En blanco y negro

Se percibía un aliento fétido, putrefacto, a orín. Observaba desde atrás y desde arriba el interrogatorio. Flotaba, esperaba.

Un cuarto cerrado. A mi espalda, una puerta de hierro sellada con pasadores del mismo material. Delante dos cosas que lo hacían humano: la mesa de interrogatorios y la silla en donde estaba el sujeto.

Tres individuos, además del interrogado. El que lo interroga, y los otros dos detrás de la silla en que se hallaba el sujeto. El interrogador lo sujeta de la mandíbula le dice algo en un idioma extraño, inteligible.
La cara del sujeto era un flan producto de la golpiza que le habían propiciado; un ojo negro amorronado, moretones de todo tipo formaban una imagen facial toda desformada y sanguinolenta.
Sus manos. Sus manos eran sujetas por una abrazadera de metal que se metía entre su carne carcomida.
Sus pies estaban sujetos de la misma manera que sus miembros superiores.

El interrogador lo soltó abruptamente al tiempo que corría un hilo de sangre de la mano que, éste usaba para aprisionarlo. Caen dos cachiporrazos sobre esa cabeza desecha por diestra y siniestra; los otros dos sujetos volvían a dar otra golpiza.
El interrogador levanta la mano; los otros dos se detienen. Se agacha y mira esa cara. Los ojos, ya no son ojos. El sujeto, ya no es un sujeto.

-¡¡Nooo…!! – Grande y sonoro quiere salir de esa cara o lo que queda de ella, pero no puede emitir sonido alguno. Sin embargo, algo nuevo surge.
Se desprende de lo que queda de ese despojo de materia orgánica, que alguna vez fuere un ser humano. Gira sobre su interrogador por la izquierda cuando éste estaba agachado.
De arriba hacia abajo en un giro envolvente, un golpe certero. El corte de una katana.
El efecto se aprecia sobre la cara del interogador; al principio mirando hacia esa masa sanguinolenta que alguna vez fuere un ser humano, luego con una muestra de asombro la cabeza comienza a desprenderse de su cuerpo.
No termina de girar que en shiko dachi golpea sobre la espalda a la altura de esternon, a uno de sus opresores rebanado el cuerpo en dos.
Con leve giro de pies en zen kutzu dachi eso, que se desprendió de lo que alguna vez fuere un ser humano rebana la cabeza en un corte perfecto, al otro interrogador.
Cuando todo termino los tres cuerpos golpean sonoramente al unísono, sobre el suelo de metal produciendo un efecto de rebote.

El sujeto me mira, manteniendo la postura de neko ashi dachi y la katana sobre su flanco izquierdo blandiendo sobre su cabeza. En puro rol de desafío.

-Vamos. -Ambos nos desvanecemos en el aire.

Rubinstein
Gurú de las Artes Predictivas y Mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo Paranormal.