Sensaciones a flor de piel

No podía dejar de besar esa piel, me daba igual el lugar que ocupaba mi boca, solo quería sentir el contacto con su piel. Llegué a sus pechos, la despojé del sujetador y no pude hacer otra cosa mas que quedarme como tonta mirándola y acariciándola como si se tratara de una muñeca de porcelana, mientras ella solo ponía sus manos sobre las mías y suspiraba con cada roce. No pude aguantar más y, sin prisa pero sin pausa, saboreé sus pezones que me apuntaban desafiantes. Hacía mucho tiempo que no sentía lo agradable que es besar de ese modo a una petaka de un Johnnie Walker etiqueta verde, por la que empiezas a sentir cosas.