Radio Gurí - El retorno de sus integrantes

Desde su Sede Central ubicada en la Cofradía de las Tres Marías en el Reino entre el Aquí y el Allá

Para todos los lectores.
El Gurú de las Artes Mentalistas y Predictivas.
Viajero y guerrero astral.
Médico en lo paranormal
tiene el agrado de presentarles:



** El retorno de los integrantes de Radio Gurí **
Exploraciones en el mundo de los vivos

Sede Central de Rubinstein
Cofradía de las Tres Marías
El Reino entre el Aquí y el Allá


La hacienda, no era más que un rancho de adobe y paja a dos aguas en medio de una colina. El casco de la misma se situaba sobre la punta de la ella. Al oriente daba un pequeño arrollo cubierto de espesa vegetación. Al occidente se extendía un valle cubierto de árboles autóctonos. Al norte, había un barranco, a cuyo lado una catarata golpeaba sobre el fondo de piedra formando una playa pequeña. Al sur, a lo lejos se apreciaba las luces de la ciudad de donde provenía, pero era más un resplandor que otra cosa. Sólo si se miraba a buena vista el cielo nocturno se apreciaba claro.

-Botija –Menciono cuando me aproximo al locutor de Radio Gurí.- Se hallaba sobre un tajamar que terminaba desembocando en el arroyo al norte del casco de La Hacienda, pescando tarariras con una tanza colgada sobre un tamariz. Con poncho patrio, su boina y pantalón gaucho, el locutor de la Emisora estaba desconocido.

-Rubinstein – mencionaba al momento que dejaba el mate y el termo y se levantaba mirando donde me hallaba.
- ¿Este era el lugar donde pasó usted su infancia? –me menciono en ese instante oteando sus cercanías.
-Efectivamente Botija. Pasé mi época de niño aquí con mis tíos, Mercedes y Esteban, así como mis primos.
-Recuerdo haberle entrevistado cuando funcionaba la Radio. El Botija se arma un cigarro y se toma un mate amargo.

Recuerdos de épocas pasadas.

El Gurú
Cita:
Un día mis padres, que en paz descansen me dejaron en la casa de campo de mis tíos don Esteban y doña Mercedes. El lugar era una campiña en medio de la nada donde el tren llegaba una vez al mes y siempre con retraso. Recuerdo que estaba parado en medio de la nada, cuando a lo lejos una polvareda se aproxima a mí. Era un sulky, una especie de carro tirado por un caballo que apenas podía con sus huesos.

Doña Mercedes, mi tía, por aquella época una mujer de unos treinta y tanto de años, rubia de tez morena como el azabache, se baja del sulky. -¿Rubinstein? Pregunta. ¿Mercedes? le contesto un tanto temeroso, pues siempre había escuchado decir de mis padres que ellos eran gente extraña y peligrosa, de un mal pasado. –Sube hijo, que debemos llegar a la hacienda antes de la lluvia que se aproxima. Yo exhorto no me había percatado de la tormenta que por el oriente se aproximaba, más allá de las Tres Marías, un peñasco que más adelante supe el motivo de dicho nombre. Una valija pequeña era toda mi pertenencia.

Mi padre había fallecido en un enfrentamiento en la Dictadura de Terra en Uruguay, un tirano que se convirtió en dictador luego de una cruenta batalla por el poder. Mi madre, juntó lo que pudo y me envió a casa de mis tíos, mal le pesara era toda mi familia que me quedaba. Con los años me enteré que loca de atar falleció en el manicomio de la ciudad.

Entre traqueteo y traqueteo, llego a la hacienda, que no era más que un rancho de adobe y paja a dos aguas en medio de una colina. Cuatro perros, una vaca escuálida que a duras penas daba leche, tres o cuatro gallinas sueltas y gallo flaco eran todas las pertenencias de esta familia de campo. Detrás de la “Hacienda” como le definían ellos, un pequeño espacio arado donde albergaban papas, y otras especies similares. Entre ellas, legumbres y demás pero no en demasía. Sólo para el sustento diario.

Mi tío Esteban, se hallaba arando el monte lindero cuando arribé a media mañana. Un hombre blanco de mediana edad, curtido al sol, huesudo y rudo, con ojos saltones, se me presentó. Dicen que durante la Guerra Civil española, este logró escapar entre los exiliados de Guernica. ¿Se acuerdan los niños olvidados de América?

-Querido este a de ser tu hogar, Mi tía Mercedes me decía con voz apagada mientras observaba con temor a tío Esteban.

Este matrimonio poseía dos hijos, Mercedita y Joaquín. Con ellos congenié de entrada. A diferencia de mis tíos, estos eran alegres y extrovertidos. Mis tíos, por el contrario denotaban un aura de misterio y de que algo oculto se encontraba en sus pasados. En tiempo posterior me enteré que tía Mercedes abortó otro pequeño cuando poseía 18 años, un varoncito que tenía como nombre Joaquín. De ahí que asumo que mi primo actual, lleva el nombre de su hermanito fallecido.



Flashes de Mi Historia –La Hacienda

-Estas mejor Botija.
Si gracias Rubinstein, es que el amor duele mucho, esa opresión en el pecho, no me la puedo sacar. –Decía El botija, cuando a paso cansino se dirigían al casco de La Hacienda en el sulky, un viejo carromato tirado a duras penas por un caballo que no podía con sus huesos.

Pensamientos que flotaban en el aire.

El Botija.

-Bienvenida Angela a nuestra emisora- le dice El Botija a nuestra estimada entrevistada catalana. El locutor vestido a la vieja usanza criolla de pura cepa, gorro de manga, pañuelo al cuello. Poseía una camisa con mangas flotantes, modelo ruso y pechera con florestas y nido de abeja. Faja pampa de puntas pendientes hasta medio muslo. Botas de potro, cosidas en la punta o de "medio pie" Espuelas nazarenas de plata. De esa manera recibió a ese ángel catalán.

Flashes de Posada El Paso – La interviu

En La hacienda El Juancho y la Muñeca Inflable estaba jugando a la taba. El juego de la taba fue traído a éstas tierras por los españoles, aunque ya se conoce su existencia en la época de la roma clásica. Consiste en tirar al aire un hueso de vaca o carnero (es el garrón de las patas traseras del animal), como tiene una forma irregular según el modo en que caiga se determina el ganador.
Cuando nos ven los otros integrantes de la Emisora, dejan su juego y nos miran expectantes. Cuando íbamos llegando, El Botija me ofrece un mate.
Los dos integrantes de la Emisora se acercan y le extienden la mano al Gurú de las Artes Mentalistas y Predictivas.
Se acomodan en la parte delantera de La Hacienda, mientras La Muñeca Inflable servía un te.

-Y ustedes dos, ¿cómo se hallan luego de esta larga temporada vacacional? –Comentaba Rubinstein.
Tristes por lo que paso, Rubinstein.-El Juancho le mencionaba, a la vez que bebía el té que preparó su amada Muñeca Inflable.

Pensamientos que flotaban en el aire.

El Juancho.

Me he quedado sin palabras, sin pensamientos y hasta sin respiración, lo único que funciona ahora mismo en mi cuerpo son los sentidos. La piel se me ha puesto de gallina, no sé muy bien si debido al paseo de su mano por mi cuerpo, a los besos y palabras que me atacan desde el cuello o a la presión de su cuerpo contra el mío. Soy incapaz de reaccionar, y eso a ella le parece una buena reacción.


Incapacidad. Micro de mi autoría

Querida Muñecota inflable:

Te escribo esta carta porque es la única forma que veo de que pueda decirte todo lo que me pasa sin que me arrepienta de hacerlo mientras estoy delante de ti. Me llevas teniendo en vilo muchos meses. Y creo que tengo razón en lo que te dije del por que era. No quiero seguir así. Hace ya tiempo que deje de creerte, y talvez de amarte. Eso ya no lo tengo tan seguro pero lo mejor es que me olvides y que sigas tu vida sin mí.



Flashes de Posada El Paso – La interviú

La Muñeca inflable.

Desnuda, recostada contra la cabecera de mi cama, contemplo el espejo de mi soledad mientras oigo avanzar uno tras otro los hermosos cuartetos de Beethoven.

Entre almohadones bermellón y mullido azul marino, veo el cuerpo que soy, miro el cabello cubriéndome los hombros mojados por la luz de la mañana;

observo la imagen en reposo de mi cuerpo; la extensión torneada de mis piernas, mi piel transpirando a goterones mi deseo.


Deseo. Micro de mi autoría


"!Estupido! !impotente!", eran algunas de las palabras que habían salido de la boca de la chica mientras lanzaba sus ropas hacia el pasillo y le obligaba a salir desnudo tras ellas movido mas por la vergüenza que por las fútiles e ingeniosamente escatológicas amenazas que recibía de la mujer. Sus ojos verdes no dejaban lugar a dudas de su indignación y odio, su cabello dorado estaba enmarañado por la furia y apenas cubría su busto desnudo antes de cerrar la puerta ante sus narices.


Impotente. De mi autoría


El Botija.

- Te llamé porque ayer sentí algo que no había sentido jamás. Cuando llegué al bar te vi de lejos, fuiste lo primero que mis ojos observaron; y estoy segura que me sonreíste. –Le mencionaba Angela al Botija.

-Cuando hiciste eso, el Juancho te empujó, pero, ese segundo que te vi sentí algo muy fuerte en mi pecho; fue como una conexión... – dijo Angela viéndole a los ojos de El Botija.

-Eres muy linda. Lo sabías? – le dijo el locutor.

No, no quiero que me digas lo que todo el mundo acostumbra a decir, quiero saber si sentiste algo; ayer yo sabía que te querías ir, sin embargo te quedaste y platicaste conmigo – continuó Angela diciendo – ¿por qué te quedaste conmigo?

..no lo sé con exactitud – contestó El Botija – pero, me sentí seguro y en paz al tenerte a mi lado... no puedo explicarlo –el locutor de la emisora le dijo.

Quien empezó a besar a quien era lo de menos. No era un beso de amor ni lento, era un beso desesperado y pasional. Una búsqueda de la lengua de la otra sin descanso alguno. Una y otra vez El Botija saboreo sus labios, mordiéndolos sin demasiada fuerza y sintiendo lo mismo que los de ella. Su lengua se paseaba una y otra vez por los dientes de ella y, de vez en cuando, entraba en lucha con la de El Botija. El locutor sintió sus manos en su espalda, bajo la camiseta, arañando la piel desnuda.

Flashes de Posada El Paso – La interviú

Bueno gurisada, ¿No creen que es momento de retornar a las actividades de Radio Gurí?
-Si. –Contestan al unísono, mientras se subían al sulky.
Con paso cansino todos se desvanecían en la nada.

Recuerdos de un viejo brujo.

Entre brujos te veas…

Ángela se perdió en sus pensamientos, un instante.. A la Muñeca inflable dormida placidamente en el lecho de Juan.. Fue hasta allí. Subió a la cama sentándose a horcajadas sobre ella. Se inclinó y la besó. La muñeca inflable apenas tubo tiempo de abrir los ojos. Sintió un punzante dolor en el pecho que le cortó la respiración. Angela apuñalaba con una furia y fuerzas inusitadas para una joven delicada como ella. Intentó atrapar sus brazos, pero no pudo. Se asfixiaba. Ella hundió el puñal una y otra vez en una danza frenética sin fin. Paró. La muñeca del Juancho parecía de trapo roto, desgarrada, sanguinolenta. Se irguió. Vio su imagen reflejada en el gran espejo de la alcoba. Toda ella estaba bañada en rojo. Arrojó el puñal. Miró sus manos ensangrentadas y las lamió, paladeando la vida.


Extracto de Posada El Paso - La interviu


La habitación donde se encontraban era el de un hotelucho de mala muerte, metida en el corazón de la gran metrópoli.

En la misma, sobre la pared opuesta a la puerta que da al pasillo, dos camas. Sobre la pared lindera a éstas, un gran ropero con un espejo, que lo que menos reflejaba era la imagen de ellos tres. Al lado del ropero, una puerta de hierro oxidada se hallaba. Era el retrete.

La pared frontal a la del ropero, una pequeña terraza que daba a un callejón sin salida. Las paredes de la habitación lo que menos tenía era una mano de pintura. Como llegaron hasta ese lugar, no lo recuerdan. Saben que hace mucho. Sienten presencias a su alrededor. Los observan. Cuando se cambian de ropa y miran al espejo, ven como son, Una Muñeca Inflable toda rota, y dos humanos El Juancho y El Botija.

De repente todo se les oscurece a su alrededor, y en el espejo ven una gran mansión con jardines a su alrededor, sol, un unos niños jugando y columpiándose. Hay grandes árboles en los jardines, estatuas de ángeles en mármol y muchas fuentes.

Sienten la risa de los mismos. Mueren por reírse como ellos, pero no pueden por más que lo intenten. Cuanto darían por hacerlo. En sus cabezas perciben un canto, que me atraen como un imán. Observan la imagen en el espejo, y los niños ahora están alrededor de la gran alberca que se encuentra en la parte posterior de la mansión.

Una mujer de unos treinta y tanto de años, rubia de tez morena como el azabache se hallaba cantando y dos hombres a su alrededor. Los niños, junto a ellos sobre la mesa de hierro, al costado de la gran alberca se hallaban.

No se pueden resistir, se acercan más a la imagen, y ven el agua.

-Socorro. – Sus cuerpos se desdibujan del hotel.

Mientras eso acontecía, una voz llega desde la imagen “los tengo”.

La mujer cae de bruces sobre la gran mesa de hierro, y los hombres la levantan.

-Niños es hora de irnos, dejen a la tía descansar en paz. El Botija, el Juancho y la Muñeca Inflable lo último que recodaron fueron los ojos de una anciana, dos hombres mirando desde el agua de la alberca y una mano que los jalaban hacia el interior. -Bueno, la mujer dice. Ahora podremos estar tranquilos, las almas en pena retornaron del mundo de los muertos.

-Querido Rubinstein –le mencionaba su anciana tía
-¿Si tía?- Le contestaba Rubinstein
-Qué vuelvan a la Emisora, ensilla el caballo al sulky.
-Ok


Extracto de La pesada de La Emisora


La hacienda

Recuerdo el primer día que pase con tía Mercedes y tío Esteban en la Hacienda. Para que tengan una idea, el casco de la misma se situaba sobre la punta de una colina. Al oriente daba un pequeño arrollo cubierto de espesa vegetación. Al occidente se extendía un valle cubierto de árboles autóctonos. Al norte, había un barranco, a cuyo lado una catarata golpeaba sobre el fondo de piedra formando una playa pequeña. Al sur, a lo lejos se apreciaba las luces de la ciudad de donde provenía, pero era más un resplandor que otra cosa. Sólo si se miraba a buena vista el cielo nocturno se apreciaba claro.

Mi madre me había entregado como su bien más preciado “el libro” en un paquete. Recuerdo lo que ella me dijo cuanto me lo entregó: - No lo pierdas será tu compañero de andanzas y lo más preciado que te pueda acompañar en tu peregrinaje por la vida.


Esas frases me sonaron como un presagio, y temor, pero haciéndome de valor acepte el obsequio. Nunca más vi a mi madre. La cabaña era de dos pisos. En la parte inferior, se encontraba el comedor, que auspiciaba de receptáculo para las visitas, que venían por los servicios que ofrecía mi tía Mercedes y tío Esteban. Luego os contaré de qué trataba.

Quiero contarle como fue mi primera noche en la Hacienda. Los dormitorios se encontraban en la parte alta. A la izquierda sobre el recodo que da la escalera de madera, el dormitorio de mis tíos. A la derecha los dormitorios de mis primos. Entre medio un pasillo de madera. Sobre la pared, la cabeza de un alce. Yo dormía con mi primo Joaquín.

Esa noche, abrí por vez primera la caja que contenía “el libro”. Este saltó de su lugar y se disparo para un rincón del dormitorio. Me miraba, y cuando quería tomarlo se me escurría de los dedos. Me fui a cenar. Había un cordero al horno con papas y boniatos.

A las horas cuando me fui a acostar el libro estaba sobre mi mesita de luz, y acaricié por vez primera la tapa de cuero bellamente adornada con letras en relieve. Pareciera que me reconoció como su familia y se dejo mimar. No me animaba a abrirlo por temor a lo que me encontrase en él. Cuando mi primo Joaquín, llegó para dormir, éste, el libro se desapreció de la vista. –Extraño, pensé.

Esa noche soñé por vez primera con mi mamá y lloré. Tuve una pesadilla.



** Referencias del presente relato **

Erratas de edición.

La tal Angela, es un personaje nacido en "Posada El Paso". Escrito de una colega catalana de nombre Margarita. Dicho personaje fue llevado por Rubinstein a la Ciudad de las Almas Purgantes donde ejerce de cabaretera en un club.


** Antecedentes en que esto esta basado **




Posada El Paso - La interviu







Rubinstein

Gurú de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.