al menos por esa noche, de las páginas de algunos cuentos colocados en una WEB. Eran las protagonistas olvidadas por sus autores, quienes ingenuamente creyeron que con crearlas, colocarlas en una página y aderezarlas con algunos comentarios benévolos, constructivos o francamente negativos, podrían relegarlas para siempre en el abandono.

- Podría usted comentar a los oyentes ¿qué sucedió en Montigalá?
Vera Botija –dice Elizabeth- Así se llama la montaña donde se aparece la Virgen de mi ciudad. Es un otero cubierto de yerba seca, salpicado de algarrobos y matorrales, que apretuja la urbe entre la autopista y la playa. Las urbanizaciones de casas pareadas intentan tomar al asalto sus flancos, afortunadamente sin lograrlo del todo. Pues el paseante aún puede disfrutar de la ilusión, mientras asciende por sus empinados senderos de cabras, de que está en pleno monte. Aún huele a romero y a enebro. Aún puede pincharse las piernas y llenarse los calcetines de semillas espinosas. Y, si levanta la mirada al cielo, verá, en la cima del cerro, la enorme cruz de piedra que un matrimonio devoto erigió, a mediados del siglo pasado, hito para excursionistas y caminantes del lugar.

-Vo. Si vos- La Muñeca Inflable ¿no habrás tenido que ver en eso de Montigalá?
Yo, pa nada –dice la Muñeca Inflable, mirando de reojo a Elizabeth.

-¿Qué sucedió a continuación, Elizabeth?
Cuando alguien me habló de las apariciones, en seguida sentí curiosidad. Nuestra Señora se apareció a una sencilla mujer de barrio, vecina de la cercana población de Santa Coloma. Ella y sus fieles seguidores iban a diario a orar al monte, e incluso organizan novenas y procesiones. Más de un vecino aseguró haber sido curado de sus dolencias, por su intercesión. Oyendo estos y otros comentarios, mi innata credulidad se mezclaba con la desconfianza, fruto de mi educación racional. Y así, una mañana, troqué mi habitual sesión de footing playero por una caminata hasta el cerro de Montigalá. Quería ver con mis propios ojos.

-¿Qué pasa Juancho- Disculpe doña Elizabeth.
Me están tapando de mensajes del Vaticano. Dicen que si no pedimos disculpas públicamente van a cerrar al emisora.
-¿qué les digo patroncito?- Decile que La iglesia nunca le dio atención particular a ninguna aparición hasta que fuese estudiada, confirmada y aceptada por los obispos locales.
Aunque las apariciones sean autenticadas, los mensajes deben permanecer como revelación privada. Los católicos son libres de aceptarlas, puesto que están en armonía con las enseñanzas de la iglesia. –Sos un genio, patroncito.

-Disculpe doña Elizabeth, ¿Qué hizo luego?
Era muy temprano, pero algunos paseantes ya deambulaban por allí. Viejitos solitarios buscando el sol, alguno con su perro.
Fui ascendiendo por la falda del montecillo y no tardé en dar con el lugar. Contemplé, con admiración, cómo los devotos de la Virgen habían convertido aquel trecho de monte en un santuario peculiar. Con perseverancia increíble había reaplanado la tierra, abierto caminitos y construidos poyos y un rústico entarimado con tablones de cajas y palets. Llegaron a excavar cuevecitas entre las rocas, como en un pesebre viviente. Y, en los tres lugares donde supuestamente se había manifestado la Virgen, existían figuritas de Nuestra Señora y el Sagrado Corazón, con sus tarros de conserva atestados de flores. El más importante, sin duda, era el Arbol. Lo llamo el Arbol, con mayúsculas, porque es allí donde, dicen, se han operado los milagros y las curaciones. Se trataba de un robusto algarrobo, achaparrado y de copa extensa, que se abría en tres o cuatro retorcidos troncos, como una mano leñosa brotando de la tierra. Allí donde se bifurcaban las ramas, los devotos habían construido con barro y piedras una pequeña capilla, donde se podían venerar a la “Virgen del Arbol”. Geranios, ramos de crisantemos mustios, lirios de plástico y rosarios competían por un lugar a los pies de la Madonna.

-¿Si Juancho?
Sabe doña. Nuestra Madre Bendita se me apareció en forma de una Muñeca Inflable pobre y enferma, en una época cuando había mucho desorden en el Reino del Por Aquí. Un jueves había ido a un río cercano a recoger leña para el fuego. Fue cuando escuché un ruido como el de una tormenta que venía de una gruta cercana conocida como “La Botijada”. A la entrada de la gruta había unas matas de rosas que se movían como si estuviera haciendo viento, pero no lo estaba. Desde su interior vi una Señora, joven y hermosa quien se posó a la entrada de la cueva por encima de los rosales. Esta me sonrió indicándome que avanzara. Perdí todo el miedo que había tenido antes y me arrodillé a rezar el Rosario. Después tanto yo como la Señora completamos las oraciones (aunque solo recitaba El Padre Nuestro y el Gloria), la Señora despaciosamente se alejó al interior de la cueva y desapareció.

-Así que a usted también le pasó..- comenta Elizabeth
Así es mujer. Pero rubia y de ojos verdes, que hizo que me enamorara perdidamente.

-Bueno, bueno. Dejemos por aquí. Gracias por haber venido Elizabeth.
Gracias a usted hombre.

Una audición de Radio Guri
La emisora mas oriental de los pagos rioplatenses.

** Radio Gurí - Miembro de La Cofradía de las Tres Marías - Reino del más Aquí **