El Teatro de las Almas Purgantes

Desde su Sede Central ubicada en la Cofradía de las Tres Marías en el Reino entre el Aquí y el Allá

Para todos los lectores.
El Gurú de las Artes Mentalistas y Predictivas.
Viajero y guerrero astral.
Médico en lo paranormal
tiene el deagrado de presentarles:


** El Teatro de las Almas Purgantes **
Visiones del mundo de los muertos

Sede Central de Rubinstein
Cofradía de las Tres Marías
El Reino entre el Aquí y el Allá


La ciudad se hallaba en una planicie circunvalada por grandes riscos, rodeado de una maleza exuberante. La cordillera de los Innombrables, corre paralela a la línea occidental de forma continua con profundas quebradas, macizos, altiplanicies, llanuras, valles longitudinales y transversales, configurando la región de "Los Decapitados". Su morfología es muy compleja, por lo que se divide en tres principales cadenas: la cordillera Occidental, la cordillera Central y la cordillera Oriental. Dentro de éstas se encuentran cadenas menores, como la cordillera Blanca o la cordillera Huayhuash también llamada “La de almas perdidas”. A través del camino de un bosque espeso repleto de altos árboles los cuales forman un techo que opaca la poca visibilidad reinante, existe un acantilado donde se visualiza la ciudad en todo su esplendor. O casi.

La Ciudad.
En la cima de un precipicio de unos mil metros de caída libre se podía estimar la gran metrópoli. El cielo, de un color rojizo, se hallaba taponado de nubes rojas, cirrus stratus y cumulus nimbus. Los colores de las nubes eran de un rojo carmesí, rojo sangre espesa, en su lugar más denso.
Al fondo del horizonte, sobre la región de Los Decapitados, se apreciaba grandes formaciones de rascacielos. La ciudad, con un estilo gótico resaltaba por los colores oscuros y opacos. Con poca luz en general resultaba una ciudad extraña. Sobre el cielo volaban criaturas parecidas a las del Jurásico.

El teatro.
El acceso principal estaba formado por dos grandes escalinatas de mármol. Estas últimas, se hallaban resaltadas por dos tigres de bengala alados a cada lado de las mismas. La entrada consistía de una puerta de madera tallada con figuras de guerreros del inframundo. La parte más alta de la fachada estaba cubierta por un ser alado parado en posición de vuelo. Todas las criaturas estaban construidas del mismo material.

El anfiteatro.
La nave principal o anfiteatro, poseía una forma ampulosa con predominio de la línea curva bastante cerrada. Eso gestaba una sensación de voluptuosidad donde las formas primitivas, se apreciaban desformes en el sentido de engrosarse y curvarse. Consistía de una bóveda con grandes cúpulas de piedra conocida como bóvedas de cañón o cilíndrica, lo que daba una sensación de dinamismo. Los fustes de las columnas frontales se retorcían dando lugar a la columna en espiral o salomónica.

A pesar de la poca luz reinante se apreciaba claramente su verticalidad, altura y esbeltez. El anfiteatro poseía la misma disposición arquitectónica que el exterior. La nave principal detentaba dos escalinatas de mármol, con el mismo apercibimiento que en el acceso principal. Era un calco del montaje arquitectónico que existía en el exterior. Cubiertas de figuras de guerreros del inframundo, cada escalinata interna estaba ubicada en las puntas de atrás produciendo la mismo parecido, que existía en la parte externa del Teatro de las Almas Purgantes.

De dos pisos en forma de herradura cóncava, la parte del teatro dotada de gradas, se hallaba reservadas a espectadores. Poseía los asientos dirigidos al podio central del anfiteatro, el lugar de la obra.

La obra.
La nave principal del teatro se hallaba repleta. Vestidos de gala, las almas pedían a gritos el inicio de la función. En ese instante, se torna un silencio sepulcral; el telón comienza a encenderse fuego, pero las llamas se circunscribían únicamente al podio.

El inicio.
Una nube rojo carmesí comenzaba a esparcirse por toda la superficie del el suelo. De entre ella se perfilaba la figura de un hombre o de forma pseudo humana, iniciando la obra.

Pendiendo de cadenas y arietes tres almas estaban colgadas de sus extremidades, sangrando. En el centro había una mesa de mármol de carrara. Por encima de ellas, por cada una que pendía en el aire colgadas de la manera antes descripta, dos hombres golpeaban con látigos lo que sería la carne de éstas. Se retorcián de dolor. Sus torturadores se hallaban flotando a sus respectivos costados.
Se escuchaba las voces de los protagonistas diciendo:

Negro el color de nuestras vestiduras. No por nosotros sino por vosotros. Por vuestros miedos y dudas. Macabra siempre nuestra presencia. No por maldad en nuestros corazones sino por marcar la diferencia. Oscuros los lugares que frecuentamos. No por necesidad de escondernos, Por nuestro miedo a las tinieblas superado. Vosotros nos señaláis con el dedo Y nos juzgáis ridículos. ¿De que os reís, necios? Tenemos el valor de ser distintos. Vuestro miedo a la oscuridad representamos. En nosotros veis vuestra propia maldad oculta. Somos la Nación de las Almas Purgantes. La Raza Nocturna...

Una nube roja de consistencia espesa comenzaba a llenar el podio. La oscuridad es tenebrosa. A un costado, dos figuras se iluminan y en el centro otra figura adquiere presencia. Todo el resto queda sumergido en la oscuridad absoluta.

Las figuras del costado.
Toda la parte más lejana de la propiedad era como una selvita de cafetales; árboles más grandes, varios pasillos de piedra con barandales para pasear. Patricia la había tomado de la mano como para guiarla, iban caminando muy despacio. Su compañera estaba como perdida, sin voluntad. No quería pensar, solo estaba sintiendo un mar de emociones. Cuando estaban ya a unos metros de salir hacia lo que era el jardín abierto, Patricia se paró en seco. La atrajo hacía ella y la besó. Sólo cerró los ojos y correspondió a sus labios. Fue un beso muy tierno, muy largo. Se recargó contra el tronco de un árbol, y sintió como su lengua hurgaba dentro de la boca succionando su aliento como si quisiera que su ser entrara en ella.

Sus manos tomaban su cara por los dos lados, y su pierna se introdujo entre las ellas. Sintió la presión de su muslo en su pubis y su pecho contra el de ella. No hacia nada. Sus brazos colgaban inertes al lado de ella, solo se dejaba hacer. Quería sentir, sentir y sentir más. La bestia se alimentaba, le extraía la energía vital.

La figura central.
Vestía unos tacones de punta de aproximadamente diez centímetros. Caminaba moviendo las caderas hacia los lados con cierto ritmo que le resultaba propio y característico. Su vestido. De color rojo intenso sobre una tela que no producía brillo, con ese vuelo en la falda que se empeñaba en ir al lado contrario hacia el cual el movimiento la empujaba, la hacía lucir voluptuosa. La falda llegaba exactamente a la altura de sus rodillas, dejaba ver el resto de sus bien formadas piernas y delicados tobillos. Fué cuando se acostó sobre un mullido sofá mirando a la platea; dos mujeres, o lo más parecido a eso, ubicadas a sus costados comenzaban a acariciarla. Una mulata y otra rubia. Ambas delgadas con ropaje de seda de color oscuro semitransparente, dejaban entrever sus atributos. Principiaban a hablarle íntimamente, de incitarla, de provocarla, de decirle cuanto la deseaban. Se entregaban de esa manera a un frenesí lujurioso en medio del cual una nueva transformación comenzaba a florecer. Primero cerró sus ojos, luego abrió ligeramente los labios de su boca, carnosos, al rato su lengua asomó tímidamente sobre su canto y su vientre comenzó a contraerse. La doncella iniciaba así su transformación. Nacía el licántropo que llevaba dentro, despedazando a sus amantes del momento. Se saciaba, se alimentaba. En medio del olor a carne a medio digerir comenzaba el show.

El final.
Dentro del anfiteatro los tigres caían sobre los espectadores de la obra alimentándose. El ave revoloteaba por encima de los espectadores. Sus inmensas alas estaban recubiertas por un plumaje grisáceo; poseedora de una monstruosa cabeza parecida a la de una langosta y grandes ojos abiertos que brillaban como tizones. Parecía estar recubierta por algo similar al grueso y rígido pelaje de un jabalí. En su cuerpo, alargado como el de una serpiente, se podía apreciar escamas brillantes que originaban un sonido metálico cuando el extraño animal giraba durante el vuelo. Era un pterodáctilo. Estos seres corrían arremetiendo contra las almas. Se alimentaban de ellas, degustaban, paladeaban.

El show en las afueras.
Los tigres mencionados, cuatro en total, dos por cada escalinata adquirieron vida. Comenzaron a alimentarse de las almas que se encontraban las inmediaciones del Teatro de las Almas Purgantes. El ser alado adquirió vida y abriendo sus alas, comenzó el vuelo. Los guerreros que habían estado como un mural de piedra en las paredes exteriores, arreaban las almas al centro. Llovía, pero sangre.

La escena comenzaba a desdibujarse a medida que esos seres bailaban apretujadas al son de una música sádica. Se originaba un streaptease entre dos almas. Angela cerró sus ojos, luego abrió ligeramente los labios de su boca, carnosos, apetitosos. Al rato su lengua asomó tímidamente sobre su labio y su vientre comenzó a contraerse. Avanzó más, arrimó su boca al cuello de la víctima y la comenzó a besar suavemente hasta que sus labios se encontraron con el lóbulo de la oreja, donde comenzó a mordisquearla, consumirla. La saboreaba lentamente. Las almas se hacinaban a un costado. Pedían más.

En medio de gritos y súplicas, dos guerreros aparecían en escena. Una mujer de escotes exuberantes y un corsé increíble, mucho terciopelo y mangas caídas hasta el infinito, junto con otro guerrero que portaba una larga gabardina, llevaban a rastras un cuerpo encadenado de los tobillos.
Se lo entregaban al Ser de la Oscuridad que había iniciado la obra. Con un grito de ultratumba, este lo desgarraba con las uñas, metiendo su cabeza en los intestinos. Mientras el alma se comenzaba a bambolear, varios que estaban alrededor comenzaron a alimentarse de las sobras del intestino y tripas.



Rubinstein
Guru de las Artes predictivas y mentalistas.
Viajero y guerrero astral. Médico en lo paranormal.