Canción de cuna - Entrevista

Por directivas de la emisora, se opto hacer pública la siguiente audición. Basado en un texto homónimo de una escritora.
Sintonice el dial en la siguiente frecuencia, para ver sus antecedentes: Canción de cuna

Para todos los escribas-escuchas.
La emisora más oriental del charco rioplatense,
con humor basado en un relato de Eshtercita
tiene el agrado de presentarles:



** Canción de cuna **
Una entrevista de Radio Gurí

Miembro de
La Cofradía de las Tres Marías
Reino del más Aquí


No recuerdo demasiado cuando intento acordarme de su cuerpo, la luz estaba apagada, sin embargo recuerdo su olor...a hembra. Me acerqué sigiloso, siempre me gustó el movimiento de los gatos...quise ser su gato y así lo hice.
Coqueteé hasta su cama, la miré con esa mirada silenciosa que llama a gritos
Y esperé a que viniese a mí.


La sala de entrevistas poseía un halo mágico. Las luces hacían intuir un espacio privado donde los claros oscuros estaban presentes por toda el área del Plató principal. Las áreas oscuras generaban un espacio donde no existía nada. Se iluminaba lo que parecía ser: un costado, el plexiglás de la sala de edición; el centro una mesa de caoba labrada con forma de un boomerang y el final, donde estaba Biblioteko sentado en una silla frente a una mesa más pequeña. Un haz de luz iluminaba la cara del Botija, no dejando ver la figura de su cuerpo. Como entrevistada del momento: Adriana.

-Tranquila Adriana es sólo una entrevista- El botija le decía para tranquilizarla, mientras sorbía un zumo de naranja.
Gracias señor locutor.. –decía ella mientras una lágrima brotaba de uno de sus ojos, al tiempo que se limpiaba la misma con un pañuelo labrado. Se hace un silencio en el Plató hasta que el locutor abre la entrevista.

-¿Esta bien ahora, Adriana?
Si, gracias señor locutor.

-Bien podría decir a los escuchas de Radio Gurí ¿qué fue lo que le pasó?
Esta noche había llorado todas las lágrimas. Abrazada a mi osito de peluche, repasando mis días, aquellos, esos..
Me venía arrastrando desde hace, ¿cuanto?, ¿un mes, dos meses? Esperando que los conflictos se resolvieran por sí mismos, o quizás una ayuda mágica, rezando los ruegos sin destinatario en el que creer.

De fondo se escuchaba Murga Cruel de Juan Carlos Cáceres diciendo:

Aquí estamos parados en medio de la vida, sin una fantasía para poder soñar.
Así nos vamos todos juntitos a la mierda y de esta porquería nadie nos va a salvar.
Aquí estamos parados esperando el tranvía, yugando y en la vía y sin consolación.
De qué sirvió ser bueno, honesto y sin reproche, si en medio de esta noche no ves la solución.
Vamonos todos al carajo, cantando esta cruel canción, siempre fue todo un fracaso y así bailando, vamonos todos al cajón.
Aquí estamos varados esperando la carroza, la vida no fue hermosa, es la fatalidad.
Si todo el mundo mete las manos en la lata a vos te falta plata, así es la realidad.
Aquí estamos cansados de tanto despelote y no tener un bote en este diluvión.
Ya no te salva nadie ni Cristo, ni hasta el Buda y eso también se muda se acabó la razón.

-Su padre, Adriana ¿Qué pasó con él?
Mi padre apareció ayer, de improviso, ¡hacía tanto que no nos veíamos! Llovía ya, y entonces él rebuscó en la alacena, encontró un viejo paquete de harina, con gorgojos, pero mi padre no se amilana por tan poco. Tamizó la harina, preparó las tortas fritas, y me llenó el departamento de olor a aceite quemado; pero no me importó, porque el aroma a infancia me rescató el alma durante un rato, precioso rato. Tomamos mate y hablamos de doña Josefina y sus ropas estrafalarias, y del hijo de los del almacén, que se está por recibir de ingeniero, y de la boda de Marina y ese novio que se consiguió por internet, mirá vos, cómo son las cosas ahora. Saqué el viejo álbum de fotos, el de mi infancia, y lo recorrimos, sentados en el sillón, sonriendo con ésta y con la otra. Mi padre desgranó anécdotas de mi madre, de mi abuela, de esas mujeres fuertes que hay en mi historia. Pero yo, casi no las conocí. No le conté nada, por supuesto. El no entendería.

-¿Le resultó difícil, Adriana?
Un poco tenía un nudo en la garganta. No sabía que me quería preguntar, y dicen por ahí que usted es medio sarcástico con un humor hiriente por momentos.

-¿Y usted, ahora ¿qué opina?
El Juancho desde atrás de la Consola de Emisión me hacía gestos “se terminó, se termino”

-Adriana, un momento.
-¿Si?
-¿Y el cristiano?
Una imagen brotaba en el ambiente.
Su imagen reflejada en el espejo fue como un orgasmo para sus ojos. Con esa peluca de rubios caireles, ese negro y escotado vestido y esos zapatos de tacón, en realidad le pareció que tenía frente a él a una mujer, a una hermosa mujer, tal vez la más hermosa que había visto en su vida, aún por arriba de su madre, esa cuarentona con aspecto e ideología de adolescente que conquistaba a cuanto hombre se le cruzaba en el camino. ¡Vaya que Javier estaba linda¡ Su delgada figura y sus facciones en extremo refinadas, cubiertas por ese sensual atuendo robado del clóset de Adriana, como en su poca educación y respeto hacia ella llamaba a su amante, habían sepultado la poca masculinidad que habitaba en él y, al menos por unos segundos, su sueño se cumplió. Al menos por un breve lapso, se pensó y fue una hembra de verdad.

Ha sido todo por hoy en Radio Gurí.

Una audición de Radio Gurí
La emisora más oriental de los pagos rioplatenses.